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Familia

La Biblia y los niños

Los niños ocupan un lugar muy especial en el corazón de Dios. La Biblia los presenta como un regalo, una herencia y una bendición; los pone como ejemplo de fe; manda a los padres enseñarles el camino del Señor, y lanza algunas de sus advertencias más severas contra quienes les hacen daño. Jesús mismo los tomó en brazos y los bendijo, y reprendió a sus discípulos cuando quisieron impedir que se acercaran a Él. En este artículo vemos lo que la Biblia enseña sobre los niños y lo que significa para las familias, las iglesias y la sociedad.

«Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían a los que los presentaban. Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.»

Marcos 10:13-16

Los hijos son un regalo de Dios

«He aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima el fruto del vientre.»

Salmo 127:3

En el mundo antiguo, como hoy, los niños eran a veces vistos como una carga o como menos valiosos que los adultos. La Biblia, en cambio, afirma que cada niño es un regalo de Dios, formado por Él desde el vientre de su madre (Salmo 139:13-16). Cada niño tiene dignidad y valor eterno, porque ha sido creado a imagen de Dios, independientemente de su origen, su salud o sus capacidades.

Jesús y los niños

En tiempos de Jesús, los niños no tenían un lugar importante en la vida pública. Por eso los discípulos intentaron apartarlos, pensando que el Maestro tenía asuntos más importantes. Pero Jesús se indignó, los llamó, los tomó en sus brazos, puso las manos sobre ellos y los bendijo. Además, cuando los discípulos discutían sobre quién sería el mayor en el reino, Jesús puso a un niño en medio de ellos y dijo: «si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3).

Jesús no enseñó que los niños sean perfectos, sino que su confianza, su humildad y su dependencia son el modelo de la fe. Como un niño confía en su padre, así debemos confiar en Dios.

Niños en la historia bíblica

Dios ha usado a niños de manera sorprendente. Samuel escuchó la voz de Dios siendo niño. David era un muchacho cuando venció a Goliat. Josías comenzó a reinar a los ocho años y llegó a ser uno de los reyes más fieles de Judá (2 Reyes 22:1-2). Una niña israelita, cautiva en Siria, habló a su señora del profeta Eliseo, y así Naamán fue sanado (2 Reyes 5:2-3). Un muchacho entregó sus cinco panes y dos peces, y Jesús alimentó con ellos a una multitud (Juan 6:9). Timoteo conoció las Sagradas Escrituras desde la niñez gracias a su madre y su abuela (2 Timoteo 3:15).

Enseñar a los niños el camino de Dios

La Biblia encarga a los padres, y a toda la comunidad de fe, la responsabilidad de transmitir la fe a los niños:

«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón: Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.»

Deuteronomio 6:6-7

La enseñanza de la fe no ocurre solo en la iglesia, sino en la vida diaria: en la mesa, en el camino, al acostarse y al levantarse. Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Proverbios dice: «Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella» (Proverbios 22:6). El ejemplo de padres que oran, perdonan, leen la Biblia y aman a Dios es la mejor lección.

Disciplina con amor

La Biblia habla de la disciplina como una expresión de amor: el padre que ama a su hijo lo corrige (Proverbios 3:12; Hebreos 12:6). Pero la disciplina bíblica nunca es maltrato. Pablo advierte: «Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4), y también: «no irritéis a vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo» (Colosenses 3:21). La corrección debe ser firme, justa, paciente y siempre acompañada de afecto. La violencia, la humillación y el abandono hieren profundamente a los niños y contradicen el corazón de Dios.

Protección de los niños: una advertencia seria

Jesús pronunció una de sus advertencias más duras precisamente en defensa de los pequeños:

«Y cualquiera que escandalizare a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.»

Mateo 18:6

Dios defiende a los niños. Cualquier forma de abuso, maltrato, explotación o abandono es un pecado grave y, además, un delito. Las familias, las escuelas y las iglesias tienen la responsabilidad de ser lugares seguros. Las iglesias deben contar con normas claras de protección: selección cuidadosa de quienes sirven con niños, nunca dejar a un adulto a solas con un menor, formación de sus líderes y denuncia inmediata ante las autoridades de cualquier sospecha. Ocultar un abuso para «proteger la imagen» de una iglesia es contrario al Evangelio.

Si sabes o sospechas que un niño está en peligro, denuncia. En Colombia puedes comunicarte con la Línea 141 del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) o con la línea de emergencias 123; en otros países, con las autoridades de protección infantil. Si eres un niño o adolescente y alguien te está haciendo daño, cuéntaselo a un adulto de confianza. No es tu culpa, y mereces estar a salvo.

Los huérfanos y los niños vulnerables

La Biblia muestra un cuidado especial por los huérfanos. Dios se presenta como «Padre de huérfanos» (Salmo 68:5), y Santiago afirma que la religión pura consiste en «visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones» (Santiago 1:27). A lo largo de la historia, los cristianos han fundado orfanatos, escuelas y hospitales para niños, y hoy muchas iglesias apoyan la adopción, el acogimiento familiar y programas para niños en pobreza, en situación de calle o víctimas de la guerra.

Los niños y la fe

Los niños pueden conocer a Dios, orar, amar a Jesús y tener una fe sincera. No debemos subestimar su capacidad espiritual. Al mismo tiempo, la fe debe presentarse de manera adecuada a su edad, con amor, alegría y sin miedo. Contarles las historias bíblicas, orar con ellos antes de dormir, cantar juntos y responder con paciencia a sus preguntas son maneras sencillas de sembrar la semilla de la fe.

Consejos para padres y maestros

Ora por y con tus hijos: todos los días. Lee la Biblia en familia: usa Biblias ilustradas o historias adaptadas. Escucha: los niños necesitan sentirse escuchados. Dedica tiempo: la presencia vale más que los regalos. Pide perdón cuando te equivoques: enseñarás humildad. Protege: supervisa el uso de internet y conoce a las personas que están con tus hijos. Celebra: haz de la fe algo alegre.

Niños con discapacidad

Cada niño con discapacidad es plenamente valioso para Dios. Jesús dedicó gran parte de su ministerio a quienes la sociedad dejaba al margen. Las iglesias están llamadas a acoger a estos niños y a sus familias, adaptando sus espacios y actividades para que todos puedan participar y conocer el amor de Dios.

Presentar y consagrar a los niños

José y María presentaron a Jesús en el templo (Lucas 2:22). Hoy, algunas iglesias bautizan a los niños pequeños como signo de la gracia de Dios y de su pertenencia a la comunidad de fe, mientras otras los presentan o dedican a Dios y reservan el bautismo para cuando puedan confesar su fe personalmente. Todas coinciden en el compromiso de los padres y de la iglesia de criarlos en el camino del Señor.

Recuerda que educar a un niño es una tarea compartida: abuelos, padrinos, maestros y miembros de la iglesia pueden ser un gran apoyo para los padres, especialmente para madres y padres que crían solos.

Datos interesantes

Josías, rey a los ocho años: fue uno de los reformadores más importantes de Judá.

El primer milagro de multiplicación en Juan: comenzó con la merienda de un muchacho.

Escuela dominical: nació en Inglaterra en el siglo XVIII, cuando Robert Raikes organizó clases los domingos para enseñar a leer y a conocer la Biblia a niños pobres que trabajaban el resto de la semana.

Oración

Señor Jesús, que tomaste a los niños en tus brazos y los bendijiste, te pido por todos los niños del mundo. Bendice a mis hijos (a los niños de mi familia y mi iglesia). Protégelos de todo mal, del abuso y del abandono. Consuela a los huérfanos, a los niños que sufren guerra, hambre o violencia. Danos a los adultos sabiduría, paciencia y amor para educarlos en tu camino. Haz de nuestras familias e iglesias lugares seguros donde los pequeños puedan conocerte. Amén.