La fe que se hace servicio
Desde sus comienzos, la Iglesia ha entendido que amar a Dios implica amar al prójimo de manera concreta. Jesús sanó a los enfermos, alimentó a las multitudes, tocó a los leprosos y defendió a los despreciados. En la parábola del juicio final, se identificó con los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los presos: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis» (Mateo 25:40). Por eso, en todos los continentes, las iglesias y organizaciones cristianas sirven a millones de personas sin distinción de credo, origen o condición.
«Y si el hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.»
Santiago 2:15-17
Una historia de caridad
La compasión cristiana transformó el mundo antiguo. Los primeros creyentes compartían sus bienes para que no hubiera necesitados entre ellos (Hechos 4:34) y organizaban la ayuda a las viudas (Hechos 6). Durante las epidemias del Imperio romano, muchos cristianos cuidaron a los enfermos que otros abandonaban. En el siglo IV, Basilio de Cesarea fundó un gran complejo de atención a enfermos y pobres, considerado un antecedente de los hospitales. En la Edad Media, los monasterios acogían a peregrinos, huérfanos y enfermos. En los siglos siguientes, creyentes de muchas tradiciones fundaron escuelas, universidades, orfanatos y hospitales, lucharon contra la esclavitud y promovieron reformas sociales. La Cruz Roja, por ejemplo, nació en 1863 por iniciativa de Henry Dunant, un hombre de profunda fe cristiana.
Áreas de servicio de las iglesias hoy
Alimentación: comedores comunitarios, bancos de alimentos, ollas solidarias y programas de nutrición infantil. Salud: hospitales misioneros, clínicas rurales, brigadas médicas, atención a personas con VIH, tuberculosis o enfermedades olvidadas, y acompañamiento a enfermos terminales. Educación: escuelas en zonas pobres, programas de alfabetización, becas y formación profesional. Ayuda humanitaria: respuesta ante terremotos, huracanes, inundaciones y guerras, con agua, refugio, alimentos y atención médica. Migrantes y refugiados: albergues, orientación legal, acompañamiento y apoyo para comenzar de nuevo. Adicciones: centros de rehabilitación y grupos de apoyo. Protección de la infancia: hogares, acogimiento familiar y prevención del abuso y la explotación. Justicia y dignidad: lucha contra la trata de personas, defensa de los derechos humanos y acompañamiento a víctimas. Reconciliación: mediación en conflictos y procesos de paz. Cuidado de la creación: proyectos de agua limpia, reforestación y agricultura sostenible.
Algunas organizaciones cristianas de alcance mundial
Entre muchas otras, trabajan en el ámbito humanitario Cáritas Internacional (red de la Iglesia católica presente en más de 160 países), Catholic Relief Services, Ayuda de la Iglesia Noruega, Samaritan’s Purse, World Vision, Compassion International, World Relief, Tearfund, ACT Alliance (red de iglesias protestantes y ortodoxas) y los programas de bienestar de diversas denominaciones. En el ámbito de la Biblia, las Sociedades Bíblicas Unidas y Wycliffe trabajan para que cada pueblo tenga las Escrituras en su lengua. Muchas de estas organizaciones colaboran con iglesias locales, que conocen de cerca las necesidades de su comunidad. Puedes leer ejemplos recientes en nuestra sección de Buenas noticias.
La iglesia local: el primer lugar de servicio
Más allá de las grandes organizaciones, la mayor parte del servicio cristiano ocurre en la iglesia de barrio: la señora que lleva comida a un vecino enfermo, el grupo de jóvenes que pinta la casa de una anciana, el pastor que acompaña a una familia en duelo, la congregación que abre sus puertas como albergue en una emergencia. En Colombia y en toda América Latina, parroquias y congregaciones evangélicas sostienen comedores, acompañan a víctimas del conflicto, apoyan a migrantes y ofrecen espacios seguros para niños y jóvenes. Cada acto de amor, por pequeño que parezca, refleja a Cristo.
Servir sin distinción
La ayuda cristiana auténtica no condiciona el servicio a la conversión. Jesús sanó a los diez leprosos aunque solo uno volvió a darle gracias (Lucas 17:11-19). Las organizaciones cristianas responsables atienden a todas las personas por igual, respetan su dignidad y su libertad, y a la vez no ocultan la fe que las motiva. El Evangelio se anuncia con palabras y con obras, y el amor gratuito es en sí mismo un testimonio.
«¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne?»
Isaías 58:6-7
Cómo puedes participar
Ora por quienes sufren y por quienes sirven. Sirve en tu iglesia local: pregunta qué ministerios de ayuda existen y ofrece tu tiempo y tus talentos. Da con generosidad a organizaciones serias y transparentes; infórmate sobre cómo usan los recursos. Sé voluntario en un comedor, un hospital, un albergue o un programa escolar. Abre tu casa a quien necesita compañía o un plato de comida. Usa tu profesión: médicos, abogados, docentes, ingenieros y artesanos pueden prestar un gran servicio. Comparte historias que inspiren a otros; puedes enviarnos la labor de tu iglesia desde Contacto.
El servicio que transforma al que sirve
Servir no solo bendice al que recibe, sino que transforma al que da. Jesús dijo: «Más bienaventurada cosa es dar que recibir» (Hechos 20:35). Muchos creyentes testifican que encontraron a Cristo de manera nueva en el rostro del pobre, del enfermo o del migrante. El servicio nos libra del egoísmo, nos hace agradecidos y nos enseña a ver a cada persona como alguien creado a imagen de Dios.
Oración por las iglesias que sirven
Señor Jesús, que viniste a servir y no a ser servido, bendice a las iglesias y organizaciones que alimentan, sanan, enseñan y acompañan en tu nombre. Fortalece a los voluntarios, provee los recursos necesarios y protege a quienes trabajan en lugares de peligro. Abre mis ojos para ver a mi prójimo y mis manos para servirle. Que el mundo vea tu amor en nuestras obras. Amén.
Servir con transparencia y dignidad
El servicio cristiano debe hacerse con excelencia y honestidad. Pablo organizó una colecta para los pobres de Jerusalén y cuidó que todo se hiciera con transparencia, «procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, mas aun delante de los hombres» (2 Corintios 8:21). Hoy eso significa rendir cuentas del uso de los recursos, proteger la privacidad y la dignidad de las personas atendidas, evitar fotos o relatos que las humillen, y trabajar junto con las comunidades, no solo para ellas. La mejor ayuda es la que fortalece a las personas para que puedan salir adelante por sí mismas.
Desafíos actuales
Las iglesias enfrentan hoy grandes desafíos: el aumento de desplazados por guerras y por el clima, que supera los cien millones de personas en el mundo según las Naciones Unidas; la persistencia del hambre en muchas regiones; la soledad de los ancianos en las ciudades; las adicciones; y la violencia contra mujeres y niños. Ante estas realidades, la colaboración entre iglesias de distintas tradiciones, organizaciones y autoridades es cada vez más necesaria. Cuando los cristianos sirven juntos, dan un testimonio más poderoso de la unidad que Cristo pidió al Padre.
Historias que inspiran
Algunos ejemplos muestran el alcance del servicio cristiano. En la India, Amy Carmichael rescató a cientos de niñas de la explotación en los templos a comienzos del siglo XX. En Calcuta, la Madre Teresa y las Misioneras de la Caridad cuidaron a moribundos abandonados en las calles. En Estados Unidos, el pastor Martin Luther King Jr. lideró desde la fe la lucha por los derechos civiles. En Sudáfrica, el arzobispo Desmond Tutu presidió la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Y en innumerables pueblos y barrios del mundo, creyentes anónimos siguen sirviendo cada día sin buscar reconocimiento. Sus vidas recuerdan que la fe verdadera se demuestra en el amor.
Si tu iglesia tiene un ministerio de servicio que quieras compartir, escríbenos: nos encantará contar su historia aquí y animar a otros a seguir su ejemplo. Cada comunidad de fe, grande o pequeña, puede ser una luz en su barrio y en su ciudad cuando se deja guiar por el amor de Cristo.
Recuerda también que servir empieza por mirar alrededor: quizá el prójimo que necesita ayuda vive en tu misma calle.