El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento
El Espíritu no aparece por primera vez en Pentecostés. Ya en el segundo versículo de la Biblia «el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas» (Génesis 1:2). En el Antiguo Testamento, el Espíritu capacitó a artesanos como Bezaleel para construir el tabernáculo (Éxodo 31:3), vino sobre jueces como Gedeón y Sansón, reposó sobre David desde el día de su unción y habló por medio de los profetas. Sin embargo, su presencia solía ser temporal y sobre personas escogidas para una misión. Por eso los profetas anunciaron un tiempo nuevo: «Y será que después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne» (Joel 2:28), y Ezequiel prometió: «pondré dentro de vosotros mi espíritu» (Ezequiel 36:27). Pentecostés es el cumplimiento de esas promesas.
Nombres y títulos del Espíritu
La Biblia llama al Espíritu de muchas maneras que revelan su obra. Consolador o Paráclito, que significa «el que es llamado al lado» para ayudar, defender y animar (Juan 14:16). Espíritu de verdad, porque guía a toda la verdad (Juan 16:13). Espíritu de vida, porque da vida nueva (Romanos 8:2). Espíritu de adopción, por quien clamamos «¡Abba, Padre!» (Romanos 8:15). Espíritu de gracia (Hebreos 10:29), Espíritu de sabiduría y de revelación (Efesios 1:17) y Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).
Los dones del Espíritu
Además del fruto, que es el carácter de Cristo formado en nosotros, el Espíritu reparte dones para servir a la Iglesia. Pablo menciona, entre otros, palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas (1 Corintios 12:8-10), y también servicio, enseñanza, exhortación, generosidad, liderazgo y misericordia (Romanos 12:6-8). Todos los dones tienen un mismo propósito: «para provecho» de todos (1 Corintios 12:7), y todos deben ejercerse con amor (1 Corintios 13). Profundiza en Los dones del Espíritu Santo y en Los dones espirituales.
Distintas comprensiones entre las iglesias
Todos los cristianos confiesan al Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad, «Señor y dador de vida», según el Credo Niceno-Constantinopolitano del año 381. Hay diferencias en algunos aspectos. Las iglesias pentecostales y carismáticas subrayan el bautismo en el Espíritu como una experiencia de poder, a menudo acompañada del hablar en lenguas, y la vigencia de todos los dones. Otras tradiciones evangélicas entienden que el creyente recibe el Espíritu al creer y enfatizan el ser llenos de Él continuamente. Las iglesias católica y ortodoxa relacionan de manera especial el don del Espíritu con los sacramentos, como el bautismo y la confirmación o crismación. Más allá de estas diferencias, todas afirman que sin el Espíritu no hay vida cristiana.
No contristar ni apagar al Espíritu
Pablo advierte: «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios» (Efesios 4:30), en un contexto que habla de mentira, ira, amargura y palabras corrompidas. Y también: «No apaguéis el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5:19). El Espíritu es una persona que puede ser entristecida. Vivir en su plenitud implica sensibilidad a su voz, confesión rápida del pecado, obediencia y apertura a su obra.
Preguntas frecuentes
¿El Espíritu Santo es una fuerza o una persona? La Biblia lo presenta como persona: enseña, habla, intercede, se entristece y reparte dones según su voluntad. ¿Cómo sé si tengo el Espíritu? Pablo afirma que todo el que es de Cristo tiene su Espíritu (Romanos 8:9) y que el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). ¿Puedo pedir ser lleno del Espíritu? Sí. Jesús prometió: «¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él?» (Lucas 11:13).
Desde el siglo IX, la Iglesia canta el antiguo himno Veni Creator Spiritus, «Ven, Espíritu Creador», pidiendo su presencia. Puedes hacer tuya esa oración: «Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor».