AmenSoli Deo Gloria · Toda la gloria a Dios
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Episodio 1 de 34

La creación del mundo

Pasaje
Génesis 1:1–2:3
Protagonistas
Dios Creador
Lugar
El universo; Edén
Época
Los orígenes

Toda gran historia tiene un comienzo, y la historia más grande jamás contada comienza con cuatro palabras que han resonado durante milenios: «En el principio creó Dios». Con este episodio iniciamos una serie que recorrerá la Biblia desde la creación del mundo hasta la llegada de Jesucristo, deteniéndonos en cada profeta, patriarca, juez, rey y escogido de Dios. Veremos los lugares donde ocurrieron los hechos, datos sorprendentes y, sobre todo, cómo cada historia prepara el camino para el Salvador.

Antes de hablar de Adán, de Noé o de Abraham, necesitamos mirar el escenario donde todo sucede: un universo creado por un Dios sabio, poderoso y bueno.

«En el principio crió Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz.»

Génesis 1:1-3

«En el principio»: antes de todo, Dios

La Biblia no comienza tratando de demostrar la existencia de Dios; simplemente la afirma. Antes del tiempo, del espacio y de la materia, Dios ya existía. El primer libro de la Biblia se llama en hebreo Bereshit, que significa precisamente «En el principio». Esta frase nos dice que el universo no es eterno ni surgió por sí solo: tiene un origen, y ese origen es una persona.

El verbo hebreo usado para «crear» es bará. Es un verbo muy especial: en el Antiguo Testamento siempre tiene a Dios como sujeto. Los seres humanos pueden hacer, formar o construir, pero solo Dios crea en este sentido pleno, llamando a la existencia lo que no existía. Hebreos lo explica así: «Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía» (Hebreos 11:3).

La tierra desordenada y el Espíritu sobre las aguas

El segundo versículo describe una tierra «desordenada y vacía», cubierta de tinieblas, y añade un detalle precioso: «el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas». Desde la primera página, la Biblia nos muestra al Espíritu Santo actuando, como un ave que aletea sobre su nido. Luego Dios habla, y su Palabra trae orden y vida.

El relato sigue un patrón hermoso. En los tres primeros días Dios separa y forma los espacios: la luz y las tinieblas, las aguas de arriba y las de abajo, el mar y la tierra seca. En los tres días siguientes llena esos espacios: el sol, la luna y las estrellas; las aves y los peces; los animales terrestres y el ser humano. Lo que estaba desordenado recibe forma, y lo que estaba vacío recibe plenitud.

Los seis días de la creación

Día 1 — La luz. «Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz». Dios separa la luz de las tinieblas y llama a la luz día y a las tinieblas noche. Es notable que la luz aparece antes que el sol, que será creado el cuarto día. Muchos lectores ven en esto un mensaje: la fuente última de la luz no es el sol, sino Dios mismo. Al final de la Biblia, en la nueva Jerusalén, no habrá necesidad de sol, porque la gloria de Dios la iluminará (Apocalipsis 21:23).

Día 2 — El firmamento. Dios hace una expansión que separa las aguas de arriba de las de abajo, y la llama cielos.

Día 3 — La tierra seca y las plantas. Las aguas se juntan en un lugar, aparece la tierra seca y Dios manda que produzca hierba, plantas que den semilla y árboles que den fruto, cada uno «según su género».

Día 4 — El sol, la luna y las estrellas. Dios pone lumbreras en el cielo para señalar las estaciones, los días y los años. En una época en que muchos pueblos adoraban al sol y a la luna como dioses, el Génesis los presenta simplemente como lámparas creadas y puestas al servicio de la creación. El texto ni siquiera los nombra; los llama «la lumbrera mayor» y «la lumbrera menor», y añade casi de paso: «hizo también las estrellas».

Día 5 — Peces y aves. Las aguas se llenan de seres vivientes y el cielo de aves. Por primera vez Dios bendice a sus criaturas: «Fructificad y multiplicad».

Día 6 — Los animales y el ser humano. La tierra produce ganado, reptiles y bestias. Y entonces llega el momento culminante del relato.

A imagen de Dios

«Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra. Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió.»

Génesis 1:26-27

Aquí el lenguaje cambia. Dios no dice «produzca la tierra», sino «hagamos». Muchos cristianos, desde la Iglesia antigua, han visto en este plural un primer indicio de la Trinidad, que se revelará con claridad en el Nuevo Testamento. El ser humano es creado «a imagen» y «semejanza» de Dios. En el mundo antiguo, los reyes colocaban estatuas con su imagen en los territorios que gobernaban para mostrar su autoridad. Dios, en cambio, pone su imagen viva en cada hombre y cada mujer, y les encarga cuidar y administrar la creación.

Esta verdad es la base de la dignidad humana. Todo ser humano, de cualquier raza, nación, edad o condición, refleja algo de Dios y tiene un valor que nadie puede quitarle. El texto subraya además que «varón y hembra los creó»: hombre y mujer, con igual dignidad, juntos reflejan la imagen de su Creador.

«Bueno en gran manera»

A lo largo del capítulo se repite un estribillo: «y vio Dios que era bueno». Aparece siete veces, y la última vez con un énfasis especial: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). La creación no es mala ni despreciable. La materia, el cuerpo, la naturaleza y la vida son buenos porque salieron de las manos de Dios. El mal que conocemos no forma parte del diseño original; entrará después, como veremos en el próximo episodio.

El séptimo día: el descanso de Dios

«Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho.»

Génesis 2:2-3

Dios no descansó porque estuviera cansado; el profeta Isaías dice que el Creador no desfallece ni se fatiga (Isaías 40:28). Descansó en el sentido de que terminó su obra y se deleitó en ella. Al bendecir el séptimo día, estableció un ritmo para la humanidad: trabajo y descanso, actividad y adoración. De aquí nace el día de reposo de Israel y, para los cristianos, el domingo como día del Señor, en memoria de la resurrección de Cristo, que inaugura la nueva creación.

Dos relatos que se complementan

Génesis 1 presenta la creación como una gran visión panorámica, ordenada en días. Génesis 2 vuelve a contar el origen del ser humano con un acercamiento más íntimo: Dios forma al hombre del polvo de la tierra, sopla en su nariz aliento de vida y planta un huerto en Edén. El primer relato muestra la grandeza de Dios; el segundo, su cercanía. Ambos son necesarios para conocer al Creador.

¿Cómo entender los días de la creación?

Los cristianos han leído el relato de la creación de distintas maneras. Algunos entienden los seis días como días literales de veinticuatro horas. Otros ven cada día como una era o un período prolongado. Otros consideran que el texto usa una estructura literaria de siete días para comunicar verdades teológicas, sin pretender describir la cronología científica. Estas diferencias existen entre creyentes que aman la Biblia. Lo que todos afirman es lo esencial: Dios es el Creador de todo, la creación es buena, el ser humano lleva su imagen y todo existe para su gloria.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Tigris y Éufrates (Génesis 2:14), Ur, BabiloniaBabiloniaTigris y Éufrates (Génesis 2:14)Ur100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

El universo entero: los cielos y la tierra son el escenario del primer capítulo.

Edén: la palabra hebrea evoca deleite. Génesis 2:8 dice que Dios plantó un huerto «en Edén al oriente».

Los cuatro ríos: un río salía de Edén y se repartía en cuatro: Pisón, Gihón, Hiddekel y Éufrates (Génesis 2:10-14). El Hiddekel se identifica con el río Tigris. El Tigris y el Éufrates existen hoy y atraviesan Turquía, Siria e Irak, en la región de Mesopotamia, que significa «entre ríos». Por eso muchos sitúan Edén en esa zona, aunque su ubicación exacta sigue siendo un misterio.

Havila y Cus: tierras mencionadas junto a los ríos, conocidas por su oro, bedelio y ónice.

Datos interesantes

Siete palabras: en hebreo, Génesis 1:1 tiene exactamente siete palabras, y el número siete marca todo el relato: siete días, y la expresión «era bueno» siete veces.

Un verbo exclusivo: el verbo bará («crear») solo tiene a Dios como sujeto en la Biblia hebrea.

Juan 1 y Génesis 1: el Evangelio de Juan comienza con las mismas palabras, «En el principio», y revela que el Verbo, Jesucristo, estaba con Dios y por él fueron hechas todas las cosas.

Toda la Trinidad presente: el Padre que crea, el Espíritu que se mueve sobre las aguas y la Palabra por la cual todo fue hecho.

Un mensaje contra la idolatría: el sol, la luna, los mares y los animales, que muchos pueblos antiguos adoraban, aparecen como criaturas al servicio de Dios.

El principio y el fin: la Biblia empieza con un huerto y un árbol de la vida (Génesis 2:9) y termina con una ciudad donde está el árbol de la vida y un río de agua viva (Apocalipsis 22:1-2).

La creación canta la gloria de Dios

La Biblia vuelve una y otra vez al tema de la creación. El Salmo 104 es un himno entero a la obra del Creador. En el libro de Job, Dios pregunta: «¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?» (Job 38:4). Isaías invita a levantar los ojos y mirar quién creó las estrellas y las llama a todas por su nombre (Isaías 40:26). Y Pablo afirma que las cosas invisibles de Dios se hacen claramente visibles por medio de las cosas hechas (Romanos 1:20).

«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos.»

Salmo 19:1

Lo que la creación nos enseña hoy

No somos un accidente: fuimos queridos y pensados por Dios. La vida tiene valor: cada persona lleva la imagen de Dios. Somos administradores: estamos llamados a cuidar la tierra, no a destruirla. Necesitamos descanso: el ritmo de trabajo y reposo es parte del diseño divino. Dios es digno de adoración: la belleza del mundo nos invita a alabar a su Autor.

Camino a Jesús

Esta serie terminará en Jesucristo, y la creación ya apunta hacia Él. Pablo dice que en Cristo «fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra» y que «todas las cosas en él subsisten» (Colosenses 1:16-17). El mismo que creó el mundo vendría a él como un niño en Belén, y por su resurrección comenzaría una nueva creación: «si alguno está en Cristo, nueva criatura es» (2 Corintios 5:17).

En el próximo episodio conoceremos a los primeros seres humanos, Adán y Eva, su vida en el huerto de Edén, la tentación, la caída y la primera promesa de salvación de toda la Biblia.

Oración

Dios Creador, tú hiciste los cielos y la tierra con tu Palabra. Gracias por la belleza del mundo y por haberme creado a tu imagen. Ayúdame a cuidar tu creación, a descansar en ti y a vivir para tu gloria. Por Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas. Amén.