Aleluya: significado y poder de la alabanza
Aleluya es probablemente la palabra de alabanza más conocida del mundo. Se canta en iglesias de todas las tradiciones, aparece en himnos, en coros de gospel, en la liturgia de Pascua y hasta en canciones populares. El famoso «Coro Aleluya» del oratorio El Mesías de Händel se interpreta cada año en todo el mundo, y es tradición ponerse de pie al escucharlo. Pero ¿qué significa realmente Aleluya? ¿De dónde viene y cómo debemos usarla? En este artículo explicamos su origen bíblico, su significado y su poder para la vida de fe.
«Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.»
Salmo 150:6
El significado: «¡Alabad a Jah!»
Aleluya viene del hebreo hallelu-Yah. Está formada por dos partes. Hallelu es el imperativo plural del verbo halal, que significa alabar, celebrar, gloriarse, incluso con la idea de brillar o hacer resplandecer. Yah es la forma abreviada del nombre sagrado de Dios, YHWH, que en las Biblias en español suele traducirse como Jehová, Yahvé o el Señor. Por eso Aleluya significa literalmente «¡Alabad a Jah!» o «¡Alabad al Señor!».
Es importante notar que se trata de una invitación dirigida a otros. No dice solamente «yo alabo», sino «alabad todos». Quien dice Aleluya se convierte en alguien que convoca a la comunidad a la adoración. Por eso la palabra es tan apropiada para el culto comunitario: es un llamado colectivo a glorificar a Dios.
La Reina-Valera 1909 conserva en varios salmos la forma «Alabad a JAH», precisamente para reflejar el nombre divino abreviado.
Aleluya en los Salmos
En el Antiguo Testamento, la expresión hallelu-Yah aparece solo en el libro de los Salmos, unas veinticuatro veces. Muchos salmos comienzan y terminan con ella, como marcos de alabanza. Los estudiosos han identificado grupos de salmos llamados «salmos del Aleluya», especialmente los Salmos 111 al 118 y 146 al 150.
Los últimos cinco salmos del libro (146 al 150) comienzan y terminan con Aleluya. Es como si todo el libro de los Salmos, que recorre lágrimas, lamentos, preguntas, confesiones y victorias, desembocara finalmente en una explosión de alabanza. El Salmo 150, el último, invita a alabar a Dios en su santuario y en su firmamento, con trompeta, salterio, arpa, pandero, danza, cuerdas, flautas y címbalos, y concluye: «Todo lo que respira alabe a Jah. Aleluya».
«Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida: cantaré salmos a mi Dios mientras viviere.»
Salmo 146:1-2
El Hallel de la Pascua
Los Salmos 113 al 118 forman el llamado Hallel egipcio, que el pueblo judío cantaba en las grandes fiestas, y especialmente en la cena de la Pascua, recordando la liberación de Egipto. El Salmo 113 comienza: «Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová».
Esto tiene una implicación hermosa para los cristianos. Mateo y Marcos relatan que, al terminar la última cena, Jesús y sus discípulos «habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas» (Mateo 26:30). Muchos estudiosos piensan que ese himno era la parte final del Hallel, los Salmos 115 al 118. Es decir, camino a Getsemaní y a la cruz, Jesús cantó salmos de Aleluya.
Aleluya en el Nuevo Testamento: el Apocalipsis
Sorprendentemente, en el Nuevo Testamento la palabra Aleluya aparece en un solo capítulo: Apocalipsis 19, donde se repite cuatro veces. Juan oyó en el cielo la voz de una gran multitud que celebraba la victoria de Dios sobre el mal y las bodas del Cordero:
«Y oí como la voz de una grande compañía, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado.»
Apocalipsis 19:6-7
Es significativo que la palabra que cierra los Salmos sea también la que resuena en la visión final de la historia. El Aleluya de Israel en el templo se convierte en el Aleluya del cielo ante el trono. La alabanza de la Iglesia en la tierra es un anticipo de la alabanza eterna.
Aleluya y Hosanna: ¿cuál es la diferencia?
A veces se confunden estas dos palabras hebreas. Hosanna significa «¡salva, te ruego!»: es un clamor que pide salvación y que también se convirtió en aclamación. Aleluya significa «¡alabad al Señor!»: es una invitación a la alabanza por lo que Dios es y por lo que ha hecho. Podríamos decir que Hosanna mira hacia la salvación que necesitamos, y Aleluya celebra la salvación recibida. Puedes leer nuestro artículo sobre Hosanna.
El Aleluya en la historia de la Iglesia
Desde los primeros siglos, los cristianos adoptaron el Aleluya en su culto, sin traducirlo, como hicieron con Amén y Hosanna. En la tradición litúrgica, el Aleluya está especialmente unido a la resurrección de Cristo. En la Iglesia católica y en otras tradiciones, se canta antes de la lectura del Evangelio, y durante la Cuaresma se omite, para volver a proclamarlo con gozo en la Vigilia Pascual. En las iglesias ortodoxas, el Aleluya forma parte constante de la liturgia.
San Agustín, en el siglo IV, predicaba que la vida cristiana en la tierra es un tiempo en el que cantamos Aleluya como peregrinos, sostenidos por la esperanza, mientras que en el cielo lo cantaremos en plena posesión. En uno de sus sermones animaba a cantar Aleluya y seguir caminando.
En la música, el Aleluya ha inspirado innumerables obras. El más conocido es el «Coro Aleluya» de El Mesías, compuesto por Georg Friedrich Händel en 1741, basado en textos del Apocalipsis. Según una tradición muy difundida, el rey Jorge II de Inglaterra se puso de pie al escucharlo, y desde entonces el público suele levantarse durante su interpretación, aunque los historiadores discuten si ese episodio realmente ocurrió.
Alabar a Dios: más que una palabra
Decir Aleluya no es simplemente pronunciar una palabra religiosa. En la Biblia, la alabanza es una respuesta de todo el ser a la grandeza de Dios. Los salmistas alaban a Dios por su creación, por su fidelidad, por su misericordia, por su justicia y por sus obras de salvación. Alabar es reconocer quién es Dios y darle la gloria que merece.
La Biblia muestra que la alabanza no depende de las circunstancias. Job, después de perderlo todo, dijo: «Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito» (Job 1:21). Pablo y Silas, azotados y encarcelados en Filipos, cantaban himnos a Dios a medianoche (Hechos 16:25). Habacuc declaró que aunque la higuera no floreciera y faltaran los frutos, él se alegraría en Jehová (Habacuc 3:17-18). El Aleluya más poderoso a veces se canta en medio de las lágrimas.
«Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza será siempre en mi boca.»
Salmo 34:1
Un uso respetuoso
Como toda palabra sagrada, Aleluya merece ser usada con reverencia. En algunos contextos se ha convertido en una simple exclamación o en una muletilla. La Biblia nos invita a no tomar el nombre de Dios en vano. Cuando decimos Aleluya, estamos invocando el nombre de Jah; por eso vale la pena decirlo con conciencia, gratitud y fe.
Aleluya en la vida diaria de los creyentes
En muchas culturas cristianas, especialmente en América Latina y África, el Aleluya forma parte del lenguaje cotidiano de la fe: se dice al recibir una buena noticia, al ver una oración respondida o al reunirse para el culto. Bien entendido, es un recordatorio constante de que todo lo bueno viene de Dios y de que Él merece la gloria en cada momento.
Datos interesantes
Una palabra universal: Aleluya, junto con Amén, es una de las palabras más reconocibles en casi todos los idiomas del mundo.
Solo en Salmos y Apocalipsis: en la Biblia, la expresión aparece en los Salmos y, en el Nuevo Testamento, únicamente en Apocalipsis 19.
Los cinco salmos finales: los Salmos 146 al 150 comienzan y terminan con Aleluya.
Jesús cantó el Hallel: según la costumbre de la Pascua, el himno que cantaron al salir del aposento alto probablemente incluía los salmos de Aleluya.
Silencio en Cuaresma: muchas iglesias dejan de cantar el Aleluya durante la Cuaresma y lo retoman con gozo en Pascua.
«Halal»: la raíz hebrea de alabar también se asocia con brillar o resplandecer: alabar a Dios es hacer brillar su gloria.
Cómo vivir una vida de Aleluya
Alaba cada mañana: comienza el día recordando un motivo concreto para alabar a Dios. Canta los Salmos: lee en voz alta un salmo de Aleluya, como el 103, el 146 o el 150; puedes encontrarlos completos en nuestra sección de Salmos. Alaba en comunidad: el Aleluya es plural; se vive mejor con otros. Alaba en la prueba: la alabanza fortalece la fe cuando no entendemos lo que sucede. Alaba con tu vida: la obediencia, la generosidad y el amor también glorifican a Dios. Espera el gran Aleluya: vive con la esperanza del día en que toda la creación alabará al Señor.
Oración
Señor, ¡Aleluya! Te alabo porque eres grande, bueno y fiel. Te alabo por la creación, por tu Palabra, por tu misericordia y, sobre todo, por Jesucristo, que murió y resucitó para darme vida. Enséñame a alabarte en los días de alegría y en los días de lágrimas. Pon en mi boca un cántico nuevo y úsame para invitar a otros a alabarte. Que todo lo que respira alabe al Señor. Aleluya. Amén.