Los pecados que Dios condena según la Biblia
Hablar de pecado no está de moda. Muchos prefieren pensar que no existen el bien y el mal absolutos, o que cada uno decide lo que es correcto. Sin embargo, la Biblia habla con claridad de conductas que Dios condena, no porque quiera limitar nuestra felicidad, sino porque esas conductas destruyen al ser humano, dañan a los demás y nos separan de Él. En este artículo presentamos, con respeto y equilibrio, lo que la Biblia enseña sobre el pecado, las principales listas de pecados que aparecen en las Escrituras y, sobre todo, la buena noticia del perdón en Cristo.
«Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.»
Romanos 6:23
¿Qué es el pecado?
En la Biblia, el pecado no es solo romper una regla. La palabra hebrea jatá y la griega hamartía significan «errar el blanco», como una flecha que no alcanza su objetivo. Pecar es no vivir conforme al propósito para el cual Dios nos creó: amarlo a Él con todo el corazón y amar al prójimo como a nosotros mismos. Juan lo define también como «transgresión de la ley» (1 Juan 3:4) y Santiago añade que pecar es también saber hacer lo bueno y no hacerlo (Santiago 4:17).
El pecado incluye acciones, palabras, pensamientos, actitudes y omisiones. Jesús enseñó que el odio en el corazón está emparentado con el homicidio, y la mirada codiciosa con el adulterio (Mateo 5:21-28). Dios mira el corazón.
¿Por qué Dios condena el pecado?
Dios condena el pecado porque es santo y porque nos ama. Así como un padre prohíbe a su hijo jugar con fuego no para amargarle la vida sino para protegerlo, Dios nos advierte de lo que nos destruye. El pecado rompe nuestra relación con Dios, daña a otras personas, esclaviza y trae consecuencias dolorosas. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Sin embargo, el mismo versículo termina con la mejor noticia: «mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».
Los Diez Mandamientos
La base de la ética bíblica son los Diez Mandamientos (Éxodo 20). Los primeros tratan de nuestra relación con Dios: no tener otros dioses, no hacer ídolos, no tomar su nombre en vano y santificar el día de reposo. Los siguientes tratan de nuestra relación con el prójimo: honrar a padre y madre, no matar, no cometer adulterio, no hurtar, no dar falso testimonio y no codiciar. Jesús los resumió en dos mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo (Mateo 22:37-40).
Seis cosas que aborrece Jehová
El libro de Proverbios contiene una lista especialmente conocida:
«Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, y el que enciende rencillas entre los hermanos.»
Proverbios 6:16-19
Es interesante que la lista comience con el orgullo («los ojos altivos») y termine con sembrar discordia entre hermanos. Dios no solo condena los grandes crímenes, sino también la arrogancia, la mentira y la división.
Las obras de la carne
En la carta a los Gálatas, Pablo contrasta las obras de la carne con el fruto del Espíritu:
«Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios.»
Gálatas 5:19-21
La lista incluye pecados sexuales, espirituales (idolatría y hechicerías), relacionales (enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, envidias) y de desenfreno (borracheras y banquetes descontrolados). Llama la atención que la mayoría de los pecados mencionados tienen que ver con las relaciones: la envidia, la ira y la división son tan graves a los ojos de Dios como otros pecados más visibles.
Otras listas del Nuevo Testamento
En 1 Corintios 6:9-10, Pablo menciona a quienes practican la injusticia, la inmoralidad sexual, la idolatría, el adulterio, el robo, la avaricia, la embriaguez, la maledicencia y la estafa, además de otras prácticas sexuales contrarias al diseño de Dios según la Escritura, y afirma que quienes persisten en ellas no heredarán el reino de Dios. Pero el versículo siguiente es clave: «Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús» (1 Corintios 6:11).
En Romanos 1:29-31 aparecen la injusticia, la maldad, la avaricia, la envidia, el homicidio, las contiendas, el engaño, la murmuración, la soberbia, la desobediencia a los padres y la falta de misericordia. En 2 Timoteo 3:2-5 se describen personas amadoras de sí mismas, avaras, vanagloriosas, ingratas, sin afecto natural, calumniadoras y amadoras de los deleites más que de Dios. Y en Apocalipsis 21:8 se mencionan también los cobardes, los incrédulos y los mentirosos.
Pecados que a menudo olvidamos
Es fácil señalar los pecados de otros y olvidar los propios. La Biblia condena con igual fuerza el orgullo religioso, la hipocresía, la murmuración, la avaricia, la indiferencia ante el pobre y la falta de perdón. Jesús reservó sus palabras más duras para los líderes religiosos que imponían cargas pesadas y descuidaban «lo más grave de la ley: el juicio y la misericordia y la fe» (Mateo 23:23). Los profetas denunciaron la injusticia contra el pobre, el extranjero, la viuda y el huérfano.
¿Hay pecados más graves que otros?
Todo pecado nos separa de Dios y necesita su perdón. Al mismo tiempo, la Biblia reconoce diferencias en la gravedad y en las consecuencias: no es lo mismo una palabra impaciente que un asesinato. Jesús habló de «mayor pecado» (Juan 19:11), y la ley de Moisés distinguía entre pecados por ignorancia y pecados deliberados. Algunas tradiciones cristianas distinguen entre pecados veniales y mortales; otras prefieren subrayar que todo pecado es grave ante un Dios santo. Todas coinciden en que ningún pecado queda fuera del alcance de la gracia para quien se arrepiente.
Condenar el pecado, amar al pecador
La Biblia nunca usa estas listas para que los creyentes se sientan superiores o para que desprecien a otros. Jesús fue santo y, al mismo tiempo, amigo de pecadores. Pablo escribió: «No juzguéis antes de tiempo» (1 Corintios 4:5) y nos recordó que nosotros mismos éramos también en otro tiempo insensatos y rebeldes (Tito 3:3). La actitud cristiana ante el pecado ajeno es la humildad, la oración, la verdad dicha con amor y la invitación a la gracia, nunca el odio, la burla o la violencia.
La buena noticia: perdón y libertad
Hablar del pecado sin hablar de la gracia sería dejar el mensaje a medias. Jesucristo vino a salvar a los pecadores. En la cruz cargó con nuestras culpas, y por su resurrección nos da vida nueva. Quien se arrepiente y cree recibe perdón completo: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad» (1 Juan 1:9).
Además, el Espíritu Santo nos da poder para vencer el pecado día a día. No se trata de ser perfectos de inmediato, sino de caminar en una dirección nueva, levantándonos cuando caemos y confiando en la gracia de Dios. Puedes leer nuestro artículo Soy pecador: ¿seré aceptado por Dios?
El pecado y la conciencia
Pablo enseña que Dios escribió su ley en el corazón humano, y que la conciencia da testimonio, acusando o defendiendo nuestros actos (Romanos 2:14-15). Por eso, aun personas que nunca han leído la Biblia saben que mentir, robar o traicionar está mal. Sin embargo, la conciencia puede endurecerse con el tiempo si se ignora una y otra vez. Escuchar la voz de la conciencia, iluminada por la Palabra de Dios, es una gran protección.
Cómo vencer el pecado
Reconócelo sin excusas: llamar al pecado por su nombre es el primer paso. Huye de la tentación: José huyó de la casa de Potifar; a veces la mejor estrategia es alejarse. Llénate de la Palabra: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Salmo 119:11). Busca compañía: confesar nuestras luchas a un hermano maduro nos fortalece (Santiago 5:16). Depende del Espíritu: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne» (Gálatas 5:16).
Datos interesantes
Errar el blanco: tanto la palabra hebrea como la griega para pecado tienen el sentido de no alcanzar la meta.
Los siete pecados capitales: la tradición cristiana medieval, a partir de autores como Evagrio y Gregorio Magno, resumió los vicios en soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. No aparecen como lista en la Biblia, pero todos son condenados en ella.
El primer pecado registrado después de la caída: fue la envidia que llevó a Caín a matar a Abel (Génesis 4).
Oración
Santo Dios, examina mi corazón y muéstrame lo que no te agrada. Perdona mi orgullo, mis palabras hirientes, mi egoísmo y todo pecado que he cometido contra ti y contra otros. Gracias porque en Jesucristo hay perdón completo. Lléname de tu Espíritu para vivir en santidad, y dame un corazón humilde que no juzgue a los demás, sino que les muestre tu gracia. Amén.