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Episodio 5 de 34

Noé y el diluvio

Pasaje
Génesis 6–9
Protagonistas
Noé, Sem, Cam, Jafet
Lugar
Montes de Ararat
Época
El diluvio

Pocas historias de la Biblia son tan conocidas como la de Noé y el arca. Aparece en libros infantiles, pinturas, películas y juguetes. Pero detrás de las imágenes de animales entrando de dos en dos hay un relato profundo sobre el pecado humano, el juicio de Dios, la gracia que salva, la obediencia de un hombre justo y el primer pacto explícito de la Biblia. En este episodio recorremos Génesis 6 al 9.

«Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho. Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová.»

Génesis 6:5-8

Un mundo lleno de violencia

Las generaciones después de Adán se multiplicaron, pero también la maldad. Génesis describe que la tierra se corrompió delante de Dios y estaba llena de violencia (Génesis 6:11). La expresión «todo designio de los pensamientos de su corazón era de continuo solamente el mal» es una de las descripciones más duras de la condición humana en toda la Biblia.

El texto dice que Jehová «se arrepintió» de haber hecho al hombre y «le dolió en su corazón». Es un lenguaje humano para expresar el dolor divino ante el pecado. Dios no es indiferente: la maldad le duele. El juicio que viene no nace de la crueldad, sino de la santidad de un Dios que no puede tolerar para siempre la destrucción de su creación.

Génesis 6:1-4 menciona también a «los hijos de Dios» que tomaron mujeres de «las hijas de los hombres», y a los nefilim, «valientes que desde la antigüedad fueron varones de nombre». Es uno de los pasajes más enigmáticos de la Biblia. Algunos intérpretes entienden que se refiere a la mezcla de la línea piadosa de Set con la de Caín; otros, a seres angelicales; otros, a gobernantes poderosos. Lo claro es que la corrupción había alcanzado a toda la sociedad.

Noé halló gracia

En medio de esa oscuridad aparece una frase luminosa: «Noé halló gracia en los ojos de Jehová». Es la primera vez que aparece la palabra «gracia» en la Biblia. Antes de decir que Noé era justo, el texto dice que halló gracia. La salvación comienza siempre en el favor de Dios.

Luego se describe su carácter: «Noé, varón justo, perfecto fue en sus generaciones; con Dios caminó Noé» (Génesis 6:9). Como su bisabuelo Enoc, Noé caminó con Dios. Su nombre está relacionado con la palabra hebrea para descanso o consuelo; su padre Lamec dijo al nacer él: «Este nos aliviará de nuestras obras» (Génesis 5:29).

La construcción del arca

Dios anunció a Noé que traería un diluvio y le dio instrucciones precisas para construir un arca de madera de gofer, recubierta de brea por dentro y por fuera. Sus medidas eran trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto, es decir, aproximadamente 137 metros de largo, 23 de ancho y 14 de alto. Tenía tres pisos, una ventana y una puerta a un lado.

La proporción de largo a ancho, seis a uno, se parece mucho a la que usan los barcos de carga modernos por su estabilidad. El arca no era un barco para navegar hacia un destino, sino una gran caja flotante diseñada para mantenerse a salvo. La palabra hebrea para arca, tevá, es la misma que se usa para la cesta de juncos en la que fue puesto el niño Moisés en el Nilo.

La construcción debió tomar muchos años. Mientras tanto, Noé fue, según Pedro, «pregonero de justicia» (2 Pedro 2:5). Cada tabla del arca era un sermón visible que advertía del juicio y ofrecía una salida. Y Noé obedeció: «Y lo hizo así Noé: hizo conforme a todo lo que Dios le mandó» (Génesis 6:22).

El diluvio

Cuando Noé tenía seiscientos años, entró en el arca con su esposa, sus tres hijos —Sem, Cam y Jafet— y las esposas de ellos: ocho personas en total (1 Pedro 3:20). Entraron también los animales, de dos en dos, macho y hembra, y de los animales limpios, siete parejas. Y un detalle hermoso: «Jehová le cerró la puerta» (Génesis 7:16). Fue Dios quien selló a Noé dentro del lugar de salvación.

Entonces fueron rotas las fuentes del gran abismo y las cataratas de los cielos fueron abiertas. Llovió cuarenta días y cuarenta noches, y las aguas prevalecieron sobre la tierra ciento cincuenta días. El juicio fue total, pero dentro del arca había vida.

Dios se acordó de Noé

«Y ACORDÓSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.»

Génesis 8:1

Este versículo es el centro del relato. «Acordarse» en la Biblia no significa que Dios hubiera olvidado, sino que actúa con fidelidad a favor de los suyos. Un viento pasó sobre la tierra, las aguas bajaron y el arca reposó sobre los montes de Ararat.

Noé envió un cuervo, que iba y venía. Luego envió una paloma, que volvió porque no halló dónde posarse. Siete días después la envió de nuevo, y regresó al atardecer con una hoja de olivo en el pico. Desde entonces, la paloma con la rama de olivo se convirtió en un símbolo universal de paz. Una semana después, la paloma ya no volvió.

El altar y el arco iris

Al salir del arca, lo primero que hizo Noé fue edificar un altar y ofrecer holocaustos a Dios. Su primera acción en el mundo renovado fue la adoración. Dios prometió no volver a destruir la tierra con un diluvio, y estableció un pacto con Noé, con su descendencia y con todo ser viviente. La señal de ese pacto fue el arco iris:

«Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra.»

Génesis 9:13

Es el primer pacto formal de la Biblia, y es universal: incluye a toda la humanidad y aun a los animales. Cada vez que aparece el arco iris, recuerda la fidelidad y la misericordia de Dios. Dios también renovó el mandato de fructificar y multiplicarse, y estableció el valor de la vida humana, porque el hombre fue hecho a imagen de Dios (Génesis 9:6).

La caída de Noé

La Biblia es honesta con sus héroes. Después del diluvio, Noé plantó una viña, bebió vino, se embriagó y quedó descubierto en su tienda. Cam vio la desnudez de su padre y lo contó a sus hermanos, mientras Sem y Jafet lo cubrieron respetuosamente sin mirarlo. El episodio muestra que el diluvio no eliminó el pecado del corazón humano. Hacía falta una solución más profunda: un corazón nuevo, que solo Cristo puede dar. Noé vivió trescientos cincuenta años después del diluvio y murió a los novecientos cincuenta.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Montes de Ararat, Nínive, Babel (Sinar), UrMontes de AraratNíniveBabel (Sinar)Ur100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Los montes de Ararat: Génesis 8:4 no menciona un solo monte, sino «los montes de Ararat», es decir, la región de Ararat (el antiguo reino de Urartu), en el este de la actual Turquía, cerca de Armenia e Irán. Allí se encuentra el monte Ararat, de unos 5.137 metros, el pico más alto de Turquía y un símbolo nacional para Armenia.

El mundo antediluviano: la tradición sitúa la vida de Noé antes del diluvio en Mesopotamia.

El arca: ha habido numerosas expediciones buscando sus restos en la región de Ararat, pero no existe ninguna prueba ampliamente aceptada de su hallazgo.

Datos interesantes

Primera «gracia»: Génesis 6:8 contiene la primera mención de la gracia en la Biblia.

Relatos paralelos: muchas culturas antiguas conservan relatos de un gran diluvio. El más famoso es la Epopeya de Gilgamesh, de Mesopotamia, donde un hombre llamado Utnapishtim construye un barco y envía aves. El relato bíblico se distingue por presentar un solo Dios justo y misericordioso.

Cuarenta días: el número cuarenta aparece a menudo en la Biblia en tiempos de prueba: los cuarenta años de Israel en el desierto y los cuarenta días de Jesús en el desierto.

Tres hijos, muchas naciones: de Sem, Cam y Jafet descienden, según Génesis 10, todos los pueblos de la tierra.

Jesús habló de Noé: «como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre» (Mateo 24:37).

El bautismo: Pedro compara las aguas del diluvio con el bautismo que ahora nos salva por la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 3:20-21).

Lecciones para nuestra vida

Dios ve el pecado y le duele: no es indiferente ante la violencia y la corrupción. La gracia llega antes que el juicio: Noé halló gracia y fue advertido a tiempo. La obediencia importa: Noé hizo todo lo que Dios le mandó, aunque pareciera extraño. Se puede ser fiel contra la corriente: Noé fue justo en medio de una generación perversa. La adoración es la respuesta a la salvación: lo primero fue un altar. Aun los justos caen: necesitamos una redención más profunda.

Camino a Jesús

El arca es una de las imágenes más claras de Cristo en el Antiguo Testamento. Había una sola arca y una sola puerta; quien entraba, se salvaba. Jesús dijo: «Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo» (Juan 10:9). El arca recibió el golpe de las aguas del juicio, y los que estaban dentro fueron preservados; en la cruz, Cristo recibió el juicio que nos correspondía, y los que están en Él son salvos. Y como la paloma trajo la hoja de olivo anunciando un mundo nuevo, el Espíritu Santo descendió como paloma sobre Jesús en el Jordán, anunciando la nueva creación.

En el próximo episodio veremos cómo los descendientes de Noé se multiplicaron, intentaron construir la torre de Babel y fueron dispersados en naciones, preparando el escenario para el llamado de Abraham.

Oración

Señor, gracias porque, como Noé, he hallado gracia ante tus ojos. Gracias por Jesucristo, el arca de mi salvación y la puerta abierta para todo el que cree. Ayúdame a obedecerte como Noé, a ser pregonero de justicia en mi generación y a adorarte con gratitud. Cada vez que vea el arco iris, recuérdame tu fidelidad. Amén.