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Jesucristo

El bautismo de Jesús en el Jordán

El bautismo de Jesús en el río Jordán es uno de los momentos más solemnes del Evangelio. Los cuatro evangelios lo mencionan, y marca el inicio del ministerio público de Jesús. En esa escena se abren los cielos, desciende el Espíritu Santo en forma de paloma y se escucha la voz del Padre. Sin embargo, plantea una pregunta que ha intrigado a muchos: si Jesús no tenía pecado, ¿por qué fue bautizado con un bautismo de arrepentimiento? En este artículo explicamos el contexto, el significado y las enseñanzas del bautismo de Jesús.

«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.»

Mateo 3:16-17

Juan el Bautista prepara el camino

Antes de que Jesús comenzara su ministerio, Dios envió a Juan, hijo del sacerdote Zacarías y de Elisabet, para preparar el camino. Juan vivía en el desierto de Judea, vestía de pelo de camello, se alimentaba de langostas y miel silvestre, y predicaba con fuerza: «Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 3:2). Los evangelios lo identifican con la voz profetizada por Isaías: «Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor» (Isaías 40:3).

Multitudes de Jerusalén, de toda Judea y de la región del Jordán acudían a él, confesaban sus pecados y eran bautizados en el río. El bautismo de Juan era un signo de arrepentimiento: expresaba el deseo de volverse a Dios y prepararse para la llegada del Mesías. Juan anunciaba: «Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo… él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego» (Mateo 3:11).

Jesús llega al Jordán

Un día, Jesús vino de Nazaret de Galilea al Jordán para ser bautizado por Juan. Tenía alrededor de treinta años (Lucas 3:23). Hasta entonces había vivido una vida sencilla, trabajando como carpintero. Juan, al verlo, se resistió:

«Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.»

Mateo 3:14-15

Juan reconoció la superioridad de Jesús. Sabía que él mismo necesitaba ser bautizado por Jesús, y no al revés. Pero Jesús insistió: «Así nos conviene cumplir toda justicia». Entonces Juan lo bautizó.

¿Por qué se bautizó Jesús si no tenía pecado?

La Biblia afirma claramente que Jesús no cometió pecado (Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22). No necesitaba arrepentirse. Entonces, ¿por qué recibió el bautismo de Juan? Los cristianos han señalado varias razones complementarias:

Para cumplir toda justicia. Jesús vino a obedecer perfectamente la voluntad del Padre en todo. El bautismo de Juan era un llamado de Dios a su pueblo, y Jesús se sometió a él en obediencia.

Para identificarse con los pecadores. Al entrar en las aguas junto a los que confesaban sus pecados, Jesús se colocó a nuestro lado. Isaías profetizó que el Siervo sería «contado con los perversos» (Isaías 53:12). En el Jordán, Jesús comenzó a caminar el camino que terminaría en la cruz, donde cargaría con nuestros pecados.

Para ser revelado a Israel. Juan dijo que había venido bautizando con agua para que el Mesías fuera manifestado a Israel (Juan 1:31). El bautismo fue la presentación pública de Jesús.

Para ser ungido para su misión. El Espíritu descendió sobre Él, capacitándolo para su ministerio. Jesús es el Cristo, es decir, el Ungido.

Para darnos ejemplo. Jesús santificó el bautismo con su propia participación, y después mandó a sus discípulos bautizar a todas las naciones.

Los cielos abiertos

Marcos dice que, al subir del agua, Jesús vio «abrirse los cielos» (Marcos 1:10). La palabra griega sugiere que los cielos se rasgaron. Siglos antes, Isaías había clamado: «¡Oh si rompieses los cielos, y descendieras!» (Isaías 64:1). En el bautismo de Jesús, esa oración recibe respuesta: el cielo se abre y Dios se manifiesta. Marcos usará la misma palabra al final de su evangelio, cuando el velo del templo se rasgó en la muerte de Jesús.

El Espíritu como paloma

El Espíritu Santo descendió sobre Jesús «en forma corporal, como paloma» (Lucas 3:22). La imagen evoca varias escenas bíblicas: el Espíritu que se movía sobre las aguas en la creación (Génesis 1:2) y la paloma que Noé envió y que regresó con una hoja de olivo, anunciando un mundo nuevo después del diluvio (Génesis 8:11). En el Jordán comienza una nueva creación. Juan el Bautista dio testimonio: «Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él» (Juan 1:32). Esa era la señal que Dios le había dado para reconocer al Mesías.

La voz del Padre

Entonces se oyó una voz del cielo: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento». Estas palabras resuenan con dos textos del Antiguo Testamento. El Salmo 2:7 dice: «Mi hijo eres tú», palabras dirigidas al rey Mesías. E Isaías 42:1 habla del Siervo del Señor: «He aquí mi siervo… mi escogido, en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu». La voz del Padre presenta a Jesús a la vez como el Hijo y Rey mesiánico, y como el Siervo sufriente que daría su vida.

Es notable que el Padre expresó su complacencia antes de que Jesús hiciera un solo milagro o predicara un solo sermón público. El amor del Padre por el Hijo no dependía de sus obras, sino de su identidad.

Una revelación de la Trinidad

El bautismo de Jesús es uno de los pasajes donde se manifiestan con mayor claridad las tres personas de la Trinidad: el Hijo que es bautizado, el Espíritu que desciende y el Padre que habla desde el cielo. Por eso la Iglesia antigua lo consideró una «epifanía» o «teofanía», una manifestación de Dios. Puedes profundizar en nuestro artículo sobre la Trinidad.

Después del bautismo: el desierto

Inmediatamente después, el Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde ayunó cuarenta días y fue tentado por el diablo. El orden es significativo: primero escuchó «Tú eres mi Hijo amado», y después enfrentó la prueba. El tentador comenzó precisamente atacando esa identidad: «Si eres Hijo de Dios…». Jesús venció apoyado en la Palabra de Dios. Luego regresó a Galilea «en virtud del Espíritu» y comenzó a predicar.

Lugares de la historia

El río Jordán: nace en las laderas del monte Hermón, atraviesa el mar de Galilea y desemboca en el mar Muerto, el punto más bajo de la tierra.

Betábara o Betania al otro lado del Jordán: Juan 1:28 dice que Juan bautizaba «en Betábara, de la otra parte del Jordán»; otras traducciones dicen Betania. El sitio de Al-Maghtas, en Jordania, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015 como lugar tradicional del bautismo. Frente a él, en la orilla occidental, se encuentra Qasr al-Yahud.

Nazaret de Galilea: de donde vino Jesús al Jordán.

El desierto de Judea: donde predicaba Juan y donde Jesús fue tentado.

Del Jordán a la cruz

Jesús mismo relacionó su bautismo con su muerte. En una ocasión dijo: «De bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!» (Lucas 12:50). En el Jordán, Jesús descendió a las aguas; en la cruz, descendió a la muerte por nosotros; y en la resurrección se levantó victorioso. Por eso el bautismo cristiano nos une a su muerte y a su resurrección (Romanos 6:4).

Datos interesantes

En los cuatro evangelios: Mateo, Marcos y Lucas narran el bautismo; Juan lo recuerda a través del testimonio de Juan el Bautista.

La fiesta del Bautismo del Señor: muchas iglesias lo celebran el domingo después de la Epifanía, y las iglesias ortodoxas lo celebran el 6 de enero (Teofanía).

Treinta años: Jesús comenzó su ministerio a la misma edad en que los sacerdotes comenzaban su servicio y en que David comenzó a reinar.

Parientes: Juan y Jesús eran parientes; sus madres, Elisabet y María, se visitaron durante el embarazo (Lucas 1:36-45).

El Cordero de Dios: al día siguiente, Juan señaló a Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).

Lecciones para nuestra vida

Jesús se hizo solidario con nosotros: entró en las aguas de los pecadores para salvarnos. La humildad abre el camino: Juan reconoció su pequeñez ante Cristo. La obediencia agrada a Dios: Jesús cumplió toda justicia. Nuestra identidad viene de Dios: en Cristo, también nosotros somos hijos amados. El bautismo cristiano tiene sentido: Jesús lo santificó y lo mandó. Puedes leer más en nuestro artículo ¿Qué es el bautismo?. Después de la bendición viene la prueba: la Palabra nos sostiene.

Oración

Señor Jesús, gracias porque entraste en las aguas del Jordán para ponerte a nuestro lado y cumplir toda justicia. Gracias porque el Padre te llamó su Hijo amado, y en ti también yo soy amado. Lléname de tu Espíritu Santo, como descendió sobre ti. Ayúdame a vivir mi bautismo cada día, en obediencia y humildad, y a vencer la tentación con tu Palabra. Amén.