¿Quién es Jesucristo según la Biblia?
Ninguna persona ha influido tanto en la historia como Jesús de Nazaret. El calendario que usa gran parte del mundo se divide en antes y después de su nacimiento. Su nombre se pronuncia cada día en miles de lenguas. Su vida ha inspirado obras de arte, himnos, hospitales, escuelas y movimientos de justicia. Pero, más allá de su influencia, la pregunta decisiva es la que Él mismo hizo a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mateo 16:15).
Las opiniones sobre Jesús son muchas: un maestro moral, un profeta, un revolucionario, un sabio. La Biblia, sin embargo, presenta una respuesta más profunda y exigente. En este artículo recorremos lo que las Escrituras enseñan sobre la identidad, la vida y la obra de Jesucristo.
«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.»
Mateo 16:16
Anunciado desde el principio
La historia de Jesús no comienza en Belén. Desde Génesis, la Biblia anuncia la venida de un libertador. Después de la caída, Dios prometió que la descendencia de la mujer heriría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). A Abraham le prometió que en su descendencia serían benditas todas las naciones. A David le aseguró un rey eterno de su linaje.
Los profetas añadieron detalles: nacería en Belén (Miqueas 5:2), sería llamado Emanuel, «Dios con nosotros» (Isaías 7:14), sería un siervo sufriente herido por nuestras rebeliones (Isaías 53) y entraría en Jerusalén humilde, montado sobre un asno (Zacarías 9:9). Jesús mismo, después de resucitar, explicó a sus discípulos cómo la Ley, los Profetas y los Salmos hablaban de Él (Lucas 24:44).
El Verbo eterno
El Evangelio de Juan comienza con palabras solemnes: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas» (Juan 1:1-3). El Verbo, o la Palabra, es el Hijo eterno de Dios, que existía antes de la creación y por medio de quien todo fue creado.
Esto significa que Jesús no comenzó a existir en Belén. Él es eterno. Pablo lo describe como «la imagen del Dios invisible», en quien fueron creadas todas las cosas y en quien todas subsisten (Colosenses 1:15-17).
Dios hecho hombre
Juan continúa: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria» (Juan 1:14). Este es el misterio de la encarnación: el Hijo eterno de Dios se hizo verdaderamente humano, sin dejar de ser Dios. Nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo (Lucas 1:35), fue colocado en un pesebre y creció en Nazaret como hijo de un carpintero.
Jesús experimentó la vida humana en plenitud: tuvo hambre, sed y cansancio; lloró ante la tumba de su amigo Lázaro; sintió angustia en Getsemaní; fue tentado en todo, pero sin pecado (Hebreos 4:15). Por eso puede comprendernos. La Iglesia, en el Concilio de Calcedonia del año 451, expresó esta verdad afirmando que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, en una sola persona.
Los nombres y títulos de Jesús
Jesús: su nombre significa «el Señor salva». El ángel dijo a José: «llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21).
Cristo o Mesías: ambas palabras significan «Ungido». Jesús es el rey, profeta y sacerdote prometido a Israel.
Hijo de Dios: expresa su relación única y eterna con el Padre. En su bautismo, el Padre declaró: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento».
Hijo del Hombre: el título que Jesús usaba con más frecuencia para sí mismo, tomado de la visión de Daniel 7, donde uno como hijo de hombre recibe un reino eterno.
Señor: los primeros cristianos confesaban «Jesús es el Señor», reconociendo su autoridad divina sobre toda la creación.
Cordero de Dios: señala su sacrificio para quitar el pecado del mundo.
Las afirmaciones «Yo soy»
En el Evangelio de Juan, Jesús se describe con siete imágenes poderosas: «Yo soy el pan de vida», «Yo soy la luz del mundo», «Yo soy la puerta», «Yo soy el buen pastor», «Yo soy la resurrección y la vida», «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» y «Yo soy la vid verdadera». Además, llegó a decir: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58), usando la expresión con la que Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente. Sus oyentes entendieron que se estaba identificando con Dios.
Sus enseñanzas
Jesús anunció que el reino de Dios se había acercado y llamó a las personas al arrepentimiento y a la fe. En el Sermón del Monte enseñó las bienaventuranzas, el amor a los enemigos, la oración del Padre Nuestro y la confianza en el cuidado de Dios. Resumió la ley en amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Por medio de parábolas reveló el corazón misericordioso del Padre.
Su enseñanza sorprendía porque hablaba con autoridad propia, no como los escribas. No solo interpretaba la ley: decía «oísteis que fue dicho… mas yo os digo».
Sus obras
Jesús sanó enfermos, dio vista a ciegos, hizo andar a paralíticos, limpió leprosos, liberó a oprimidos, calmó tempestades, multiplicó panes y resucitó muertos. Estos milagros no eran espectáculos, sino señales de que el reino de Dios había llegado y de que Él tenía autoridad divina. Al mismo tiempo, mostraban su compasión: muchas veces los evangelios dicen que Jesús fue movido a misericordia.
Jesús también perdonó pecados, algo que solo Dios puede hacer, y comió con publicanos y pecadores, mostrando que había venido «a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
Su muerte en la cruz
Jesús fue rechazado por los líderes religiosos, traicionado por uno de sus discípulos y entregado a las autoridades romanas, que lo crucificaron bajo Poncio Pilato. Pero la Biblia enseña que no murió como una víctima impotente, sino que entregó su vida voluntariamente: «el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45). En la cruz cargó con nuestros pecados para reconciliarnos con Dios. Puedes profundizar en nuestro artículo sobre la crucifixión.
Su resurrección
Al tercer día, Jesús resucitó de entre los muertos. La tumba quedó vacía y Él se apareció a María Magdalena, a los discípulos, a Tomás, a Pedro y a muchos otros. La resurrección confirma que Jesús es quien dijo ser, que su sacrificio fue aceptado por el Padre y que la muerte ha sido vencida. Pablo afirma que Cristo fue declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección de los muertos (Romanos 1:4).
Su ascensión y su obra actual
Cuarenta días después de resucitar, Jesús ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Desde allí intercede por los suyos (Hebreos 7:25), es cabeza de la Iglesia y envió al Espíritu Santo para acompañar, guiar y fortalecer a sus seguidores. Jesús no es solo un personaje del pasado: vive y reina hoy.
Su regreso
La Biblia enseña que Jesús volverá en gloria. Los ángeles dijeron a los discípulos que este mismo Jesús vendría de la misma manera en que lo vieron ir al cielo (Hechos 1:11). Su regreso traerá el juicio justo, la resurrección de los muertos y la renovación de todas las cosas. Por eso los cristianos oran: «Amén, sí ven, Señor Jesús» (Apocalipsis 22:20).
¿Por qué Jesús es único?
Muchos líderes religiosos han enseñado caminos para acercarse a Dios. Jesús afirmó algo diferente: Él mismo es el camino. «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). Esta afirmación no nace del orgullo, sino del amor: Dios ha abierto una puerta para todos en su Hijo. Pedro lo proclamó así: no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
Frente a Jesús no es posible quedarse neutral. O fue un engañador, o estaba equivocado sobre sí mismo, o es verdaderamente el Señor. Los evangelios fueron escritos «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:31).
Cómo responder a Jesús
Conocer a Jesús no es solo saber datos sobre Él, sino recibirlo. «Mas a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Juan 1:12). Puedes responder reconociendo tu necesidad de perdón, confiando en su muerte y resurrección, entregándole tu vida como Señor y comenzando a seguirlo cada día, en oración, en su Palabra y en comunidad con otros creyentes.
Jesús, profeta, sacerdote y rey
La tradición cristiana resume la obra de Cristo en tres oficios que en el Antiguo Testamento recibían unción. Como profeta, Jesús nos revela plenamente al Padre y nos comunica la Palabra de Dios. Como sacerdote, se ofreció a sí mismo como sacrificio perfecto y hoy intercede por nosotros ante el Padre. Como rey, gobierna con justicia y amor sobre su Iglesia y sobre toda la creación, y un día su reino se manifestará en plenitud. En Él se cumplen y superan todas las figuras que anunciaban al Ungido de Dios.
Oración
Señor Jesucristo, creo que eres el Hijo de Dios, que te hiciste hombre, moriste por mis pecados y resucitaste. Te recibo como mi Salvador y mi Señor. Perdóname y dame una vida nueva. Quiero conocerte más y seguirte cada día. Gracias por tu amor. A ti sea la gloria. Amén.