El Señor se alegra cuando uno de sus hijos vuelve
Muchas personas imaginan a Dios como un juez severo que espera con los brazos cruzados a que el pecador regrese para reprenderlo. Jesús presentó una imagen muy distinta: un Dios que busca, que espera, que corre al encuentro y que hace fiesta cuando uno de sus hijos vuelve a casa. «Os digo que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento» (Lucas 15:7). En este artículo descubrimos qué enseña la Biblia sobre la alegría de Dios por el que vuelve y cómo regresar a Él hoy, sin importar cuánto tiempo hayamos estado lejos.
La oveja perdida
Jesús preguntó a quienes lo criticaban por recibir a los pecadores: «¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a la que se perdió, hasta que la halle?». Y continuó:
«Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso; Y viniendo a casa, junta a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.»
Lucas 15:5-7
El pastor no castiga a la oveja ni la arrastra de vuelta: la pone sobre sus hombros, con gozo. Cada persona es tan valiosa para Dios que vale la pena dejar a las noventa y nueve para buscarla. Jesús mismo dijo: «el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
La moneda perdida
La segunda parábola habla de una mujer que tenía diez dracmas y perdió una. Encendió una lámpara, barrió la casa y buscó con diligencia hasta encontrarla. Entonces reunió a sus amigas y vecinas: «Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido». Jesús concluyó: «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:10). Una dracma equivalía aproximadamente al jornal de un día. Algunos estudiosos piensan que podía formar parte de las monedas que las mujeres llevaban como adorno o dote, lo que la haría aún más valiosa. Dios busca así: con luz, con diligencia, sin rendirse.
El hijo que vuelve
La tercera parábola, la del hijo pródigo, lleva la alegría de Dios a su punto más alto. El padre ve al hijo de lejos, corre, lo abraza, lo besa, lo viste de nuevo y organiza una fiesta: «comamos, y hagamos fiesta: porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado» (Lucas 15:23-24). Puedes leer la explicación completa en La parábola del hijo pródigo explicada.
Las tres parábolas tienen el mismo patrón: algo valioso se pierde, alguien lo busca o lo espera, se encuentra y hay una celebración compartida. El mensaje es claro: Dios no solo tolera al pecador que vuelve; se alegra por él con todo el cielo.
Un Dios que canta de alegría
Esta imagen no aparece solo en los evangelios. El profeta Sofonías, en el Antiguo Testamento, escribió una de las frases más tiernas de la Biblia:
«Jehová en medio de ti, poderoso, él salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar.»
Sofonías 3:17
Pensar que el Dios todopoderoso se regocija y canta por su pueblo nos ayuda a comprender su corazón. Por medio del profeta Ezequiel, Dios declaró: «Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva» (Ezequiel 33:11). Y por medio de Isaías invitó: «Deje el impío su camino… y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).
Historias de regreso en la Biblia
David cometió adulterio y homicidio, pero cuando el profeta Natán lo confrontó, se arrepintió de corazón y escribió el Salmo 51: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». Manasés, uno de los reyes más malvados de Judá, se humilló en la cárcel y Dios oyó su oración y lo restauró (2 Crónicas 33:12-13). Pedro negó a Jesús tres veces, lloró amargamente, y el Señor resucitado lo restauró junto al mar de Galilea. Zaqueo, el jefe de los cobradores de impuestos, recibió a Jesús en su casa, devolvió lo robado, y Jesús dijo: «Hoy ha venido la salud a esta casa». Ninguno de ellos era demasiado malo para volver.
¿Qué significa volver a Dios?
En la Biblia, la palabra arrepentimiento —en hebreo teshuvá, en griego metánoia— significa dar la vuelta, cambiar de mentalidad y de dirección. Volver a Dios incluye: reconocer que nos hemos alejado y que lo necesitamos; confesar nuestros pecados con sinceridad, sabiendo que «si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone» (1 Juan 1:9); confiar en Jesucristo, que murió por nuestros pecados y resucitó; cambiar de camino con la ayuda del Espíritu Santo; y reintegrarnos a la familia de la fe, buscando una comunidad cristiana.
Obstáculos para volver
La vergüenza: pensamos que Dios no querrá recibirnos después de lo que hicimos. La parábola muestra lo contrario. El miedo al juicio de los demás: a veces los «hermanos mayores» critican al que vuelve; pero lo que importa es el abrazo del Padre. La sensación de que es tarde: el ladrón en la cruz se volvió a Jesús en sus últimas horas y recibió la promesa del paraíso. Creer que primero hay que cambiar solos: el hijo pródigo volvió con sus harapos; fue el padre quien lo vistió. Lee también ¿Qué es la apostasía?, donde explicamos cómo volver a la fe.
«Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.»
Isaías 1:18
Alegrarnos con los que vuelven
Si Dios y los ángeles hacen fiesta por un pecador que se arrepiente, la Iglesia está llamada a lo mismo. A veces las comunidades cristianas reciben con desconfianza a quien vuelve después de años de alejamiento, o a quien tiene un pasado difícil. Jesús nos invita a abrir los brazos, a celebrar, a acompañar y a ayudar a sanar. Cada persona que vuelve es motivo de alegría, no de sospecha.
Si quieres volver hoy
No importa cuánto tiempo hayas estado lejos, ni lo que hayas hecho. El Padre te espera. Puedes orar ahora mismo con tus propias palabras o con esta oración: «Señor, me alejé de ti. Reconozco mi pecado y te pido perdón. Gracias porque Jesús murió por mí y resucitó. Hoy vuelvo a casa. Recíbeme, límpiame y ayúdame a vivir como tu hijo. Amén». Después, cuéntaselo a alguien de confianza, busca una iglesia y, si lo deseas, escríbenos en Pide tu oración: nos alegrará orar por ti.
Datos interesantes
Lucas 15 es conocido como «el capítulo de lo perdido» o «el corazón del Evangelio de Lucas». La palabra «gozo» o «alegría» aparece en él varias veces, y las tres parábolas terminan con una fiesta. La parábola de la oveja perdida también aparece en Mateo 18:12-14, donde Jesús concluye: «no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños».
La fiesta del cielo
Jesús dijo que hay gozo «delante de los ángeles de Dios» por un pecador que se arrepiente. Es una imagen maravillosa: en el cielo se celebra cada regreso. Esto significa que ninguna vida es insignificante para Dios y que ningún arrepentimiento pasa desapercibido. Cuando una persona vuelve, no solo se transforma su historia; también se alegra el corazón de Dios. Por eso la Iglesia celebra los bautismos, las conversiones y las reconciliaciones como verdaderas fiestas, reflejo de la alegría del cielo. Y por eso la Biblia termina con la imagen de una gran cena de bodas, donde todos los que han vuelto a casa se sentarán a la mesa con el Señor (Apocalipsis 19:9). Cada regreso de hoy anticipa aquella fiesta eterna.
Una palabra para quien ora por alguien que se fue
Quizá no eres tú quien está lejos, sino un hijo, un esposo, un hermano o un amigo. No dejes de orar. El padre de la parábola nunca dejó de mirar el camino. Sigue amando, mantén la puerta abierta y confía en que Dios sigue buscando a esa persona. Muchos han vuelto después de años gracias a la oración perseverante de alguien que no se rindió.
Oración
Padre amado, gracias porque me buscaste como el pastor a su oveja y como la mujer a su moneda, y porque me esperaste como el padre al hijo pródigo. Gracias porque te alegras cuando vuelvo a ti y cantas de gozo por tus hijos. Recíbeme hoy de nuevo. Y dame un corazón como el tuyo, que se alegre por cada persona que regresa a casa. Amén.