¿Ha entregado su vida a Cristo?
Hay una pregunta que, tarde o temprano, todo ser humano debe responder. No se trata de a qué religión pertenece su familia, si fue bautizado de niño, si asiste a una iglesia o si se considera una buena persona. La pregunta es más profunda y personal: ¿ha entregado usted su vida a Jesucristo?
Este sitio web está dedicado a difundir la Palabra de Dios y el Evangelio de Jesucristo, nuestro Salvador. Por eso queremos hacerle esta pregunta con respeto y con amor. No para juzgarle, sino porque creemos que la mejor noticia del mundo es que Dios le ama y le invita a una vida nueva en Cristo. Si ya lo hizo, este artículo le ayudará a recordar y a compartir su fe. Si aún no, le invitamos a leer con el corazón abierto.
«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.»
Apocalipsis 3:20
¿Qué significa entregar la vida a Cristo?
Entregar la vida a Cristo significa confiar en Él como Salvador y reconocerlo como Señor. Es dejar de dirigir la propia vida según nuestros deseos para ponerla en las manos de Aquel que nos creó, murió por nosotros y resucitó. No es simplemente una emoción pasajera ni un rito externo, sino una decisión del corazón que transforma la dirección de toda la existencia.
La Biblia usa varias expresiones para describir este paso: creer en Jesús, recibirlo, arrepentirse y convertirse, nacer de nuevo, confesarlo como Señor. Todas apuntan a la misma realidad: un encuentro personal con Cristo que produce una vida nueva.
Dios le ama
El punto de partida no es su pecado, sino el amor de Dios. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Usted no es un accidente. Fue creado a imagen de Dios, con un propósito, y Dios desea tener una relación con usted.
Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). La vida cristiana no es una lista de prohibiciones, sino una vida llena de sentido, paz y esperanza.
El problema: el pecado nos separa de Dios
Si Dios nos ama y quiere una relación con nosotros, ¿por qué tantas personas se sienten lejos de Él? La Biblia explica que el pecado ha creado una separación. Pecar no es solo cometer grandes crímenes; es vivir de espaldas a Dios, desobedecer su voluntad y buscar nuestra propia gloria. Mentiras, orgullo, egoísmo, rencor, impureza: todos, en mayor o menor medida, hemos fallado.
«Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios.»
Romanos 3:23
El pecado tiene consecuencias: vacío, culpa, relaciones rotas y, finalmente, la separación eterna de Dios. «Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23). Ningún esfuerzo humano puede borrar esa deuda: ni las buenas obras, ni los ritos, ni las promesas de cambiar.
La solución: Jesucristo murió y resucitó por usted
La buena noticia es que Dios no nos dejó en esa condición. Envió a su Hijo, Jesucristo, quien vivió una vida sin pecado, murió en la cruz en nuestro lugar y resucitó al tercer día. En la cruz, Él cargó con el castigo que merecíamos para que pudiéramos recibir el perdón y la vida eterna.
«Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»
Romanos 5:8
Jesús no es uno de muchos caminos. Él mismo dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). La salvación no es algo que ganamos, sino un regalo que recibimos por la fe: «Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).
Su respuesta: recibir a Cristo
Conocer estos hechos no es suficiente. Es necesario responder personalmente. «Mas a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Juan 1:12). Recibir a Cristo implica varias cosas:
Reconocer su necesidad. Admitir ante Dios que ha pecado y que no puede salvarse a sí mismo.
Arrepentirse. Estar dispuesto a apartarse del pecado y volverse a Dios. No se trata de cambiar primero para luego venir a Cristo, sino de venir a Él para que Él le cambie.
Creer. Confiar en que Jesucristo murió por sus pecados y resucitó, y que su sacrificio es suficiente.
Confesar. Declarar que Jesús es su Señor. «Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Romanos 10:9).
¿Por qué hoy?
Muchas personas postergan esta decisión. Piensan que ya habrá tiempo, que primero deben arreglar su vida o que son demasiado jóvenes para pensar en Dios. Pero la Biblia dice: «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud» (2 Corintios 6:2). Nadie tiene asegurado el mañana. Además, cada día sin Cristo es un día sin la paz, el perdón y la esperanza que Él quiere darle.
Tampoco importa cuán lejos haya estado. El ladrón en la cruz se volvió a Jesús en sus últimas horas y recibió la promesa del paraíso. El hijo pródigo fue recibido con un abrazo. No hay pecado tan grande que la sangre de Cristo no pueda limpiar.
Una oración de entrega
No hay palabras mágicas; lo que importa es la actitud sincera del corazón. Si desea entregar su vida a Cristo, puede orar con sus propias palabras o con una oración como esta:
Señor Jesús, reconozco que he pecado y que necesito tu perdón. Creo que eres el Hijo de Dios, que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste de entre los muertos. Hoy me arrepiento y me vuelvo a ti. Te abro la puerta de mi corazón y te recibo como mi Salvador y mi Señor. Perdóname, límpiame y hazme una nueva persona. Lléname de tu Espíritu Santo y ayúdame a seguirte todos los días de mi vida. Gracias por tu amor y por la vida eterna. Amén.
Si hizo esta oración con sinceridad, la Biblia le asegura que es hijo de Dios, sus pecados han sido perdonados y tiene vida eterna. «Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna» (1 Juan 5:13). ¡Hay gozo en el cielo por usted!
Preguntas frecuentes
¿Tengo que dejar de pecar antes de venir a Cristo? No. Jesús recibe a las personas tal como están y luego las transforma. Él dijo que no vino a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
¿Qué pasa si no siento nada especial? La salvación no depende de las emociones, sino de las promesas de Dios. Algunas personas sienten gran gozo; otras, una paz tranquila. Lo importante es la fe en Cristo.
¿Y si vuelvo a fallar? Todos los creyentes siguen luchando contra el pecado. Cuando falles, confiesa a Dios tu falta; Él es fiel y justo para perdonar (1 Juan 1:9). No eres hijo de Dios por no fallar, sino por la gracia de Cristo.
¿Necesito pertenecer a una iglesia determinada? La salvación es por la fe en Jesucristo. Sin embargo, Dios desea que cada creyente viva en comunidad con otros cristianos, en una iglesia que enseñe fielmente la Biblia.
¿Y ahora qué? Primeros pasos en la vida nueva
Cuénteselo a alguien. Comparta su decisión con un cristiano de confianza. También puede escribirnos en la sección Testimonios o por el formulario de contacto; nos encantará acompañarle en oración.
Lea la Biblia cada día. Comience con el Evangelio de Juan. Lea un capítulo diario y pregunte qué le enseña sobre Jesús.
Ore. Hable con Dios como con un Padre. Agradezca, confiese, pida y escuche. Nuestros consejos sobre oración pueden ayudarle.
Busque una iglesia. Congréguese en una comunidad cristiana donde se predique la Biblia y se ame a Jesucristo. Allí encontrará enseñanza, apoyo y una familia espiritual.
Bautícese. El bautismo es un paso de obediencia y testimonio público de su fe. Converse con los pastores de su iglesia. Puede leer nuestro artículo ¿Qué es el bautismo?
Viva su fe. Pida al Espíritu Santo que transforme su carácter, sus hábitos y sus relaciones. Habrá luchas, pero no está solo: el que comenzó en usted la buena obra la perfeccionará.
Si ya entregó su vida a Cristo
Si usted ya es creyente, recuerde con gratitud el día en que Cristo le encontró. Renueve su entrega hoy y pida a Dios oportunidades para compartir esta buena noticia con otros. Hay personas a su alrededor que necesitan escuchar que Dios las ama. Comparta este artículo con ellas y ore por su salvación.
«Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.»
Romanos 10:13