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Los que se enojan contra ti serán avergonzados (Isaías 41:11)

Ilustración del artículo «Los que se enojan contra ti serán avergonzados (Isaías 41:11)» (Fe)

Hay temporadas en que uno siente que tiene a medio mundo en contra: alguien que habla mal a tus espaldas, un jefe que te persigue, un familiar que no perdona, gente que se burla de tu fe o que celebra cada tropiezo tuyo. En esas horas, Dios tiene una palabra para quienes le pertenecen. La dijo por medio del profeta Isaías:

«No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos: serán como nada y perecerán, los que contienden contigo.»

Isaías 41:10-11 (RV 1909)

«Todos los que se airan contra ti serán avergonzados». Es una promesa fuerte, y por eso hay que leerla bien: a quién se la dio Dios, qué significa «ser avergonzado», cuál es la condición —ser fiel a Dios— y qué hacer mientras la promesa se cumple. Al final hay una oración.

Un pueblo con miedo

Isaías 41 se dirige a un pueblo pequeño, humillado y rodeado de imperios poderosos. Israel se sentía olvidado. Y Dios, antes de hablar de enemigos, le recuerda quién es: «Mas tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí… te escogí, y no te deseché» (Isaías 41:8-9).

Ese es el fundamento de todo lo demás. La promesa no se apoya en lo fuerte que seas, ni en lo mucho que tengas razón, sino en que Dios te escogió y no te ha desechado. Quien pertenece a Dios no está solo frente a quienes lo atacan. Su causa se ha vuelto la causa de Dios.

«No temas, que yo soy contigo»

Fíjate en el orden del pasaje. Antes de decir nada sobre los enemigos, Dios habla del miedo: «No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (41:10). Y termina igual: «yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé» (41:13).

La primera victoria no es que los enemigos caigan, sino que tú dejes de temblar. La ira de otros puede rodearte, pero no tiene por qué entrar en tu corazón. Dios no te promete que nadie se enojará contigo; te promete que él te tendrá de la mano mientras eso ocurre.

«Jehová es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque se asiente campo contra mí, no temerá mi corazón: aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío.»

Salmo 27:1-3 (RV 1909)

Qué significa «serán avergonzados»

En la Biblia, «ser avergonzado» no es, en primer lugar, sentir bochorno en público. Es ver frustrado aquello en lo que uno había puesto su confianza: el plan que fracasa, el ataque que no consigue su objetivo, la mentira que queda al descubierto. Por eso el texto añade: «serán como nada y perecerán, los que contienden contigo. Los buscarás, y no los hallarás» (41:11-12). Lo que hoy parece enorme mañana no estará.

Lo contrario también se promete: quien confía en Dios no será avergonzado. «Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido» (Salmo 25:3). «Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado» (Romanos 10:11). La esperanza puesta en Dios no defrauda, aunque tarde.

«Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio. Esta es la heredad de los siervos de Jehová, y su justicia de por mí, dijo Jehová.»

Isaías 54:17 (RV 1909)

Toda herramienta: no solo las armas, también las lenguas. La calumnia, el chisme, la acusación falsa no tienen la última palabra sobre quien pertenece a Dios.

La condición: ser fiel a Dios

Esta promesa no es un amuleto para usar cuando cualquiera nos lleva la contraria. Es para «los siervos de Jehová» (Isaías 54:17), para quien camina con él. Por eso, antes de aplicarla, conviene una pregunta honesta: ¿por qué se enojan conmigo? A veces es por la fe, por la integridad, por no prestarnos al engaño. Pero a veces es porque hemos herido, mentido o actuado con soberbia. En ese caso, lo que Dios pide no es esperar la vergüenza del otro, sino pedir perdón y reparar.

Pedro lo dice con precisión: «Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo» (1 Pedro 3:16). La buena conciencia es la que deja sin argumentos al acusador. Y Proverbios añade algo hermoso: «Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos pacificará con él» (Proverbios 16:7).

«Encomienda a Jehová tu camino, y espera en él; y él hará. Y exhibirá tu justicia como la luz, y tus derechos como el medio día.»

Salmo 37:5-6 (RV 1909)

Ser fiel no significa ser perfecto. Significa seguir caminando con Dios: orar, obedecer lo que ya sabes, no devolver mal por mal, mantener la verdad aunque cueste. Lo demás lo hace él.

Así lo cumplió Dios en la Biblia

José fue odiado por sus hermanos, vendido, calumniado y encarcelado. Años después pudo decirles: «Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó a bien» (Génesis 50:20). La envidia de ellos terminó sirviendo al plan de Dios.

Daniel fue acusado por hombres que no soportaban su fidelidad, y lo echaron al foso de los leones. A la mañana siguiente dijo al rey: «El Dios mío envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen mal: porque delante de él se halló en mí justicia» (Daniel 6:22).

Amán preparó una horca para Mardoqueo, y el libro de Ester termina diciendo: «Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho aparejar para Mardochêo» (Ester 7:10). David, perseguido por Saúl, tuvo dos veces la oportunidad de matarlo y no lo hizo; dejó su causa en manos de Dios, y Dios lo puso en el trono a su tiempo.

Y Jesús. Nadie fue más odiado sin causa. Se burlaron de él, lo escupieron, lo crucificaron. Pero «cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23). Al tercer día, la tumba vacía avergonzó a todos los que se habían airado contra él.

La batalla es de Dios

Cuando un ejército enorme venía contra Judá, Dios dijo al rey Josafat: «No temáis ni os amedrentéis delante de esta tan grande multitud; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios» (2 Crónicas 20:15). Y a Israel frente al mar: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos» (Éxodo 14:14).

Esto nos libera de un peso enorme: no tenemos que defendernos de todo ni ganar cada discusión. Y nos prohíbe algo: tomar venganza.

«No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.»

Romanos 12:19-21 (RV 1909)

La promesa de Isaías no es una licencia para atacar, sino una invitación a soltar. Quien deja la venganza en manos de Dios no está siendo débil: está confiando en un Juez mejor.

No te alegres de su caída

Aquí hay que tener cuidado con el corazón. La Biblia advierte: «Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón» (Proverbios 24:17). Jesús fue más lejos: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mateo 5:44). Y en la cruz oró: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

La mejor «vergüenza» que puede sufrir un enemigo es la del arrepentimiento: que reconozca su error, se vuelva a Dios y encuentre vida. Eso es lo que pedimos cuando oramos por quien nos hace daño. Lee Orar por nuestros enemigos: el ejemplo de Jesús.

Cuando parece que ellos ganan

Hay momentos en que la promesa parece no cumplirse: el injusto prospera, el que miente sale bien librado, el que te hizo daño sigue como si nada. El salmista lo vivió y casi resbala, «hasta que venido al santuario de Dios, entenderé la postrimería de ellos» (Salmo 73:17). En la presencia de Dios se ve el final de la historia.

«Vi yo al impío sumamente ensalzado, y que se extendía como un laurel verde. Empero pasóse, y he aquí no parece… Considera al íntegro, y mira al justo: que la postrimería de cada uno de ellos es paz» (Salmo 37:35-37). Dios tiene sus tiempos. Jesús no prometió una vida sin oposición: «En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).

Qué hacer hoy

  • Lleva el asunto a Dios antes que a nadie. Cuéntale lo que te duele con palabras sencillas. Los Salmos están llenos de oraciones de personas atacadas.
  • Examina tu corazón. Si has fallado, pide perdón. Si no, mantén la conciencia limpia.
  • No respondas con la misma moneda. Ni insultos, ni chismes, ni venganzas. Calla cuando haga falta y habla con verdad cuando corresponda.
  • Ora por quien se enoja contigo. Al principio cuesta; con el tiempo, sana.
  • Busca consejo y protección. Confiar en Dios no significa quedarse en peligro. Si sufres amenazas, acoso o violencia, pide ayuda a personas de confianza y acude a las autoridades. Dios también protege por medio de ellas.

Lee también Fortaleceos en el Señor y Cómo perdonar una traición como Jesús.

Preguntas frecuentes

¿Dónde dice la Biblia «todos los que se enojan contra ti serán avergonzados»? En Isaías 41:11. La Reina-Valera 1909 dice «se airan»; otras versiones, como la Reina-Valera 1960, dicen «se enojan».

¿Es una promesa para hoy? Fue dada a Israel, pero expresa el carácter de Dios con todos los que le pertenecen: «Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

¿Puedo pedir a Dios que avergüence a mis enemigos? Los Salmos expresan con honestidad el deseo de justicia, y puedes llevarle tu dolor a Dios. Pero el camino de Jesús es dejar la justicia en sus manos y orar también por su arrepentimiento.

¿Y si soy yo el que se ha enojado contra alguien fiel? Entonces esta promesa es una advertencia. Aún estás a tiempo de reconciliarte y pedir perdón.

Oración

Padre, tú conoces a quienes se han levantado contra mí, lo que dicen y lo que traman. Conoces también mi miedo y mi rabia. Hoy te los entrego. Gracias porque me escogiste y no me desechaste; porque me tomas de la mano derecha y me dices: no temas, yo te ayudo. Escudríñame: si he dado motivo, muéstramelo y dame humildad para pedir perdón. Si sufro sin causa, guarda mi corazón de la amargura y mi boca de la venganza. Ven, Espíritu Santo, consuélame donde me han herido, dame paz en medio del ruido y fuerza para seguir siendo fiel. Pelea tú mi batalla, porque no es mía. Que ninguna herramienta forjada contra mí prospere, y que ninguna lengua mentirosa tenga la última palabra. Te pido también por quienes me atacan: que te encuentren y que su vergüenza termine en arrepentimiento y vida. Que mi rostro no sea avergonzado, porque en ti espero. En el nombre de Jesús. Amén.