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Oración

Cómo orar a Dios cuando estamos cansados

Hay días en que el cansancio pesa más que cualquier otra cosa. Cansancio del cuerpo después de largas jornadas de trabajo. Cansancio emocional por los problemas familiares, las deudas o una enfermedad. Cansancio espiritual de quien ha servido mucho, ha orado mucho y siente que ya no le quedan fuerzas. En esos momentos, incluso orar puede parecer una tarea más. Nos sentimos culpables por no tener ganas, por quedarnos dormidos en medio de la oración o por no saber qué decir. La buena noticia es que Dios no espera de nosotros una oración perfecta cuando estamos agotados. Él conoce nuestra fragilidad y nos invita a venir tal como estamos. En este artículo veremos cómo orar cuando estamos cansados, qué nos enseña Jesús al respecto y algunas oraciones sencillas para esos días.

Dios conoce nuestro cansancio

La Biblia no idealiza al ser humano. Reconoce que nos cansamos. «Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo» (Salmo 103:14). Dios no se sorprende de nuestro agotamiento ni nos desprecia por él. Por medio del profeta Isaías, dejó una de las promesas más hermosas para los cansados:

«El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: Mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»

Isaías 40:29-31

Fíjate en el orden: primero Dios da esfuerzo al cansado; después promete que los que esperan en Él renovarán sus fuerzas. No se trata de sacar fuerzas de donde no hay, sino de recibirlas de Él.

Jesús también se cansó

El Hijo de Dios, al hacerse hombre, experimentó el cansancio humano. El Evangelio de Juan cuenta que, viajando por Samaria, «Jesús, cansado del camino, así se sentó a la fuente» (Juan 4:6). En otra ocasión dormía profundamente en la barca en medio de la tormenta (Marcos 4:38). Y cuando sus discípulos regresaron agotados de su misión, Jesús no les exigió más trabajo; les dijo:

«Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.»

Marcos 6:31

Jesús sabe lo que es estar cansado, y por eso puede compadecerse de nosotros (Hebreos 4:15). Él mismo se apartaba a lugares solitarios para orar y descansar en el Padre (Lucas 5:16).

La invitación de Jesús a los cansados

Quizá no haya palabras más consoladoras para un corazón agotado que estas:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.»

Mateo 11:28-30

Jesús no dice «esfuérzate más» ni «ora mejor». Dice «venid a mí». La oración del cansado no tiene que ser elaborada; basta con acercarse. Él promete descanso, no solo para el cuerpo, sino para el alma. Su yugo es fácil porque no lo llevamos solos: Él camina a nuestro lado y carga con lo más pesado.

Moisés y los brazos cansados

Durante una batalla contra los amalecitas, Moisés subió a un monte y levantó sus manos hacia Dios. Mientras tenía las manos levantadas, Israel prevalecía; cuando las bajaba por el cansancio, prevalecía el enemigo. Entonces Aarón y Hur tomaron una piedra, sentaron a Moisés sobre ella y le sostuvieron los brazos, uno de un lado y otro del otro, hasta que se puso el sol (Éxodo 17:11-12). Es una imagen preciosa: cuando estamos demasiado cansados para orar, necesitamos que otros nos sostengan. Pide a tus hermanos en la fe que oren por ti y contigo. Puedes escribirnos en Pide tu oración y oraremos por ti.

Cuando no hay palabras

En los días de mayor agotamiento, no necesitas largas oraciones. El apóstol Pablo nos recuerda que «el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles» (Romanos 8:26). Un suspiro dirigido a Dios ya es oración. Estar en silencio en su presencia también lo es. El Salmo 62 lo expresa así: «En Dios solamente está callada mi alma: de él viene mi salud… Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza» (Salmo 62:1, 5). Y el Salmo 131 presenta la imagen de un niño en brazos de su madre: «En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre» (Salmo 131:2). No hace falta hablar; basta con descansar en sus brazos.

Oraciones breves para días de cansancio

A lo largo de la historia, los cristianos han usado oraciones cortas que se pueden repetir con la respiración, mientras se camina o antes de dormir. Algunas vienen directamente de la Biblia:

«Señor, ayúdame» (Mateo 15:25). «Señor, ten misericordia de mí» (Lucas 18:13). «Jehová es mi pastor; nada me faltará» (Salmo 23:1). «En tus manos encomiendo mi espíritu» (Salmo 31:5). «Bástate mi gracia», recordando la respuesta de Dios a Pablo (2 Corintios 12:9). Y la antigua «oración de Jesús», muy amada en la tradición cristiana oriental: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí». Repetidas con calma, estas oraciones aquietan el corazón y nos recuerdan que no estamos solos.

Orar con los Salmos

Cuando tus propias palabras se agotan, presta las de los Salmos. Fueron escritos por personas que conocieron el cansancio, el miedo y la tristeza. Lee despacio el Salmo 23, el 46, el 62, el 91, el 121 o el 131, y haz tuyas sus palabras. No necesitas leer mucho; un solo versículo meditado puede sostenerte todo el día.

El descanso también es espiritual

A veces el cansancio no se resuelve solo con más oración, sino con descanso. Dios estableció el día de reposo desde la creación (Génesis 2:2-3) y lo incluyó en los Diez Mandamientos. Descansar no es pereza ni falta de fe; es reconocer que no somos nosotros quienes sostenemos el mundo. Elías, agotado, necesitó comer y dormir antes de escuchar la voz de Dios (1 Reyes 19:5-8). Cuida tu sueño, tu alimentación, tus momentos de pausa. Lee Cómo superar el insomnio. Y si el agotamiento es constante, te quita el ánimo para todo o viene acompañado de tristeza profunda, consulta a un médico: puede haber causas físicas o emocionales que necesitan atención. Lee Cómo luchar contra la depresión con la Biblia.

Cansados de hacer el bien

Hay un cansancio especial: el de quienes cuidan a un enfermo, sirven en la iglesia, crían hijos o sostienen a su familia sin ver resultados. A ellos Pablo les dice: «No nos cansemos, pues, de hacer bien; que a su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado» (Gálatas 6:9). Y Hebreos aconseja mirar a Jesús: «Reducid pues a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tales contradicciones de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando» (Hebreos 12:3). Tu servicio no es en vano. Aunque el cuerpo se canse, «el interior empero se renueva de día en día» (2 Corintios 4:16). Pero recuerda también pedir ayuda y compartir la carga: incluso Moisés necesitó a Aarón y a Hur.

No te culpes por quedarte dormido

Muchos creyentes se sienten mal porque se duermen mientras oran. Recuerda que en Getsemaní los discípulos se durmieron mientras Jesús oraba, y Él, aun en su angustia, los comprendió: «el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma» (Mateo 26:41). Dios no lleva una lista de tus oraciones interrumpidas. Si te duermes hablando con Él, te duermes en sus brazos. Un padre no se ofende cuando su hijo se queda dormido en su regazo; se conmueve. Aprovecha los momentos en que estás más despierto para orar con calma, y en los de mayor cansancio confórmate con una frase sencilla. Lo importante no es la cantidad de palabras, sino un corazón que se vuelve hacia Dios. Con el tiempo descubrirás que la oración, en lugar de ser una carga más, se convierte en el lugar donde recuperas las fuerzas para todo lo demás.

Oraciones para hacer tuyas

Al empezar un día pesado: «Señor, apenas amanece y ya estoy cansado. No sé cómo voy a llegar a la noche. No te pido fuerzas para toda la semana: dame las de hoy. Ven, Espíritu Santo, y camina conmigo tarea por tarea. Amén».

En medio del trabajo: «Jesús, tú también te sentaste cansado junto a un pozo, al mediodía. Siéntate un momento conmigo aquí, en medio de todo. Dame de esa agua viva tuya, porque la mía se acabó. Amén».

Cuando siento que no puedo más: «Padre, vengo como tú dijiste que viniera: trabajado y cargado. No traigo nada más. Suelto este peso a tus pies porque ya no puedo con él. Ven, Espíritu Santo, y sé mi descanso por dentro. Sostenme tú. Amén».

Al terminar el día: «Señor, llegué. Gracias por haberme sostenido cuando creí que no llegaba. Lo que quedó sin hacer, lo dejo en tus manos; no me pertenece esta noche. Dame un sueño que repare, y mañana, misericordias nuevas. Amén».

Oración final

Señor Jesús, hoy no traigo palabras bonitas. Traigo cansancio. Un cansancio que no se quita durmiendo: el de llevar mucho tiempo sosteniendo cosas, cuidando a otros, aparentando que puedo. Tú lo conoces; te sentaste agotado junto a un pozo y te quedaste dormido en una barca en plena tormenta. No me regañas por estar así. Me dices: «Ven». Aquí vengo. Ven, Espíritu Santo, y sé descanso en mí, como agua para la tierra seca. Renueva mis fuerzas, no para hacer más, sino para estar contigo. Enséñame a soltar lo que no me toca cargar. Y cuando mis brazos ya no puedan levantarse, pon a mi lado un Aarón y un Hur que los sostengan, y dame humildad para dejarme ayudar. Si me quedo dormido orando, que me duerma en tus brazos. Tu yugo es fácil y tu carga, ligera. En ti descansa mi alma. Amén.