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Episodio 7 de 34

Abraham, el padre de la fe

Pasaje
Génesis 12–25
Protagonistas
Abraham, Sara, Lot, Agar, Ismael
Lugar
Ur, Harán, Canaán, Egipto, Hebrón, Moriah
Época
c. 2000 a. C.

Después de la dispersión de Babel, la Biblia enfoca su mirada en un solo hombre. Mientras las naciones se extendían por la tierra, Dios llamó a Abram, un habitante de Mesopotamia, para comenzar a través de él una historia de salvación que alcanzaría a todas las familias de la tierra. Abraham es considerado el padre de la fe y es honrado por judíos, cristianos y musulmanes. Su vida, narrada en Génesis 12 al 25, está llena de promesas, pruebas, errores y encuentros con Dios.

«Empero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.»

Génesis 12:1-3

El llamado: «Vete de tu tierra»

Abram vivía con su familia en Harán, después de haber salido de Ur de los caldeos. Josué 24:2 recuerda que Taré, su padre, servía a otros dioses. Abram no creció en un hogar que adorara al Dios verdadero. Sin embargo, Dios lo llamó a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para ir a una tierra que Él le mostraría.

La promesa tenía varias partes: una nación grande, bendición, un nombre engrandecido y, sobre todo, que en él serían benditas todas las familias de la tierra. Es la respuesta de Dios a Babel: los hombres querían hacerse un nombre; Dios promete engrandecer el nombre de Abram. Los pueblos habían sido dispersados; Dios promete bendecirlos a todos por medio de él.

«Y se fue Abram, como Jehová le dijo» (Génesis 12:4). Tenía setenta y cinco años. Hebreos lo resume así: «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba» (Hebreos 11:8).

En la tierra de Canaán

Abram llegó a Canaán con su esposa Sarai, su sobrino Lot y sus siervos. En Siquem, junto al encino de More, Dios le apareció y le prometió: «A tu simiente daré esta tierra». Abram edificó allí un altar. Luego acampó entre Betel y Hai, y edificó otro altar e invocó el nombre de Jehová. A lo largo de su vida, Abram fue dejando altares allí donde llegaba: señales de adoración en una tierra que todavía no poseía.

Errores en el camino

La Biblia no presenta a Abram como un héroe perfecto. Cuando hubo hambre en Canaán, descendió a Egipto y, por miedo, pidió a Sarai que dijera que era su hermana. Faraón la tomó en su casa, y Dios intervino para protegerla. Abram repetiría el mismo error años después en Gerar. La fe de Abraham creció a través de caídas y aprendizajes. Dios fue fiel aun cuando Abram no lo fue.

Lot y la generosidad de Abram

Abram y Lot se enriquecieron tanto que sus pastores comenzaron a pelear. Abram, siendo el mayor, dejó que Lot escogiera primero. Lot eligió la llanura del Jordán, bien regada, cerca de Sodoma. Abram se quedó en Canaán y se estableció en el encinar de Mamre, en Hebrón. Más tarde, cuando Lot fue llevado cautivo por unos reyes, Abram lo rescató con trescientos dieciocho criados.

Melquisedec

Al regresar de esa batalla, Abram fue recibido por un personaje misterioso: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Melquisedec sacó pan y vino, bendijo a Abram, y Abram le dio los diezmos de todo (Génesis 14:18-20). Salem se identifica tradicionalmente con Jerusalén. El Salmo 110 y la carta a los Hebreos presentan a Jesús como sacerdote «según el orden de Melquisedec» (Hebreos 7).

El pacto: mira las estrellas

Abram seguía sin hijos y temía que su heredero fuera un siervo, Eliezer de Damasco. Entonces Dios lo sacó fuera y le dijo que mirara al cielo y contara las estrellas, si podía: «Así será tu simiente».

«Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia.»

Génesis 15:6

Este versículo es uno de los más importantes de toda la Biblia. Pablo lo cita en Romanos 4 y Gálatas 3 para explicar que la justificación es por la fe. Abram fue declarado justo no por sus obras, sino por creer en la promesa de Dios. Luego Dios hizo un pacto con él mediante un antiguo rito: animales partidos por la mitad, y una antorcha de fuego que pasó entre ellos. Solo Dios pasó entre las mitades, mostrando que Él mismo garantizaba la promesa.

Agar e Ismael

Cansada de esperar, Sarai propuso a Abram que tuviera un hijo con su sierva egipcia Agar, según una costumbre de la época. Nació Ismael. Pero surgieron celos y conflictos, y Agar huyó al desierto. Allí el ángel de Jehová la encontró, y ella llamó a Dios «el Dios que me ve» (Génesis 16:13). Dios también prometió bendecir a Ismael y hacer de él una gran nación. La historia muestra las consecuencias de intentar cumplir las promesas de Dios por medios humanos, y también la compasión de Dios con los que sufren.

Abraham y Sara: nombres nuevos

Cuando Abram tenía noventa y nueve años, Dios le apareció como el Dios Todopoderoso (El Shaddai), confirmó el pacto y cambió su nombre: ya no sería Abram, «padre enaltecido», sino Abraham, «padre de muchedumbre de gentes». Sarai pasó a llamarse Sara, «princesa». Dios estableció la circuncisión como señal del pacto y prometió que Sara tendría un hijo. Abraham se rió, y más tarde también Sara se rió al escucharlo. Por eso el niño se llamaría Isaac, que significa «risa».

Visitantes en Mamre e intercesión por Sodoma

Un día, junto al encinar de Mamre, Abraham recibió a tres visitantes y los atendió con generosa hospitalidad. Hebreos 13:2 recuerda que algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Uno de ellos era el Señor, que anunció el nacimiento de Isaac: «¿Hay para Dios alguna cosa difícil?» (Génesis 18:14). Luego Abraham intercedió por Sodoma, pidiendo que Dios la perdonara si había cincuenta justos, y fue bajando hasta diez. Es una de las intercesiones más audaces de la Biblia. No se hallaron diez justos, pero Dios rescató a Lot.

El nacimiento de Isaac

Finalmente, cuando Abraham tenía cien años y Sara noventa, nació Isaac. Sara dijo: «Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo» (Génesis 21:6). La promesa, que había tardado veinticinco años, se cumplió. Dios es fiel, aunque su tiempo no coincida con el nuestro.

La prueba suprema: el monte Moriah

Años después, Dios probó a Abraham con una orden desconcertante: «Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto» (Génesis 22:2). Abraham se levantó de mañana y partió. Isaac cargó la leña y preguntó: «¿Dónde está el cordero para el holocausto?». Abraham respondió: «Dios se proveerá de cordero».

Cuando Abraham extendió la mano, el ángel de Jehová lo detuvo. Abraham vio un carnero trabado en un zarzal y lo ofreció en lugar de su hijo. Llamó a aquel lugar «Jehová proveerá». Hebreos explica que Abraham pensaba que Dios era poderoso para levantar a Isaac aun de entre los muertos (Hebreos 11:19). La Biblia deja claro, por medio de la ley y los profetas, que Dios rechaza los sacrificios humanos; este relato muestra la fe total de Abraham y anuncia un sacrificio mayor.

Últimos años

Sara murió a los ciento veintisiete años, y Abraham compró la cueva de Macpela, en Hebrón, para sepultarla. Fue la primera propiedad de la familia en la tierra prometida. Luego envió a su siervo a buscar esposa para Isaac. Abraham murió a los ciento setenta y cinco años, «en buena vejez», y fue sepultado por Isaac e Ismael junto a Sara.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Ur, Harán, Siquem, Betel, Hebrón, Beerseba, Monte Moriah, EgiptoMar MediterráneoHaránSiquemBetelMonte MoriahHebrónBeersebaUrEgipto100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Ur de los caldeos: en el sur de Irak (Tell el-Muqayyar), una ciudad próspera con un gran zigurat.

Harán: en el sureste de Turquía, cerca de la frontera con Siria.

Siquem, Betel y Hai: en la región montañosa central de Canaán, donde Abraham edificó altares.

Hebrón y el encinar de Mamre: al sur de Jerusalén. Allí está la cueva de Macpela, venerada hoy como la Tumba de los Patriarcas.

Monte Moriah: según 2 Crónicas 3:1, el lugar donde Salomón edificó el templo en Jerusalén.

Egipto, Gerar y Beerseba: lugares de su peregrinaje en el sur.

Datos interesantes

Amigo de Dios: Abraham es el único hombre llamado así en la Biblia (Isaías 41:8; Santiago 2:23).

Padre de tres religiones: judíos, cristianos y musulmanes reconocen a Abraham como padre de la fe.

Veinticinco años de espera: desde la promesa hasta el nacimiento de Isaac.

Primera compra de tierra: la cueva de Macpela, por cuatrocientos siclos de plata.

Gálatas 3:8: Pablo dice que la promesa a Abraham fue el Evangelio anunciado de antemano.

Nuevos nombres: Abram pasó a Abraham y Sarai a Sara, señal de una nueva identidad en el pacto.

Lecciones para nuestra vida

La fe obedece sin ver todo el camino. Dios cumple sus promesas, aunque tarden. Los atajos humanos traen complicaciones. La generosidad refleja confianza en Dios. La intercesión es poderosa. Dios provee en el momento preciso.

Camino a Jesús

La historia de Abraham apunta a Jesús de muchas maneras. Mateo comienza su evangelio diciendo que Jesús es «hijo de Abraham». En Cristo se cumple la promesa de que todas las familias de la tierra serían benditas. Melquisedec, con su pan y su vino, anuncia al Sumo Sacerdote eterno. Y en el monte Moriah, un padre ofreció a su hijo amado, que cargaba la leña; allí Dios proveyó un sustituto. Siglos después, en ese mismo entorno de Jerusalén, el Padre no detuvo la mano: entregó a su Hijo unigénito, que cargó su cruz. Jesús es el Cordero que Dios proveyó. Él mismo dijo: «Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vio, y se gozó» (Juan 8:56).

En el próximo episodio conoceremos a Isaac, el hijo de la promesa.

Oración

Dios de Abraham, dame una fe que obedezca aunque no vea todo el camino. Enséñame a esperar tus promesas, a dejar altares de adoración por donde pase y a confiar en que tú proveerás. Gracias por Jesucristo, el Cordero que tú mismo proveíste. Amén.