Isaac, el hijo de la promesa
- Pasaje
- Génesis 21–27
- Protagonistas
- Isaac, Rebeca, Esaú, Jacob
- Lugar
- Beerseba, Moriah, Gerar, Neguev
- Época
- Época patriarcal
Entre dos gigantes de la fe, Abraham y Jacob, aparece Isaac, un patriarca más callado y menos espectacular. Su historia ocupa menos capítulos, y a menudo se le recuerda solo como el hijo que casi fue sacrificado o como el padre engañado por Jacob. Sin embargo, Isaac es una pieza fundamental del plan de Dios: es el hijo de la promesa, el heredero del pacto y el eslabón por el cual la bendición de Abraham pasa a las siguientes generaciones. Su vida nos enseña que Dios también obra a través de personas sencillas, pacientes y pacíficas.
El hijo de la risa
Isaac nació cuando su padre tenía cien años y su madre noventa. Su nombre, Yitsjak, significa «él ríe». Abraham se rió cuando Dios anunció que tendría un hijo; Sara se rió detrás de la puerta de la tienda; y cuando nació, Sara dijo que todos se reirían con ella. La risa de la incredulidad se transformó en la risa del gozo. Isaac es un recordatorio viviente de que para Dios no hay nada imposible.
«Y VISITÓ Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y concibió y parió Sara a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le parió Sara, Isaac.»
Génesis 21:1-3
Isaac e Ismael
En la fiesta del destete de Isaac, Sara vio a Ismael, hijo de Agar, burlándose, y pidió a Abraham que expulsara a la sierva y a su hijo. Abraham se entristeció, pero Dios le dijo que en Isaac le sería llamada descendencia, y que también de Ismael haría una nación. Agar e Ismael vagaron por el desierto de Beerseba, y cuando se acabó el agua, Dios oyó la voz del muchacho y abrió los ojos de Agar para que viera un pozo. Dios estuvo con Ismael, que creció en el desierto de Parán. Pablo usaría más tarde esta historia como alegoría de dos pactos (Gálatas 4:21-31).
En el altar del monte Moriah
El episodio más conocido de la vida de Isaac ocurre cuando Dios pide a Abraham que lo ofrezca en el monte Moriah. Isaac no era un niño pequeño: podía cargar la leña del holocausto. Muchos comentaristas han observado que, siendo joven y fuerte, pudo haber resistido a su anciano padre, pero no lo hizo. Su pregunta —«¿Dónde está el cordero?»— y su silencio al ser atado sobre el altar hablan de confianza y sumisión. Dios detuvo la mano de Abraham y proveyó un carnero. Isaac descendió del monte como quien recibe la vida de nuevo.
Una esposa para Isaac: Rebeca
Génesis 24 es el capítulo más largo del libro y cuenta una hermosa historia de providencia. Abraham envió a su siervo más antiguo a su tierra, a Mesopotamia, para buscar una esposa para Isaac entre su parentela. El siervo llegó a la ciudad de Nacor con diez camellos y oró junto a un pozo: pidió que la joven que le diera de beber a él y también ofreciera agua a los camellos fuera la elegida.
Antes de que terminara de orar, salió Rebeca con su cántaro. Le dio de beber y ofreció sacar agua para todos los camellos, una tarea enorme, ya que un camello sediento puede beber muchísima agua. El siervo adoró a Dios por haber guiado su camino. Rebeca aceptó ir con él con una decisión valiente: «Sí, iré» (Génesis 24:58).
«Y había salido Isaac a orar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; Porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y cubrióse. Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. E introdújola Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre.»
Génesis 24:63-67
Isaac había salido a meditar al campo al caer la tarde. Es un detalle que revela su carácter contemplativo. Levantó los ojos y vio venir los camellos. Tomó a Rebeca por esposa, la amó y se consoló después de la muerte de su madre. Es una de las primeras veces que la Biblia menciona explícitamente el amor de un hombre por su esposa.
Oración por la esterilidad
Como Sara, Rebeca tampoco podía tener hijos. Isaac se casó a los cuarenta años, y durante veinte años esperaron. «Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y aceptólo Jehová» (Génesis 25:21). Isaac no recurrió a una sierva como había hecho su padre; oró. Rebeca concibió gemelos, que luchaban dentro de ella. Dios le reveló que de ella saldrían dos naciones, y que el mayor serviría al menor. Nacieron Esaú, rubio y velludo, y Jacob, agarrado del talón de su hermano.
Los pozos de la paz
En tiempo de hambre, Dios le dijo a Isaac que no bajara a Egipto, sino que permaneciera en la tierra, y le confirmó la promesa hecha a Abraham. Isaac se estableció en Gerar, en la tierra de los filisteos. Allí repitió el error de su padre: dijo que Rebeca era su hermana. Aun así, Dios lo bendijo: sembró y cosechó ciento por uno.
Su prosperidad despertó la envidia de los filisteos, que habían cegado los pozos que Abraham había cavado. Isaac volvió a abrirlos. Cuando cavó nuevos pozos, los pastores de Gerar los reclamaban. Isaac no peleó: se apartó y cavó otro. Llamó a los pozos Esek («contienda»), Sitna («enemistad») y, finalmente, Rehobot («amplitud»), diciendo: «Porque ahora nos ha hecho ensanchar Jehová» (Génesis 26:22). Isaac es un ejemplo de mansedumbre. Finalmente, el rey Abimelec vino a hacer un pacto de paz con él, reconociendo que Dios estaba con él.
La bendición robada
Ya anciano y casi ciego, Isaac quiso bendecir a Esaú, su preferido. Rebeca, que prefería a Jacob, ideó un plan: vistió a Jacob con la ropa de Esaú, le puso pieles de cabrito en las manos y el cuello, y le preparó un guiso. Isaac dudó —«La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú»—, pero finalmente lo bendijo. Cuando llegó Esaú, Isaac se estremeció grandemente al descubrir el engaño, pero reconoció que la bendición ya había sido dada.
La familia de Isaac muestra los daños del favoritismo: un padre prefería a un hijo y una madre al otro. El resultado fue engaño, rencor y separación. Sin embargo, Dios cumplió su propósito aun en medio de esas fallas humanas, tal como había anunciado a Rebeca antes del nacimiento. Hebreos 11:20 dice: «Por fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas que habían de ser».
Muerte de Isaac
Isaac vivió ciento ochenta años, más que Abraham. Antes de morir, vio regresar a Jacob después de veinte años en Harán. Murió en Mamre, en Hebrón, y sus dos hijos, Esaú y Jacob, reconciliados, lo sepultaron en la cueva de Macpela, junto a Abraham y Sara.
Lugares de la historia
Beerseba: en el desierto del Neguev, al sur de Israel. Su nombre significa «pozo del juramento» o «pozo de los siete». Hoy es una ciudad moderna, y Tel Beerseba es sitio arqueológico y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Monte Moriah: el lugar del sacrificio, identificado con el monte del templo en Jerusalén.
La ciudad de Nacor: en Aram-naharaim (Mesopotamia), donde el siervo encontró a Rebeca.
Beer-lajai-roi: el pozo en el Neguev donde Isaac habitó; el mismo lugar donde Dios había visto a Agar.
Gerar: en la región filistea, entre Gaza y Beerseba, donde Isaac cavó sus pozos.
Hebrón: donde murió y fue sepultado en la cueva de Macpela.
Datos interesantes
El patriarca más longevo: vivió 180 años, más que Abraham (175) y Jacob (147).
No salió de la tierra prometida: a diferencia de Abraham y Jacob, Isaac nunca salió de Canaán.
El capítulo más largo: Génesis 24, la búsqueda de Rebeca, es el más extenso de Génesis.
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob: Dios se presentó con este título a Moisés (Éxodo 3:6), y Jesús lo usó para enseñar la resurrección (Mateo 22:32).
El primer gemelo: Esaú y Jacob son los primeros gemelos mencionados en la Biblia.
Meditación: Génesis 24:63 es la primera vez que la Biblia menciona que alguien salió a meditar.
Lecciones para nuestra vida
Dios cumple lo imposible: Isaac nació contra toda expectativa humana. La oración es mejor que los atajos: Isaac oró por Rebeca en lugar de buscar otras soluciones. La mansedumbre abre caminos: Isaac cedió sus pozos hasta que Dios le dio amplitud. El favoritismo daña a la familia. Dios cumple su propósito aun a través de nuestras fallas. Una vida sencilla también es valiosa: no todos son llamados a grandes hazañas, pero todos pueden ser fieles.
Camino a Jesús
Isaac es una de las figuras más claras de Cristo en el Antiguo Testamento. Fue el hijo prometido, nacido de manera milagrosa. Fue el hijo «único» y amado que subió al monte cargando la leña, como Jesús cargó su cruz. Se dejó atar sobre el altar sin resistirse, como Jesús fue «como cordero llevado al matadero». Y descendió del monte con vida, como en figura de resurrección, dice Hebreos 11:19. Además, así como el siervo fue a buscar una esposa para el hijo, muchos han visto en Génesis 24 una imagen del Espíritu Santo que prepara a la Iglesia, la esposa de Cristo.
En el próximo episodio conoceremos a Jacob, el hijo de Isaac, cuya vida de luchas terminó con un nuevo nombre: Israel.
Oración
Dios de Isaac, gracias porque para ti no hay nada imposible. Dame un corazón manso que no pelee por los pozos, sino que confíe en que tú me darás amplitud. Enséñame a orar antes que buscar atajos y a meditar en tu presencia. Gracias por Jesucristo, el Hijo amado que se entregó por mí. Amén.