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Episodio 10 de 34

José, de esclavo a gobernador

Pasaje
Génesis 37–50
Protagonistas
José, sus hermanos, Faraón
Lugar
Canaán, Dotán, Egipto, Gosén
Época
Época patriarcal

La historia de José es una de las más apasionantes de toda la Biblia. Tiene todos los elementos de una gran novela: un hijo favorito, hermanos envidiosos, una túnica de colores, sueños proféticos, una venta como esclavo, una tentación rechazada, una cárcel injusta, un ascenso inesperado, una hambruna mundial y un reencuentro familiar lleno de lágrimas. Pero, sobre todo, es la historia de cómo Dios obra en lo oculto para convertir el mal en bien. Ocupa los últimos catorce capítulos del Génesis, del 37 al 50.

El hijo amado y sus sueños

José era el hijo de Raquel, la esposa amada de Jacob, y nació cuando Jacob ya era mayor. «E Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque le había tenido en su vejez: y le hizo una ropa de diversos colores» (Génesis 37:3). Aquella túnica era una señal de preferencia que despertó la envidia de sus hermanos, que no podían hablarle pacíficamente.

José tuvo dos sueños. En el primero, las gavillas de sus hermanos se inclinaban ante la suya. En el segundo, el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Al contarlos, sus hermanos lo aborrecieron aún más, y hasta su padre lo reprendió, aunque «guardaba esto en su corazón».

Vendido por sus hermanos

Un día Jacob envió a José a ver cómo estaban sus hermanos, que apacentaban las ovejas. Los encontró en Dotán. Al verlo venir de lejos, dijeron: «He aquí viene el soñador». Planearon matarlo, pero Rubén propuso echarlo en una cisterna vacía, con la intención de rescatarlo después. Le quitaron la túnica y lo echaron en el pozo.

Mientras comían, pasó una caravana de ismaelitas que llevaba especias a Egipto. Judá propuso venderlo, y lo vendieron por veinte piezas de plata. Luego mancharon la túnica con sangre de un cabrito y la enviaron a su padre. Jacob, creyendo que una fiera había devorado a su hijo, rasgó sus vestidos y lloró inconsolable.

En casa de Potifar

En Egipto, José fue vendido a Potifar, oficial de Faraón y capitán de la guardia. «Mas Jehová fue con José, y fue varón prosperado» (Génesis 39:2). Potifar lo puso a cargo de toda su casa. Pero la esposa de Potifar puso sus ojos en él y lo acosó día tras día. José se negó con una frase que revela su integridad: «¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?» (Génesis 39:9). Un día ella lo agarró de la ropa, y José huyó dejando su manto. Ella lo acusó falsamente, y José fue a la cárcel.

En la cárcel: fiel en lo poco

Aun en la prisión, «Jehová fue con José, y extendió a él su misericordia». El jefe de la cárcel lo puso a cargo de los demás presos. Allí interpretó los sueños del copero y del panadero de Faraón: el copero sería restituido y el panadero ejecutado. Todo sucedió así. José pidió al copero que se acordara de él, «mas el principal de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó». Pasaron dos años más.

Ante Faraón: de la cárcel al palacio

Faraón tuvo dos sueños que nadie podía interpretar: siete vacas gordas devoradas por siete vacas flacas, y siete espigas llenas devoradas por siete espigas menudas. Entonces el copero se acordó de José. Lo sacaron de la cárcel, lo afeitaron, le cambiaron la ropa y lo presentaron ante Faraón. José dijo con humildad: «No está en mí: Dios será el que responda paz a Faraón».

Explicó que vendrían siete años de abundancia y siete de hambre, y aconsejó almacenar la quinta parte de las cosechas. Faraón reconoció: «¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien haya espíritu de Dios?». Lo nombró gobernador sobre toda la tierra de Egipto. José tenía treinta años. Había pasado trece años entre la esclavitud y la cárcel.

Los hermanos en Egipto

Llegó el hambre, y también afectó a Canaán. Jacob envió a diez de sus hijos a Egipto a comprar trigo, pero se quedó con Benjamín. Los hermanos se inclinaron ante el gobernador sin reconocerlo: se cumplía el sueño de José. José los reconoció, les habló con dureza y los probó. Los acusó de espías, retuvo a Simeón y exigió que trajeran a Benjamín.

Cuando regresaron con Benjamín, José los recibió en su casa. Al ver a su hermano menor, se conmovió y salió a llorar en secreto. Luego puso su copa de plata en el costal de Benjamín y, cuando la encontraron, dijo que Benjamín se quedaría como esclavo. Entonces Judá, el mismo que había propuesto vender a José, se ofreció a quedarse como esclavo en lugar de Benjamín para no causar la muerte de su padre. Los hermanos habían cambiado.

«Yo soy José»

José ya no pudo contenerse. Hizo salir a todos los egipcios y, llorando a gritos, dijo: «Yo soy José: ¿vive aún mi padre?». Sus hermanos quedaron aterrados. Pero José les dijo:

«Entonces dijo José a sus hermanos: Llegaos ahora a mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.»

Génesis 45:4-5

José abrazó a Benjamín y lloró, y besó a todos sus hermanos. Invitó a toda la familia de Jacob a vivir en Egipto. Cuando Jacob supo que José vivía, su espíritu revivió: «Basta; José mi hijo vive todavía: iré, y le veré antes que yo muera». El reencuentro entre padre e hijo, después de veintidós años, fue profundamente emotivo. Setenta personas de la casa de Jacob se establecieron en la tierra de Gosén.

«Dios lo encaminó a bien»

Después de la muerte de Jacob, los hermanos temieron que José se vengara. Pero José lloró y pronunció una de las frases más importantes de la Biblia sobre la providencia de Dios:

«Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.»

Génesis 50:20

José murió a los ciento diez años. Antes de morir, hizo jurar a los israelitas que llevarían sus huesos a la tierra prometida. Siglos después, Moisés cumplió ese juramento (Éxodo 13:19), y sus restos fueron sepultados en Siquem (Josué 24:32).

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Hebrón, Siquem, Dotán, Gosén, MenfisDotánSiquemHebrónGosénMenfis100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Hebrón: donde vivía Jacob cuando envió a José a buscar a sus hermanos.

Dotán: al norte de Siquem, en una ruta comercial hacia Egipto; allí fue vendido José. Se identifica con Tel Dotán, en Cisjordania.

Egipto: el gran imperio del Nilo, donde José fue esclavo, prisionero y gobernador.

Gosén: una región fértil en el delta oriental del Nilo, donde se estableció la familia de Jacob.

Siquem: donde finalmente fueron sepultados los huesos de José.

Datos interesantes

Nombre egipcio: Faraón le dio el nombre de Zafnat-panea y le dio por esposa a Asenat, hija de un sacerdote de On (Heliópolis).

Dos hijos, dos tribus: Manasés y Efraín, sus hijos, fueron adoptados por Jacob y se convirtieron en dos tribus de Israel.

Veinte piezas de plata: el precio de un esclavo joven en esa época.

Trece años de prueba: vendido a los diecisiete, gobernador a los treinta.

Judá cambió: el que propuso vender a José se ofreció a ser esclavo en lugar de Benjamín.

Integridad sexual: la respuesta de José ante la tentación es un modelo citado a lo largo de los siglos.

Lecciones para nuestra vida

El favoritismo y la envidia destruyen familias. Dios está con nosotros aun en la esclavitud y en la cárcel. La integridad vale más que la comodidad. La fidelidad en lo poco prepara para lo mucho. Los tiempos de Dios son perfectos, aunque parezca que nos olvidan. El perdón puede sanar una familia rota. Dios convierte el mal en bien.

Camino a Jesús

José es una de las figuras más completas de Cristo en el Antiguo Testamento. Fue amado por su padre y rechazado por sus hermanos. Fue vendido por piezas de plata, como Jesús fue entregado por treinta. Fue acusado falsamente y sufrió sin culpa. Estuvo entre dos presos, uno de los cuales fue salvado y el otro no, como Jesús en la cruz entre dos malhechores. Fue exaltado de la humillación a la gloria, y todos se inclinaron ante él. Proveyó pan para salvar al mundo del hambre, como Jesús, el pan de vida. Y perdonó a quienes le hicieron mal. Lo que los hombres pensaron para mal en la cruz, Dios lo encaminó al mayor bien: la salvación de mucho pueblo.

En el próximo episodio haremos una pausa para conocer a Job, un hombre justo que sufrió en gran manera y cuyo libro enfrenta la pregunta más difícil: ¿por qué sufren los justos?

Oración

Señor, como José, a veces no entiendo lo que me sucede. Ayúdame a ser fiel en la cárcel y en el palacio, a rechazar la tentación y a perdonar a quienes me han herido. Creo que tú puedes encaminar a bien lo que otros pensaron para mal. Gracias por Jesucristo, rechazado por los suyos y exaltado para salvarnos. Amén.