Moisés, el libertador
- Pasaje
- Éxodo – Deuteronomio
- Protagonistas
- Moisés, Faraón
- Lugar
- Egipto, Madián, Mar Rojo, Sinaí, monte Nebo
- Época
- c. 1500–1300 a. C.
Moisés es una de las figuras más grandes de toda la historia. Fue libertador, legislador, profeta, líder y mediador entre Dios y su pueblo. Por medio de él, Dios sacó a Israel de la esclavitud en Egipto, abrió el mar Rojo, dio los Diez Mandamientos en el monte Sinaí y guio a su pueblo cuarenta años por el desierto. Su vida se divide en tres etapas de cuarenta años: en el palacio de Egipto, en el desierto de Madián y al frente del pueblo de Israel. Su historia ocupa desde el libro del Éxodo hasta el Deuteronomio.
Un niño salvado de las aguas
Después de la muerte de José, los descendientes de Jacob se multiplicaron en Egipto. Un nuevo faraón, que no conocía a José, temió su crecimiento, los esclavizó y ordenó matar a todos los niños varones hebreos al nacer, arrojándolos al Nilo. Dos parteras, Sifra y Fúa, temieron a Dios y desobedecieron la orden.
En ese tiempo nació un niño de la tribu de Leví. Su madre, Jocabed, lo escondió tres meses. Cuando ya no pudo ocultarlo, hizo una arquilla de juncos, la calafateó con asfalto y la puso entre los juncos a la orilla del río. Su hermana María observaba de lejos. La hija de Faraón bajó a bañarse, vio la arquilla, tuvo compasión del niño y lo adoptó. María ofreció buscar una nodriza hebrea, y así la propia madre del niño lo crió. La princesa lo llamó Moisés, diciendo: «Porque de las aguas lo saqué» (Éxodo 2:10).
Cuarenta años en el palacio
Moisés creció en la corte de Egipto y, según Esteban, «fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos» (Hechos 7:22). Pero no olvidó a su pueblo. Un día vio a un egipcio golpeando a un hebreo, lo mató y lo escondió en la arena. Cuando se supo, tuvo que huir de Faraón. Hebreos dice que escogió «antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado» (Hebreos 11:25).
Cuarenta años en Madián
Moisés huyó a la tierra de Madián, donde defendió a las hijas del sacerdote Jetro junto a un pozo. Se casó con Séfora, una de ellas, tuvo hijos y durante cuarenta años fue pastor de ovejas en el desierto. El príncipe de Egipto se había convertido en un pastor desconocido. Pero Dios estaba preparando al libertador.
La zarza ardiente
Un día, apacentando las ovejas junto al monte Horeb, Moisés vio una zarza que ardía sin consumirse. Al acercarse, Dios lo llamó: «Moisés, Moisés… no te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es». Dios le dijo que había visto la aflicción de su pueblo, había oído su clamor y había descendido para librarlo. Y lo enviaba a él a Faraón.
Moisés presentó excusas: «¿Quién soy yo?», «¿Qué les diré?», «No me creerán», «Soy tardo en el habla». Cuando preguntó el nombre de Dios, recibió una respuesta misteriosa y profunda:
«Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.»
Éxodo 3:14
El nombre divino, relacionado con el verbo «ser», expresa que Dios existe por sí mismo, es eterno, fiel y siempre presente. Dios le dio señales y le concedió a su hermano Aarón como portavoz.
Las diez plagas
Moisés y Aarón se presentaron ante Faraón y le dijeron: «Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo». Faraón se negó y endureció su corazón. Entonces Dios envió diez plagas: el agua convertida en sangre, las ranas, los piojos, las moscas, la peste en el ganado, las úlceras, el granizo, las langostas, las tinieblas y, finalmente, la muerte de los primogénitos. Cada plaga mostraba el poder del Dios de Israel sobre los dioses de Egipto, que eran asociados con el Nilo, el sol, el ganado y la fertilidad.
La Pascua
Antes de la última plaga, Dios ordenó a cada familia israelita sacrificar un cordero sin defecto, poner su sangre en los postes y el dintel de las puertas, y comer su carne asada con panes sin levadura y hierbas amargas, vestidos y listos para salir. Aquella noche, el ángel destructor pasó por Egipto, pero al ver la sangre «pasaba de largo» por las casas de los israelitas. De ahí el nombre de la Pascua, Pésaj, «paso». Faraón finalmente dejó ir al pueblo.
El paso del mar Rojo
Pero Faraón se arrepintió y persiguió a Israel con sus carros. El pueblo quedó atrapado entre el ejército y el mar. Moisés dijo: «No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová». Extendió su vara, Dios envió un fuerte viento oriental toda la noche, las aguas se dividieron e Israel pasó en seco. Cuando los egipcios los siguieron, las aguas volvieron y los cubrieron. Moisés y el pueblo cantaron un cántico de victoria, y María, su hermana, danzó con pandero.
En el desierto: maná y agua de la roca
El viaje por el desierto fue duro, y el pueblo murmuró muchas veces. Dios proveyó maná del cielo cada mañana, codornices, y agua de la roca. Una columna de nube de día y una columna de fuego de noche los guiaban.
El monte Sinaí y los Diez Mandamientos
Tres meses después de salir de Egipto, Israel acampó frente al monte Sinaí. Allí, entre truenos, relámpagos y una espesa nube, Dios hizo un pacto con su pueblo y le dio los Diez Mandamientos, escritos en tablas de piedra.
«Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí.»
Éxodo 20:2-3
Mientras Moisés estaba en el monte, el pueblo construyó un becerro de oro y lo adoró. Moisés intercedió por ellos, dispuesto incluso a ser borrado del libro de Dios en lugar de ellos (Éxodo 32:32). Dios renovó el pacto. Moisés pasó tanto tiempo en la presencia de Dios que su rostro resplandecía. También dirigió la construcción del tabernáculo, el santuario portátil donde Dios habitaría en medio de su pueblo.
Cuarenta años de peregrinaje
Cuando llegaron a la frontera de Canaán, doce espías exploraron la tierra. Diez dieron un informe negativo, y el pueblo, lleno de miedo, se negó a entrar. Solo Josué y Caleb confiaron en Dios. Como consecuencia, esa generación vagó cuarenta años en el desierto. Moisés mismo, en un momento de enojo, golpeó la roca en lugar de hablarle como Dios había mandado, y no se le permitió entrar en la tierra prometida (Números 20:12).
La muerte de Moisés
Al final de su vida, Moisés pronunció los discursos del Deuteronomio, recordando la ley y animando al pueblo a amar a Dios con todo el corazón. Luego subió al monte Nebo, desde donde Dios le mostró toda la tierra prometida. Allí murió, a los ciento veinte años, «sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor» (Deuteronomio 34:7). Dios mismo lo sepultó, y nadie sabe dónde está su sepulcro. La Biblia concluye: «nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara» (Deuteronomio 34:10).
Lugares de la historia
Egipto y el río Nilo: donde nació y creció Moisés, y donde Israel fue esclavo.
Madián: región al este del golfo de Aqaba, en el noroeste de la actual Arabia Saudita.
Monte Horeb o Sinaí: la tradición lo identifica con el Jebel Musa, «monte de Moisés», en la península del Sinaí, Egipto, al pie del cual está el monasterio de Santa Catalina, uno de los más antiguos del mundo. Su ubicación exacta es debatida.
El mar Rojo: el texto hebreo dice Yam Suf, «mar de juncos»; se discute el lugar exacto del cruce.
Monte Nebo: en la actual Jordania, frente a Jericó, desde donde se contempla el valle del Jordán.
Datos interesantes
Tres etapas de cuarenta años: 40 en Egipto, 40 en Madián y 40 en el desierto (Hechos 7:23, 30, 36).
La misma arca: la palabra hebrea para la arquilla de Moisés es la misma que se usa para el arca de Noé.
Autor de la Torá: la tradición atribuye a Moisés los cinco primeros libros de la Biblia, el Pentateuco.
En la transfiguración: Moisés apareció junto a Elías hablando con Jesús (Lucas 9:30-31).
El hombre más manso: Números 12:3 dice que Moisés era muy manso, más que todos los hombres de la tierra.
El Salmo 90: es atribuido a Moisés, el salmo más antiguo según la tradición.
Lecciones para nuestra vida
Dios protege y prepara: desde el Nilo hasta Madián, Dios formó a Moisés. Dios usa a los que se sienten incapaces. Dios escucha el clamor de los oprimidos. La obediencia importa, aun para los grandes líderes. La intercesión cambia la historia. Pasar tiempo con Dios transforma el rostro y la vida.
Camino a Jesús
Moisés anunció: «Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios: a él oiréis» (Deuteronomio 18:15). Los apóstoles vieron en Jesús a ese profeta (Hechos 3:22). Como Moisés, Jesús fue salvado de un rey que mataba niños; ayunó cuarenta días; dio la ley en un monte; alimentó al pueblo con pan en el desierto e intercedió por su pueblo. Pero Jesús es mayor: Moisés fue siervo fiel en la casa de Dios; Cristo es el Hijo sobre su casa (Hebreos 3:5-6). Y el cordero de la Pascua señalaba al verdadero Cordero: «nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros» (1 Corintios 5:7). «La ley por Moisés fue dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha» (Juan 1:17).
En el próximo episodio conoceremos a Aarón y a María, los hermanos de Moisés.
Oración
Señor, YO SOY EL QUE SOY, gracias porque escuchas el clamor de los oprimidos y desciendes para librar. Cuando me sienta incapaz, recuérdame que tú estás conmigo. Gracias por Jesucristo, nuestro Cordero pascual, que me liberó de la esclavitud del pecado. Guíame por el desierto hasta tu promesa. Amén.