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Episodio 13 de 34

Aarón y María

Pasaje
Éxodo – Números
Protagonistas
Aarón, María (Miriam)
Lugar
Egipto, desierto, Cades, monte Hor
Época
El éxodo

Detrás de Moisés hubo una familia. Sus hermanos mayores, Aarón y María (Miriam), caminaron a su lado durante el éxodo y tuvieron un papel fundamental en la historia de Israel. Aarón fue el primer sumo sacerdote y portavoz de Moisés; María fue profetisa y líder de la alabanza del pueblo. Ambos mostraron grandes virtudes y también debilidades humanas. El profeta Miqueas recuerda a los tres juntos cuando Dios dice: «envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María» (Miqueas 6:4). En este episodio conocemos a estos dos hermanos.

Una familia de la tribu de Leví

Aarón, María y Moisés eran hijos de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví (Números 26:59). María era la mayor; Aarón tenía tres años más que Moisés (Éxodo 7:7). Crecieron en tiempos de opresión, cuando Faraón había ordenado matar a los niños hebreos. Esa familia sencilla de esclavos se convirtió en el instrumento que Dios usó para liberar a todo un pueblo.

María, la hermana que vigilaba

La primera vez que aparece María en la Biblia es siendo una niña. Cuando su madre puso al pequeño Moisés en una arquilla entre los juncos del Nilo, su hermana «se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería» (Éxodo 2:4). Cuando la hija de Faraón encontró al niño, María se acercó con valentía y ofreció buscar una nodriza hebrea. Gracias a su iniciativa, Moisés fue criado por su propia madre. Aquella niña atenta y valiente ya mostraba las cualidades de una futura líder.

Aarón, el portavoz

Cuando Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente, Moisés se excusó diciendo que era torpe de palabra. Dios respondió: «¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él hablará?… Él hablará por ti al pueblo; y él te será a ti en lugar de boca» (Éxodo 4:14-16). Aarón salió al encuentro de Moisés en el desierto, y juntos se presentaron ante los ancianos de Israel y ante Faraón. Aarón habló las palabras de Dios e hizo las señales. Fue su vara la que se convirtió en serpiente y devoró las varas de los magos egipcios.

El cántico de María

Después del paso del mar Rojo, cuando el pueblo vio la gran obra de Dios, Moisés entonó un cántico de victoria. Entonces María tomó la iniciativa:

«Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas; Y María les respondía: Cantad a Jehová; porque en extremo se ha engrandecido, echando en la mar al caballo, y al que en él subía.»

Éxodo 15:20-21

Es la primera mujer llamada «profetisa» en la Biblia. Su canto es considerado uno de los fragmentos poéticos más antiguos de las Escrituras. María dirigió a las mujeres en la alabanza con panderos y danzas, celebrando la liberación. Muchas iglesias ven en ella un ejemplo de liderazgo en la adoración.

Aarón y Hur sostienen las manos de Moisés

Cuando Amalec atacó a Israel en Refidim, Josué salió a pelear mientras Moisés subió a la cumbre de un collado con la vara de Dios. Mientras Moisés alzaba las manos, Israel prevalecía; cuando las bajaba por cansancio, prevalecía Amalec. Entonces Aarón y Hur pusieron una piedra para que Moisés se sentara, y le sostuvieron las manos, uno de un lado y otro del otro, hasta la puesta del sol (Éxodo 17:12). Es una hermosa imagen de cómo los líderes necesitan a otros que los sostengan en la oración y en la lucha.

El primer sumo sacerdote

En el monte Sinaí, Dios escogió a Aarón y a sus hijos para el sacerdocio. Aarón fue consagrado como el primer sumo sacerdote de Israel. Vestía vestiduras santas «para honra y hermosura»: el efod, el pectoral con doce piedras preciosas que llevaban grabados los nombres de las doce tribus, y una lámina de oro en la mitra con la inscripción «Santidad a Jehová». Así, cada vez que entraba en el santuario, Aarón llevaba sobre su corazón los nombres del pueblo delante de Dios.

Una vez al año, en el Día de la Expiación (Yom Kipur), el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo con la sangre del sacrificio para hacer expiación por los pecados del pueblo. Dios también dio a Aarón una bendición que se pronuncia hasta hoy en sinagogas e iglesias de todo el mundo:

«Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz.»

Números 6:24-26

El becerro de oro

Aarón también tuvo un momento de gran debilidad. Mientras Moisés estaba cuarenta días en el monte recibiendo la ley, el pueblo se impacientó y pidió a Aarón que les hiciera dioses. Aarón recogió los zarcillos de oro, fundió un becerro y construyó un altar delante de él. Cuando Moisés bajó y le pidió cuentas, Aarón se excusó de manera casi infantil: «echélo en el fuego, y salió este becerro» (Éxodo 32:24). Moisés intercedió por el pueblo y por Aarón (Deuteronomio 9:20), y Dios lo perdonó y lo mantuvo en su llamado. La historia muestra que incluso los líderes espirituales pueden ceder a la presión, y que la gracia de Dios restaura.

La crítica contra Moisés

En otro momento, María y Aarón murmuraron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado, y dijeron: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿no ha hablado también por nosotros?» (Números 12:2). Dios los llamó a los tres al tabernáculo y defendió a Moisés, su siervo fiel. Cuando la nube se apartó, María quedó leprosa. Aarón suplicó a Moisés, y Moisés clamó a Dios: «Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora». María fue sanada después de siete días fuera del campamento, y el pueblo no partió hasta que ella regresó. Es un detalle conmovedor: todo Israel la esperó.

La vara que floreció

Cuando Coré y otros se rebelaron contra el sacerdocio de Aarón, Dios confirmó su elección de manera extraordinaria. Cada tribu presentó una vara con su nombre, y se dejaron en el tabernáculo durante la noche. Al día siguiente, la vara de Aarón había reverdecido, echado flores y producido almendras (Números 17:8). La vara fue guardada junto al arca del pacto como testimonio.

La muerte de María y de Aarón

María murió en Cades, en el desierto de Zin, y fue sepultada allí (Números 20:1). Poco después, Aarón subió con Moisés y su hijo Eleazar al monte Hor. Allí Moisés le quitó las vestiduras sacerdotales y se las puso a Eleazar, y Aarón murió en la cumbre del monte. Todo Israel lo lloró treinta días (Números 20:28-29). Ninguno de los tres hermanos entró en la tierra prometida, pero los tres habían cumplido su parte en el plan de Dios.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Gosén, Monte Sinaí, Cades-barnea, Monte Hor, Monte NeboMonte NeboGosénCades-barneaMonte HorMonte Sinaí100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Egipto: donde nacieron los tres hermanos en tiempos de esclavitud.

El mar Rojo: donde María dirigió la alabanza tras la liberación.

Refidim: donde Aarón y Hur sostuvieron las manos de Moisés.

Monte Sinaí: donde Aarón fue consagrado sumo sacerdote y donde ocurrió el episodio del becerro de oro.

Cades: en el desierto de Zin, al sur de Canaán, donde murió María.

Monte Hor: junto a la frontera de Edom; la tradición lo sitúa cerca de Petra, en Jordania, donde un pequeño santuario en la cima de Jebel Harún («monte de Aarón») recuerda su tumba.

Datos interesantes

María, primera profetisa: es la primera mujer a quien la Biblia llama así.

La bendición sacerdotal: Números 6:24-26 es uno de los textos bíblicos más antiguos encontrados: una versión grabada en dos pequeños amuletos de plata, hallados en Ketef Hinom, Jerusalén, data aproximadamente del siglo VII a. C.

Los cohanim: hasta hoy, muchos judíos con el apellido Cohen se consideran descendientes de la línea sacerdotal de Aarón.

El pectoral: tenía doce piedras preciosas, una por cada tribu.

El nombre de María: el nombre hebreo Miriam es el origen del nombre María, que llevaría siglos después la madre de Jesús.

Treinta días de luto: todo Israel lloró a Aarón, como después lloraría a Moisés.

Lecciones para nuestra vida

Dios usa a las familias: tres hermanos sirvieron juntos a Dios. Nadie lidera solo: Moisés necesitó la voz de Aarón y el apoyo de sus manos. La alabanza celebra la obra de Dios: María nos enseña a responder a la salvación con gozo. La presión de la multitud puede hacernos caer: como a Aarón con el becerro. La envidia y la murmuración dañan: incluso entre hermanos que sirven a Dios. Dios restaura: Aarón fue perdonado y María sanada.

Camino a Jesús

El sacerdocio de Aarón era una sombra de algo mayor. La carta a los Hebreos explica que Jesucristo es nuestro gran Sumo Sacerdote. Aarón tenía que ofrecer sacrificios primero por sus propios pecados; Jesús no tenía pecado. Aarón entraba una vez al año con sangre de animales; Jesús entró una vez para siempre con su propia sangre, obteniendo eterna redención (Hebreos 9:11-12). Aarón murió y tuvo que ser reemplazado; Jesús «permanece para siempre» y «vive siempre para interceder» por nosotros (Hebreos 7:24-25). Como Aarón llevaba los nombres de las tribus sobre su corazón, Jesús lleva nuestros nombres delante del Padre. Y la vara seca que floreció ha sido vista como una imagen de la resurrección de Cristo.

En el próximo episodio conoceremos a Josué, el sucesor de Moisés, que condujo a Israel a la tierra prometida.

Oración

Señor, gracias por Jesucristo, mi gran Sumo Sacerdote, que intercede por mí y lleva mi nombre en su corazón. Como María, quiero alabarte por tus victorias. Como Aarón y Hur, quiero sostener a los que sirven. Líbrame de ceder a la presión y de murmurar contra otros. Jehová te bendiga y te guarde: que esa bendición repose sobre mi familia. Amén.