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Episodio 15 de 34

Débora, Gedeón y Sansón

Pasaje
Jueces 4–16
Protagonistas
Débora, Barac, Jael, Gedeón, Sansón
Lugar
Monte Tabor, Ofra, Zora, Gaza
Época
Período de los jueces

Después de la muerte de Josué comenzó uno de los períodos más turbulentos de la historia de Israel: el tiempo de los jueces. Durante unos tres siglos, el pueblo vivió en un ciclo que se repetía una y otra vez: se apartaba de Dios, caía bajo la opresión de pueblos vecinos, clamaba a Dios, y Dios levantaba un libertador llamado «juez». En este episodio conocemos a tres de los más famosos: Débora, la profetisa que juzgaba bajo una palmera; Gedeón, el hombre temeroso que venció con trescientos soldados; y Sansón, el hombre más fuerte, cuya vida estuvo marcada por sus debilidades.

«Mas Jehová suscitó jueces que los librasen de mano de los que los despojaban. Y tampoco oyeron a sus jueces, sino que fornicaron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron: apartáronse bien presto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; mas ellos no hicieron así. Y cuando Jehová les suscitaba jueces, Jehová era con el juez, y librábalos de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez: porque Jehová se arrepentía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían.»

Jueces 2:16-18

El ciclo de los jueces

El libro de los Jueces describe una generación que «no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel» (Jueces 2:10). El pueblo se mezcló con los cananeos y adoró a sus dioses, Baal y Astarot. Entonces Dios permitía que fueran oprimidos. Cuando clamaban, Dios levantaba un juez que los libraba. Pero al morir el juez, volvían a corromperse.

Los jueces no eran solo magistrados, sino líderes carismáticos y libertadores militares. El libro menciona doce jueces, entre ellos Otoniel, Aod, Samgar, Débora, Gedeón, Tola, Jair, Jefté y Sansón. La frase que resume la época aparece al final del libro: «En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos» (Jueces 21:25).

Débora: la profetisa y jueza

Durante veinte años, Jabín, rey de Canaán, oprimió cruelmente a Israel. Su general, Sísara, tenía novecientos carros de hierro, un arma temible en aquella época. En ese tiempo, Israel era gobernado por una mujer: Débora, profetisa, esposa de Lapidot. Ella se sentaba bajo una palmera entre Ramá y Betel, en el monte de Efraín, y los israelitas acudían a ella para juicio.

Débora llamó a Barac y le transmitió la orden de Dios: reunir diez mil hombres en el monte Tabor, porque Dios entregaría a Sísara en sus manos junto al torrente de Cisón. Barac respondió: «Si tú fueres conmigo, yo iré: pero si no fueres conmigo, no iré». Débora aceptó, pero le advirtió que la gloria de la victoria sería para una mujer.

Barac descendió del monte Tabor con sus hombres, y Dios desbarató a Sísara, sus carros y su ejército. Según el cántico de Débora, las estrellas pelearon desde sus órbitas y el torrente de Cisón arrastró a los enemigos (Jueces 5:20-21), lo que sugiere que una tormenta convirtió el valle en un lodazal donde los carros quedaron inútiles. Sísara huyó a pie y se refugió en la tienda de Jael, esposa de Heber ceneo. Ella le dio leche, lo cubrió y, cuando se durmió, le dio muerte. Así se cumplió la palabra de Débora.

Débora y Barac entonaron un largo cántico de victoria (Jueces 5), uno de los poemas más antiguos de la Biblia. Después, la tierra reposó cuarenta años. Débora es un ejemplo del liderazgo femenino en la Biblia: sabia, valiente y guiada por Dios.

Gedeón: el hombre que tenía miedo

Años después, los madianitas invadían Israel cada temporada de cosecha, como una plaga de langostas, con sus camellos innumerables, y destruían todo. Los israelitas se escondían en cuevas. En ese contexto, el ángel de Jehová apareció a Gedeón, que estaba sacudiendo el trigo a escondidas en un lagar, y lo saludó: «Jehová es contigo, varón esforzado».

Gedeón no se sentía nada esforzado. Respondió con preguntas y excusas: «Si Jehová es con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?… mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre». Pero Dios le dijo: «Porque yo seré contigo» (Jueces 6:16).

Su primera misión fue derribar el altar de Baal que tenía su propio padre y levantar un altar a Dios. Lo hizo de noche, por miedo. Luego pidió una señal: puso un vellón de lana en la era, y pidió que tuviera rocío mientras la tierra quedaba seca. Así sucedió. Después pidió lo contrario: que el vellón quedara seco y la tierra mojada. Dios, con paciencia, también lo concedió.

Los trescientos de Gedeón

Gedeón reunió treinta y dos mil hombres. Pero Dios le dijo que eran demasiados, para que Israel no se gloriara diciendo que se había salvado con su propia mano. Primero, se fueron veintidós mil que tenían miedo. Luego, Dios probó a los diez mil restantes junto al agua: solo los que lamieron el agua llevándola a la boca con la mano, trescientos hombres, fueron escogidos.

«Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los Madianitas en tus manos: y váyase toda la gente cada uno a su lugar.»

Jueces 7:7

De noche, Gedeón dividió a los trescientos en tres grupos. Cada hombre llevaba una trompeta y un cántaro vacío con una tea encendida dentro. Rodearon el campamento enemigo, tocaron las trompetas, quebraron los cántaros, levantaron las teas y gritaron: «¡La espada de Jehová y de Gedeón!». Los madianitas, presos del pánico, se atacaron entre sí y huyeron. Dios dio la victoria a través de los pocos.

Después, el pueblo quiso hacer rey a Gedeón, pero él respondió: «No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros» (Jueces 8:23). Lamentablemente, Gedeón hizo un efod de oro que se convirtió en objeto de idolatría para Israel. Incluso los héroes pueden terminar mal si no guardan su corazón.

Sansón: fuerza física y debilidad moral

Sansón nació en tiempos de opresión filistea. Un ángel anunció su nacimiento a su madre, que era estéril, y le dijo que el niño sería nazareo desde el vientre: no debía beber vino, ni tocar cosa muerta, ni cortarse el cabello. Sería consagrado a Dios para comenzar a salvar a Israel de los filisteos.

Cuando el Espíritu de Jehová venía sobre él, Sansón tenía una fuerza extraordinaria. Despedazó un león con sus manos, mató a mil filisteos con una quijada de asno y arrancó las puertas de la ciudad de Gaza. Pero su vida estuvo marcada por la impulsividad, la venganza y su debilidad por las mujeres filisteas. Juzgó a Israel veinte años.

Finalmente se enamoró de Dalila, en el valle de Sorec. Los príncipes filisteos le ofrecieron mucho dinero para descubrir el secreto de su fuerza. Tres veces Sansón la engañó, pero ella insistió día tras día, hasta que él le reveló que su fuerza estaba ligada a su consagración: su cabello nunca había sido cortado. Mientras dormía, le cortaron el cabello, y la fuerza lo abandonó. Uno de los versículos más tristes de la Biblia dice: «no sabía que Jehová ya se había apartado de él» (Jueces 16:20).

Los filisteos le sacaron los ojos y lo pusieron a moler en la cárcel de Gaza. Pero su cabello comenzó a crecer. Durante una gran fiesta en honor del dios Dagón, los filisteos trajeron a Sansón para burlarse de él. Sansón oró: «Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame, te ruego, solamente esta vez». Se apoyó en las dos columnas centrales del templo y lo derribó. Murieron con él más filisteos que los que había matado en toda su vida.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Monte Tabor, Fuente de Harod, Zora, Gaza, SiloMonte TaborFuente de HarodSiloZoraGaza20 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Monte Tabor: monte aislado en la baja Galilea, desde donde bajó Barac; la tradición también lo asocia con la transfiguración de Jesús.

El torrente de Cisón: atraviesa el valle de Jezreel.

Ofra: la ciudad de Gedeón, en Manasés.

El manantial de Harod: donde Dios escogió a los trescientos, al pie del monte Gilboa.

Zora, Timnat, Gaza y el valle de Sorec: escenarios de la vida de Sansón, en la frontera con los filisteos, en la llanura costera.

Datos interesantes

Débora y Jael: dos mujeres fueron las protagonistas de una de las grandes victorias de Israel.

«El vellón de Gedeón»: la expresión se usa hasta hoy para hablar de pedir una señal a Dios.

Los tres en Hebreos 11: Barac, Gedeón y Sansón aparecen en la lista de la fe (Hebreos 11:32).

Nazareo: significa «consagrado» o «separado»; Samuel y Juan el Bautista también fueron consagrados desde su nacimiento.

Los filisteos: un pueblo del mar que se estableció en la costa; su nombre dio origen al término «Palestina».

Lecciones para nuestra vida

Olvidar a Dios nos lleva a la esclavitud: el ciclo de los jueces se repite en muchas vidas. Dios escucha el clamor: siempre levanta un libertador. Dios usa a mujeres y hombres: Débora y Jael lo muestran. Dios transforma a los temerosos: Gedeón pasó del lagar a la victoria. La victoria es de Dios, no del número. Los dones no sustituyen el carácter: la fuerza de Sansón no lo libró de su debilidad. Nunca es tarde para clamar: Sansón oró al final, y Dios lo escuchó.

Camino a Jesús

Los jueces eran salvadores temporales e imperfectos. Cada uno liberó al pueblo por un tiempo, pero ninguno pudo cambiar su corazón. El libro termina con un anhelo: no había rey en Israel. Ese anhelo apunta al verdadero Rey y Salvador, Jesucristo. Como Sansón, Jesús entregó su vida y, al morir, obtuvo la mayor victoria; pero a diferencia de Sansón, Jesús no murió por su pecado, sino por el nuestro, y resucitó. Él es el Libertador definitivo, que no solo vence a los enemigos externos, sino que nos libra del pecado y nos da un corazón nuevo.

En el próximo episodio conoceremos una hermosa historia de fidelidad en tiempos de los jueces: la historia de Rut.

Oración

Señor, como Israel en tiempos de los jueces, muchas veces me he alejado de ti. Hoy clamo a ti: líbrame. Cuando tenga miedo como Gedeón, recuérdame que tú estás conmigo. Dame la sabiduría de Débora y guárdame de las debilidades que derrotaron a Sansón. Gracias por Jesucristo, mi Libertador y Rey. Amén.