Rut, la extranjera fiel
- Pasaje
- Rut 1–4
- Protagonistas
- Rut, Noemí, Booz
- Lugar
- Moab, Belén
- Época
- Período de los jueces
En medio de los tiempos oscuros de los jueces, cuando «cada uno hacía lo recto delante de sus ojos», la Biblia nos regala una historia luminosa de lealtad, amor, trabajo y providencia. Es la historia de Rut, una mujer extranjera de Moab que eligió al Dios de Israel, y de Booz, un hombre generoso que la redimió. Es un libro corto, de solo cuatro capítulos, pero su final conecta directamente con el rey David y con Jesucristo. Es, además, uno de los dos únicos libros de la Biblia que llevan el nombre de una mujer.
Hambre en Belén
La historia comienza con una ironía: hubo hambre en Belén, cuyo nombre significa «casa de pan». Un hombre llamado Elimelec, con su esposa Noemí y sus dos hijos, Mahalón y Quelión, emigró a los campos de Moab, al otro lado del mar Muerto, buscando comida. Allí murió Elimelec. Sus hijos se casaron con dos mujeres moabitas, Orfa y Rut. Diez años después, murieron también los dos hijos. Noemí quedó sola en tierra extranjera, sin esposo, sin hijos y sin sustento, con sus dos nueras viudas.
«Tu pueblo será mi pueblo»
Noemí oyó que Dios había visitado a su pueblo dándole pan, y decidió volver a Belén. Animó a sus nueras a regresar a sus casas en Moab, donde podrían volver a casarse. Orfa, entre lágrimas, besó a su suegra y se volvió. Pero Rut se quedó abrazada a ella y pronunció una de las declaraciones de lealtad más hermosas de la literatura universal:
«Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga Jehová, y así me dé, que sólo la muerte hará separación entre mí y ti.»
Rut 1:16-17
Rut no solo eligió acompañar a Noemí; eligió a su pueblo y a su Dios. Dejó su tierra, su familia y sus dioses, como Abraham había hecho siglos antes. Y lo hizo sin ninguna garantía humana: era una viuda extranjera, de un pueblo históricamente enemigo de Israel, acompañando a otra viuda pobre.
«No me llaméis Noemí»
Cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió. Las mujeres preguntaban: «¿No es ésta Noemí?». Pero ella respondió: «No me llaméis Noemí (agradable), sino llamadme Mara (amarga); porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, mas vacía me ha vuelto Jehová» (Rut 1:20-21). La Biblia no oculta el dolor de Noemí. Pero el capítulo termina con un detalle de esperanza: llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.
Rut en el campo de Booz
La ley de Moisés ordenaba que los agricultores no segaran hasta el último rincón de sus campos ni recogieran las espigas caídas, para que los pobres, los extranjeros, las viudas y los huérfanos pudieran recogerlas (Levítico 19:9-10). Rut, pobre, viuda y extranjera, cumplía las tres condiciones. Salió a espigar, y «aconteció por ventura» que llegó a la parte del campo que pertenecía a Booz, un hombre rico y pariente de Elimelec.
La expresión «por ventura» es casi humorística: el lector sabe que no es casualidad, sino la providencia silenciosa de Dios. En todo el libro, Dios no hace milagros espectaculares; obra a través de decisiones cotidianas y personas fieles.
Booz saludó a sus segadores con una bendición: «Jehová sea con vosotros». Ellos respondieron: «Jehová te bendiga». Cuando vio a Rut, preguntó quién era. Al saber que era la moabita que había vuelto con Noemí, le habló con bondad: le pidió que no fuera a otro campo, ordenó a sus criados que no la molestaran, le permitió beber de su agua y comer con sus segadores, e incluso mandó que dejaran caer espigas a propósito para ella. Rut, sorprendida, preguntó por qué la favorecía siendo extranjera. Booz respondió que había oído todo lo que había hecho por su suegra, y la bendijo:
«Jehová galardone tu obra, y tu remuneración sea llena por Jehová Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas.»
Rut 2:12
El pariente redentor
Cuando Rut volvió con casi un efa de cebada, Noemí reconoció la mano de Dios: Booz era uno de sus parientes cercanos, uno que tenía el derecho de redimir. En la ley de Israel, el goel o pariente redentor tenía la responsabilidad de rescatar a un familiar en necesidad: recuperar su tierra vendida, liberarlo si había sido vendido como esclavo o dar descendencia a un pariente que había muerto sin hijos, para que su nombre no se perdiera.
Al terminar la cosecha, Noemí aconsejó a Rut un gesto audaz según las costumbres de la época. Rut se lavó, se vistió y fue de noche a la era donde Booz aventaba la cebada. Cuando él se durmió, ella se acostó a sus pies. A medianoche Booz despertó sobresaltado, y Rut le dijo: «Yo soy Rut tu sierva: extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente» (Rut 3:9). Era una petición de protección y de matrimonio. Booz la bendijo por su virtud y prometió actuar, aunque había otro pariente más cercano con derecho prioritario.
En la puerta de la ciudad
A la mañana siguiente, Booz se sentó en la puerta de la ciudad, donde se resolvían los asuntos legales, y reunió a diez ancianos como testigos. Presentó el caso al pariente más cercano. Este estaba dispuesto a redimir la tierra, pero cuando supo que también debía casarse con Rut y dar descendencia a la familia de Elimelec, renunció, porque temía perjudicar su propia herencia. Como señal, se quitó el zapato y se lo dio a Booz, según la costumbre de la época. Booz redimió la tierra y tomó a Rut por esposa.
De Rut a David
Dios dio a Rut un hijo. Las mujeres de Belén dijeron a Noemí: «Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente… el cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama, y te vale más que siete hijos, le ha parido» (Rut 4:14-15). Noemí tomó al niño en su regazo y fue su nodriza. La mujer que había vuelto vacía ahora tenía los brazos llenos.
Las vecinas lo llamaron Obed. Y el libro termina con una genealogía sorprendente: Obed fue padre de Isaí, e Isaí fue padre de David. La extranjera moabita llegó a ser bisabuela del rey más grande de Israel.
Lugares de la historia
Belén: «casa de pan», a unos nueve kilómetros al sur de Jerusalén, en tierra de Judá. Siglos después nacería allí David y, más tarde, Jesucristo. El Campo de los Pastores, en la vecina Beit Sahur, se asocia tradicionalmente con los campos de Booz.
Moab: la meseta al este del mar Muerto, en la actual Jordania. Los moabitas descendían de Lot.
La era: el lugar donde se trillaba y aventaba el grano, generalmente en un sitio alto donde soplaba el viento.
La puerta de la ciudad: el espacio público donde se resolvían los asuntos legales y comerciales.
Datos interesantes
Dos libros con nombre de mujer: Rut y Ester son los únicos libros de la Biblia que llevan nombre de mujer.
Leído en Pentecostés: la tradición judía lee el libro de Rut en la fiesta de Shavuot (Pentecostés), que coincide con la cosecha.
Hijo de Rahab: según Mateo 1:5, Booz era hijo de Salmón y Rahab; así, dos mujeres extranjeras aparecen seguidas en la genealogía de Jesús.
Una palabra clave: la palabra hebrea jésed, que significa misericordia, lealtad y amor fiel, es central en el libro.
Una promesa de boda: las palabras de Rut 1:16 se usan hoy en muchas ceremonias de matrimonio.
Lecciones para nuestra vida
La lealtad es un reflejo del amor de Dios. Dios obra en lo cotidiano: no hay «casualidades» para quien confía en Él. El trabajo honesto es digno. La generosidad transforma vidas: Booz fue más allá de lo que la ley exigía. Dios acoge a los extranjeros: su pueblo está abierto a todas las naciones. Dios puede convertir la amargura en gozo: Noemí volvió vacía y terminó con los brazos llenos.
Camino a Jesús
Booz es una de las figuras más hermosas de Cristo como nuestro Redentor. Para redimir, el goel debía ser pariente, tener los medios para pagar el precio y estar dispuesto a hacerlo. Jesús se hizo nuestro pariente al hacerse hombre, pagó el precio con su propia sangre y lo hizo voluntariamente por amor. Como Rut, que era extranjera y pobre, nosotros estábamos lejos de Dios; en Cristo hemos sido acogidos, redimidos y hechos parte de su familia. Y como Rut buscó refugio bajo las alas del Dios de Israel, nosotros encontramos en Cristo nuestro refugio. De la descendencia de Rut y Booz nació David, y de la descendencia de David nació Jesús, en la misma ciudad de Belén.
En el próximo episodio conoceremos a Samuel, el último juez y el profeta que ungió a los primeros reyes de Israel.
Oración
Señor, gracias porque, como Booz a Rut, tú me has redimido en Jesucristo. Me refugio bajo tus alas. Dame un corazón leal como el de Rut, generoso como el de Booz y confiado aun en la amargura, como aprendió Noemí. Gracias porque obras en lo cotidiano y porque tu pueblo está abierto a todas las naciones. Amén.