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Episodio 17 de 34

Samuel, profeta y juez

Pasaje
1 Samuel 1–16
Protagonistas
Ana, Elí, Samuel
Lugar
Ramá, Silo, Mizpa
Época
c. 1100–1000 a. C.

Samuel es una figura de transición en la historia de Israel. Fue el último de los jueces, un profeta reconocido en toda la nación, un líder espiritual que llamó al pueblo al arrepentimiento y el hombre que ungió a los dos primeros reyes: Saúl y David. Su vida comenzó con la oración de una mujer afligida y estuvo marcada desde la niñez por una disposición a escuchar la voz de Dios. En una época en que «la palabra de Jehová era de estima», es decir, escasa, Samuel se convirtió en la voz de Dios para su pueblo.

Ana: la oración de una mujer afligida

En Ramá, en la región montañosa de Efraín, vivía un hombre llamado Elcana, que tenía dos esposas: Penina, que tenía hijos, y Ana, que era estéril. Cada año la familia subía al santuario de Silo para adorar a Dios. Y cada año, Penina provocaba a Ana, burlándose de su esterilidad, hasta hacerla llorar y dejar de comer. Elcana la amaba y le preguntaba: «¿No te soy yo mejor que diez hijos?».

Un día, Ana se levantó y fue al templo. Con amargura de alma oró a Dios y lloró abundantemente. Hizo un voto: si Dios le daba un hijo varón, ella lo dedicaría a Jehová todos los días de su vida. Oraba en silencio; solo se movían sus labios. El sacerdote Elí, al verla, pensó que estaba ebria y la reprendió. Ana respondió: «No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu… he derramado mi alma delante de Jehová». Elí la bendijo: «Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho». Ana se fue, comió, «y no estuvo más triste».

«Pedido a Dios»

Dios se acordó de Ana. Concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Samuel, diciendo: «Por cuanto lo demandé a Jehová». El nombre se relaciona con la expresión «oído por Dios» o «pedido a Dios». Cuando el niño fue destetado, Ana cumplió su voto: lo llevó a Silo, lo presentó a Elí y dijo: «Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo pues le vuelvo también a Jehová» (1 Samuel 1:27-28). Cada año le llevaba una túnica pequeña que ella misma le hacía.

El cántico de Ana

Ana oró con un cántico de alabanza que celebra al Dios que humilla a los soberbios y levanta a los humildes:

«Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo.»

1 Samuel 2:7-8

Este cántico es la primera vez que en la Biblia aparece la palabra «ungido» referida al rey de Dios: «Jehová… dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías» (1 Samuel 2:10). Siglos después, María, la madre de Jesús, entonaría un cántico muy parecido, el Magníficat (Lucas 1:46-55).

«Habla, que tu siervo oye»

El joven Samuel servía a Dios en el santuario bajo la dirección de Elí. Pero los hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes corruptos: tomaban para sí la mejor parte de las ofrendas y cometían inmoralidad. Elí los reprendía débilmente, sin detenerlos.

Una noche, mientras Samuel dormía en el templo, cerca del arca de Dios, oyó que lo llamaban. Corrió a Elí: «Heme aquí; ¿para qué me llamaste?». Elí respondió que no lo había llamado. Esto ocurrió tres veces. Entonces Elí entendió que era Dios quien llamaba al muchacho, y le enseñó qué responder:

«Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.»

1 Samuel 3:10

El primer mensaje que Samuel recibió fue difícil: el juicio de Dios sobre la casa de Elí. A la mañana siguiente tuvo miedo de contarlo, pero Elí le pidió que no le ocultara nada, y Samuel fue fiel. Desde entonces, «Samuel creció, y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beerseba, que Samuel era fiel profeta de Jehová» (1 Samuel 3:19-20).

El arca capturada

Poco después, los filisteos derrotaron a Israel. Los israelitas llevaron el arca del pacto a la batalla como si fuera un amuleto, pero fueron derrotados de nuevo: el arca fue capturada y murieron Ofni y Finees. Al oír la noticia, el anciano Elí cayó hacia atrás y murió. Su nuera dio a luz un hijo y lo llamó Icabod, que significa «sin gloria», porque la gloria de Dios había sido quitada de Israel.

Pero en tierra filistea, el arca trajo plagas. Cuando la pusieron junto al ídolo Dagón, al día siguiente la estatua estaba caída ante ella. Finalmente, los filisteos devolvieron el arca a Israel.

Ebenezer: «Hasta aquí nos ayudó Jehová»

Veinte años después, Samuel llamó al pueblo a volver a Dios de todo corazón y a quitar los dioses ajenos. Reunió a todo Israel en Mizpa, donde ayunaron y confesaron: «Contra Jehová hemos pecado». Mientras Samuel ofrecía un sacrificio, los filisteos atacaron, pero Dios tronó con gran estruendo sobre ellos y los desbarató. Samuel tomó una piedra, la puso como memorial y la llamó Ebenezer, que significa «piedra de ayuda», diciendo: «Hasta aquí nos ayudó Jehová» (1 Samuel 7:12).

Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida. Cada año recorría Betel, Gilgal y Mizpa, y volvía a Ramá, su casa, donde edificó un altar.

«Danos un rey»

Cuando Samuel envejeció, puso a sus hijos como jueces, pero ellos no anduvieron en sus caminos: se dejaron sobornar y pervirtieron el derecho. Los ancianos de Israel pidieron a Samuel: «Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las gentes». Samuel se disgustó y oró. Dios le respondió: «no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos». Samuel advirtió al pueblo sobre los abusos que cometería un rey, pero ellos insistieron. Dios concedió su petición.

Samuel unge a Saúl y a David

Dios guio a Samuel hasta Saúl, un joven de la tribu de Benjamín, y Samuel lo ungió como primer rey de Israel. Pero Saúl desobedeció a Dios, y Samuel tuvo que anunciarle que Dios lo había rechazado, con palabras que resuenan hasta hoy: «ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios» (1 Samuel 15:22).

Después, Dios envió a Samuel a Belén, a la casa de Isaí, para ungir al nuevo rey. Samuel vio al hijo mayor, Eliab, y pensó que era el elegido. Pero Dios le dijo: «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que el hombre mira; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Pasaron siete hijos, y ninguno era el elegido. Faltaba el menor, que apacentaba las ovejas. Cuando llegó David, Dios dijo: «Levántate y úngele, que éste es». Samuel lo ungió, y desde aquel día el Espíritu de Jehová vino sobre David.

Samuel murió ya anciano, y todo Israel lo lloró y lo sepultó en su casa en Ramá (1 Samuel 25:1).

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Ramá, Silo, Mizpa, Betel, Gilgal, BelénSiloBetelMizpaRamáGilgalBelén20 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Ramá (Ramataim de Zofim): ciudad natal de Samuel en la región montañosa de Efraín; allí vivió y fue sepultado. La tradición señala su tumba en Nebi Samwil, una colina al norte de Jerusalén.

Silo: centro religioso de Israel donde estaba el tabernáculo con el arca. Sus ruinas, en Tel Silo, se encuentran en Cisjordania.

Mizpa: lugar de reunión del pueblo donde Samuel llamó al arrepentimiento y donde Saúl fue presentado como rey.

Belén: donde Samuel ungió a David.

Datos interesantes

Profeta, sacerdote y juez: Samuel reunió las tres funciones de liderazgo espiritual de su época.

Ebenezer: esta palabra aparece en himnos clásicos, como «Fuente de la vida eterna» (en inglés, Come Thou Fount), y da nombre a muchas iglesias en el mundo.

Dos libros con su nombre: 1 y 2 Samuel llevan su nombre, aunque él muere en el primero.

En la galería de la fe: Samuel aparece en Hebreos 11:32.

Jeremías lo recuerda: Dios mencionó a Moisés y a Samuel como grandes intercesores (Jeremías 15:1).

Lecciones para nuestra vida

La oración sincera es escuchada: Ana derramó su alma y Dios respondió. Lo que recibimos de Dios se lo devolvemos. Dios habla a los que están dispuestos a escuchar, aun a los niños. La fidelidad incluye decir verdades difíciles. Dios no es un amuleto: el arca no sirvió de nada sin obediencia. Recuerda las ayudas de Dios: levanta tus propios «Ebenezer». Dios mira el corazón.

Camino a Jesús

El cántico de Ana anunció al «Ungido» del Señor, y Samuel ungió a David, de cuya descendencia vendría el Mesías, que significa precisamente «Ungido». Samuel fue profeta, sacerdote y juez; Jesucristo es el verdadero Profeta, Sacerdote y Rey. Como Samuel, Jesús creció «en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52), una frase que recuerda lo dicho del joven Samuel (1 Samuel 2:26). Y el pueblo que rechazó a Dios como rey pidiendo un rey humano sería visitado un día por Dios mismo hecho hombre, el Rey que vino a servir.

En el próximo episodio conoceremos a Saúl, el primer rey de Israel, cuya historia es una advertencia sobre el orgullo y la desobediencia.

Oración

Señor, como Ana, derramo mi alma delante de ti. Gracias porque escuchas. Como Samuel, te digo: habla, que tu siervo oye. Dame oídos atentos a tu voz y valor para ser fiel. Hasta aquí me has ayudado, y confío en que seguirás haciéndolo. Mira mi corazón y hazlo conforme al tuyo. Amén.