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Episodio 21 de 34

Elías, el profeta de fuego

Pasaje
1 Reyes 17 – 2 Reyes 2
Protagonistas
Elías, Acab, Jezabel, la viuda de Sarepta
Lugar
Querit, Sarepta, monte Carmelo, Horeb, Jordán
Época
Siglo IX a. C.

Elías es uno de los profetas más impresionantes de la Biblia. Apareció de repente en un tiempo de gran apostasía, cuando el rey Acab y la reina Jezabel promovían el culto a Baal en Israel. Su nombre, Eliyahu, significa «mi Dios es Jehová», y resume su misión: recordar a un pueblo dividido quién es el verdadero Dios. Su historia está llena de milagros extraordinarios, pero también de momentos de profunda debilidad humana. Al final, no murió: fue arrebatado al cielo en un torbellino. Siglos después, apareció junto a Jesús en el monte de la transfiguración.

Un tiempo de idolatría

Después de la división del reino tras la muerte de Salomón, el reino del norte, Israel, tuvo una sucesión de reyes que se apartaron de Dios. El peor fue Acab, que se casó con Jezabel, princesa de Sidón y ferviente adoradora de Baal, el dios cananeo de la tormenta y la fertilidad. Acab construyó un templo a Baal en Samaria, y Jezabel persiguió y mató a los profetas de Jehová. La Biblia dice que Acab hizo lo malo ante los ojos de Dios más que todos los reyes que fueron antes de él (1 Reyes 16:30).

«No habrá lluvia»

En ese contexto aparece Elías, el tisbita, de Galaad, sin presentación previa. Se presentó ante Acab y le anunció:

«Entonces Elías Thisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Achâb: Vive Jehová Dios de Israel, delante del cual estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.»

1 Reyes 17:1

Era un desafío directo a Baal, supuesto dios de la lluvia. Si Baal era real, que enviara lluvia. Durante tres años y medio no llovió (Santiago 5:17).

Cuervos, un arroyo y una viuda

Dios envió a Elías a esconderse junto al arroyo de Querit, al oriente del Jordán. Allí bebía del arroyo, y los cuervos le traían pan y carne por la mañana y por la tarde. Cuando el arroyo se secó, Dios lo envió a Sarepta, una ciudad de Sidón, en la tierra de Jezabel, donde una viuda lo sustentaría.

La viuda estaba recogiendo leña para preparar la última comida para ella y su hijo antes de morir de hambre. Elías le pidió que primero le hiciera a él una pequeña torta, con la promesa de Dios: «La tinaja de la harina no escaseará, ni se disminuirá la botija del aceite, hasta aquel día que Jehová dará lluvia sobre la haz de la tierra». Ella obedeció, y así sucedió. Más tarde, cuando el hijo de la viuda enfermó y murió, Elías clamó a Dios, se tendió sobre el niño tres veces y Dios le devolvió la vida. Es la primera resurrección registrada en la Biblia.

El desafío en el monte Carmelo

Al tercer año, Dios envió a Elías de nuevo ante Acab. El rey lo acusó: «¿Eres tú el que alborotas a Israel?». Elías respondió que el alborotador era Acab, por haber dejado los mandamientos de Dios. Entonces propuso un desafío público en el monte Carmelo: reunir a todo Israel y a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal.

Ante el pueblo, Elías preguntó:

«Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.»

1 Reyes 18:21

El pueblo no respondió. Elías propuso que se prepararan dos bueyes para el sacrificio, sin fuego. Los profetas de Baal clamarían a su dios, y Elías invocaría a Jehová: «el Dios que respondiere por fuego, ése sea Dios». Los profetas de Baal clamaron desde la mañana hasta el mediodía: «¡Baal, respóndenos!», pero no hubo respuesta. Elías se burló de ellos: «Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, o tiene algún empeño, o va de camino; acaso duerme, y despertará». Ellos gritaban más fuerte y se sajaban con cuchillos, pero nada ocurrió.

Por la tarde, Elías reparó el altar de Jehová que estaba arruinado, con doce piedras, una por cada tribu. Cavó una zanja alrededor, puso la leña y el buey, y mandó derramar agua tres veces sobre el sacrificio, hasta llenar la zanja. Entonces oró con sencillez: «Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel… Respóndeme, Jehová, respóndeme». Cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras, el polvo y hasta el agua de la zanja. Todo el pueblo se postró y dijo: «¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios!».

La nubecita y la lluvia

Después, Elías subió a la cumbre del Carmelo, se postró en tierra con el rostro entre las rodillas y oró. Siete veces envió a su criado a mirar hacia el mar. La séptima vez, el criado dijo: «Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar». Pronto los cielos se oscurecieron y hubo una gran lluvia. Santiago usa este episodio como ejemplo del poder de la oración: «Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese… Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia» (Santiago 5:17-18).

El profeta agotado

Pero después de la gran victoria vino una crisis. Jezabel juró matar a Elías, y el profeta que había enfrentado a cuatrocientos cincuenta profetas huyó aterrado hasta el desierto, más allá de Beerseba. Se sentó debajo de un enebro y pidió morir: «Basta ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres». Se durmió.

Dios no lo reprendió. Le envió un ángel que lo tocó y le dijo: «Levántate, come». A su cabecera había una torta cocida y una vasija de agua. Comió, bebió y volvió a dormir. El ángel volvió: «Levántate y come, porque gran camino te resta». Con la fuerza de esa comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. La manera en que Dios cuidó a Elías, con descanso, alimento y compañía antes de hablarle, es una lección muy valiosa sobre el agotamiento y la depresión.

El silbo apacible

En Horeb, Elías se refugió en una cueva. Dios le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?». Elías expresó su dolor: había sentido celo por Dios, Israel había abandonado el pacto, y solo él había quedado. Dios le mandó salir y ponerse en el monte:

«Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.»

1 Reyes 19:11-12

Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado, un susurro suave. Después de la espectacular manifestación del Carmelo, Elías aprendió que Dios también habla en el silencio. Dios le dio nuevas tareas, le reveló que no estaba solo, pues quedaban siete mil que no se habían inclinado ante Baal, y le indicó que ungiera a Eliseo como su sucesor.

La viña de Nabot

Elías también defendió la justicia social. Cuando Acab quiso la viña de su vecino Nabot y este se negó a venderla porque era herencia de sus padres, Jezabel organizó un juicio falso, y Nabot fue apedreado. Acab tomó posesión de la viña. Entonces Dios envió a Elías a confrontarlo: «¿No mataste y también has poseído?». Los profetas de Dios no solo denunciaban la idolatría, sino también la injusticia contra los débiles.

El carro de fuego

Al final de su ministerio, Elías caminó con Eliseo de Gilgal a Betel, a Jericó y al Jordán. Allí golpeó las aguas con su manto, y se dividieron. Eliseo le pidió una doble porción de su espíritu. Mientras caminaban y hablaban, apareció un carro de fuego con caballos de fuego, que los separó, «y Elías subió al cielo en un torbellino» (2 Reyes 2:11). Eliseo clamó: «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!», y recogió el manto de Elías.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Tisbe (Galaad), Sarepta, Monte Carmelo, Jezreel, Samaria, Horeb (Sinaí)Mar MediterráneoSareptaMonte CarmeloJezreelTisbe (Galaad)SamariaHoreb (Sinaí)100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Tisbe de Galaad: región montañosa al este del Jordán, en la actual Jordania, de donde provenía Elías.

El arroyo de Querit: al oriente del Jordán, donde los cuervos lo alimentaron.

Sarepta: ciudad fenicia en la costa, entre Tiro y Sidón, en el actual Líbano.

Monte Carmelo: cordillera junto al mar Mediterráneo, cerca de la actual Haifa. En el lugar tradicional del sacrificio, llamado Muhraqa («lugar del fuego»), hay un monasterio carmelita. La orden de los Carmelitas toma su nombre de este monte.

Horeb: el monte de Dios, donde Moisés recibió la ley.

El río Jordán, cerca de Jericó: donde fue arrebatado al cielo.

Datos interesantes

Elías en la Pascua judía: hasta hoy, en la cena pascual judía se sirve una copa para Elías y se abre la puerta esperando su venida, anunciada por Malaquías.

La primera resurrección: el hijo de la viuda de Sarepta es la primera persona que la Biblia registra resucitada.

Juan el Bautista y Elías: Juan vino «con el espíritu y virtud de Elías» (Lucas 1:17), y Jesús dijo que Elías ya había venido, refiriéndose a Juan (Mateo 17:12-13).

Solo dos no murieron: Enoc y Elías fueron llevados por Dios sin pasar por la muerte.

Tres años y medio: la duración de la sequía según Jesús y Santiago (Lucas 4:25; Santiago 5:17).

Lecciones para nuestra vida

No se puede servir a dos señores: hay que decidir. Dios provee de maneras inesperadas. La oración ferviente es poderosa. Los grandes siervos de Dios también se agotan: descansar y comer es espiritual. Dios habla también en el silencio. Nunca estamos tan solos como creemos. La fe verdadera defiende a los débiles.

Camino a Jesús

El profeta Malaquías cerró el Antiguo Testamento con una promesa: «He aquí, yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible» (Malaquías 4:5). Esa promesa se cumplió en Juan el Bautista, que preparó el camino de Jesús. En el monte de la transfiguración, Elías apareció junto a Moisés hablando con Jesús de su partida en Jerusalén (Lucas 9:30-31): la Ley y los Profetas daban testimonio de Cristo. Jesús, como Elías, resucitó al hijo de una viuda (en Naín), multiplicó alimentos y ayunó cuarenta días. Pero Jesús es mayor: Elías subió al cielo en un carro de fuego; Jesús resucitó y ascendió con su propio poder. Y Él envió no una doble porción, sino al Espíritu Santo mismo sobre su Iglesia.

En el próximo episodio conoceremos a Eliseo, el sucesor de Elías, que recibió una doble porción de su espíritu.

Oración

Señor, tú eres el Dios que responde por fuego. Líbrame de claudicar entre dos pensamientos; quiero seguirte solo a ti. Cuando esté cansado como Elías bajo el enebro, cuídame y renueva mis fuerzas. Enséñame a escuchar tu silbo apacible. Dame una fe que ore con fervor y que defienda a los débiles. Amén.