Eliseo y la doble porción
- Pasaje
- 2 Reyes 2–13
- Protagonistas
- Eliseo, la sunamita, Naamán
- Lugar
- Jericó, Sunem, Samaria, Dotán, Jordán
- Época
- Siglo IX a. C.
Eliseo fue el discípulo y sucesor de Elías. Mientras que Elías aparece como un profeta solitario, de fuego y confrontación, Eliseo fue un profeta cercano al pueblo, que caminó entre las familias, sanó a los enfermos, alimentó a los hambrientos y mostró la compasión de Dios incluso con los extranjeros. Su nombre, Elishá, significa «Dios es salvación». La Biblia registra más milagros de Eliseo que de cualquier otro profeta del Antiguo Testamento. Su ministerio duró más de cincuenta años, durante los reinados de varios reyes de Israel.
El llamado: doce yuntas de bueyes
Cuando Dios mandó a Elías ungir a su sucesor, Elías encontró a Eliseo arando con doce yuntas de bueyes, lo cual indica que su familia era próspera. Elías pasó junto a él y echó su manto sobre él, un gesto que significaba llamarlo a su servicio. Eliseo pidió despedirse de sus padres. Luego tomó un par de bueyes, los sacrificó, coció la carne con la madera del arado y la dio al pueblo. Quemó sus naves: no había vuelta atrás. Se levantó, siguió a Elías y le servía (1 Reyes 19:19-21).
La doble porción
Durante años, Eliseo acompañó a Elías. Cuando se acercaba el día en que Elías sería arrebatado al cielo, Elías le dijo tres veces que se quedara, pero Eliseo respondió siempre: «Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré». Al cruzar el Jordán, Elías le preguntó qué quería que hiciera por él. Eliseo pidió:
«Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí. Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no.»
2 Reyes 2:9-10
La «doble porción» era la parte de la herencia que correspondía al hijo primogénito. Eliseo pedía ser el heredero espiritual de Elías. Cuando vio a Elías subir en el torbellino, recogió su manto, volvió al Jordán, golpeó las aguas y dijo: «¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?». Las aguas se dividieron, y los hijos de los profetas reconocieron: «El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo».
Agua sanada y aceite que no se acaba
Los hombres de Jericó le dijeron que la ciudad era agradable, pero sus aguas eran malas y la tierra estéril. Eliseo echó sal en el manantial y dijo en nombre de Dios: «Yo sané estas aguas». Hasta hoy, en Jericó existe un manantial conocido como la Fuente de Eliseo (Ein es-Sultan).
Una viuda de uno de los profetas clamó a Eliseo porque un acreedor iba a llevarse a sus dos hijos como esclavos. Solo tenía una vasija de aceite. Eliseo le mandó pedir prestadas muchas vasijas vacías a sus vecinos, encerrarse con sus hijos y llenar todas con aquel aceite. El aceite siguió fluyendo hasta que no quedó ninguna vasija vacía. Vendió el aceite, pagó la deuda y vivió del resto (2 Reyes 4:1-7). Dios multiplicó lo poco que ella tenía, en la medida de su fe.
La mujer sunamita
En Sunem, una mujer importante invitaba a Eliseo a comer cada vez que pasaba. Con su esposo, le construyó un pequeño aposento con una cama, una mesa, una silla y un candelero para que descansara. Eliseo quiso agradecer su hospitalidad y, al saber que no tenía hijos y su marido era anciano, le anunció que al año siguiente abrazaría a un hijo. Así sucedió.
Años después, el niño se quejó de dolor de cabeza en el campo y murió en el regazo de su madre. Ella lo puso sobre la cama del profeta, cerró la puerta y fue en busca de Eliseo, repitiendo con fe: «Bien». Eliseo vino, oró a Jehová, se tendió sobre el niño, y el niño estornudó siete veces y abrió los ojos. Eliseo lo devolvió a su madre (2 Reyes 4:8-37).
Multiplicación de panes
En un tiempo de hambre, un hombre trajo a Eliseo veinte panes de cebada. Eliseo mandó darlos a cien hombres. Su criado objetó que era muy poco, pero Eliseo insistió: «Así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará». Comieron, y sobró (2 Reyes 4:42-44). Siglos después, Jesús haría un milagro semejante, pero mucho mayor, con cinco panes para cinco mil personas.
Naamán el sirio
Naamán era general del ejército del rey de Siria, un hombre valiente y respetado, pero leproso. En su casa servía una niña israelita que había sido llevada cautiva. Ella dijo a su señora: «Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra». Naamán viajó con cartas del rey y grandes regalos.
Cuando llegó a la casa de Eliseo, el profeta ni siquiera salió a recibirlo; solo envió un mensajero: «Ve, y lávate siete veces en el Jordán». Naamán se enojó: esperaba una ceremonia impresionante, y además los ríos de Damasco le parecían mejores que el Jordán. Pero sus siervos lo convencieron: si el profeta le hubiera pedido algo difícil, ¿no lo habría hecho? Naamán descendió y se zambulló siete veces en el Jordán:
«El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fue limpio.»
2 Reyes 5:14
Naamán volvió a Eliseo y confesó: «He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel». Quiso pagarle, pero Eliseo no aceptó nada: la gracia de Dios no se compra. Sin embargo, su criado Guiezi fue tras Naamán y le pidió regalos con una mentira, y recibió la lepra de Naamán como castigo.
El hacha que flotó
Los hijos de los profetas construían un lugar más amplio junto al Jordán. A uno de ellos se le cayó al agua el hierro de un hacha prestada, y clamó angustiado. Eliseo cortó un palo, lo echó al agua, e hizo flotar el hierro (2 Reyes 6:1-7). Dios se preocupa incluso por los problemas pequeños de sus siervos.
Carros de fuego alrededor
El rey de Siria descubrió que Eliseo revelaba al rey de Israel sus planes militares, y envió un gran ejército a capturarlo en Dotán. Al amanecer, el criado de Eliseo vio la ciudad rodeada y se llenó de miedo: «¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?». Eliseo respondió: «No hayas miedo: porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Oró: «Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea». Y el criado vio que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo (2 Reyes 6:16-17). Después, Eliseo pidió que los sirios fueran cegados, los llevó a Samaria y, en lugar de permitir que los mataran, mandó que les dieran de comer y los dejaran ir.
Muerte y milagro final
Eliseo enfermó y murió ya anciano. Poco tiempo después, unos israelitas estaban sepultando a un hombre cuando vieron venir una banda de merodeadores, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Al tocar los huesos del profeta, el muerto revivió y se puso de pie (2 Reyes 13:20-21).
Lugares de la historia
Abel-mehola: ciudad natal de Eliseo, en el valle del Jordán.
Jericó: donde sanó las aguas; la Fuente de Eliseo se encuentra junto a Tell es-Sultan.
Sunem: aldea en el valle de Jezreel, donde vivía la mujer sunamita.
Samaria: capital del reino del norte, donde vivía Eliseo.
El río Jordán: donde Naamán fue sanado.
Dotán: donde el ejército sirio lo rodeó; la misma ciudad donde siglos antes José fue vendido.
Datos interesantes
Más milagros: la Biblia registra unos catorce milagros de Eliseo, frente a unos siete de Elías, lo que muchos relacionan con la «doble porción».
Jesús y Naamán: Jesús mencionó que, de todos los leprosos de Israel, solo fue limpiado Naamán el sirio (Lucas 4:27), mostrando que la gracia de Dios alcanza a los extranjeros.
Siete veces: Naamán se sumergió siete veces y el niño estornudó siete veces; el siete indica plenitud.
Nombres parecidos: Elías significa «mi Dios es Jehová» y Eliseo «Dios es salvación».
Una niña valiente: la sanidad de un general comenzó con el testimonio de una niña esclava.
Lecciones para nuestra vida
Seguir a Dios implica dejar atrás lo que nos detiene. La perseverancia es recompensada: Eliseo no dejó a Elías. Dios multiplica lo poco que tenemos. La hospitalidad abre la puerta a la bendición. El orgullo puede impedir la sanidad: Naamán tuvo que humillarse. La gracia no se compra. Hay más a nuestro favor de lo que vemos. Amar al enemigo desarma la violencia.
Camino a Jesús
El ministerio de Eliseo anticipa de muchas maneras el de Jesús. Ambos comenzaron su ministerio en el Jordán, ambos multiplicaron panes, sanaron leprosos, resucitaron muertos y mostraron compasión por los extranjeros. Incluso sus nombres son similares: Eliseo significa «Dios es salvación» y Jesús, «Jehová salva». Pero Jesús es mayor. Los huesos de Eliseo devolvieron la vida a un muerto, pero Eliseo permaneció en la tumba; Jesús resucitó para siempre y da vida eterna a todos los que creen en Él. Y así como Naamán tuvo que humillarse y lavarse en el Jordán, nosotros recibimos la limpieza del pecado no por nuestros méritos, sino por la gracia de Cristo.
En el próximo episodio conoceremos a Jonás, el profeta que huyó de Dios y terminó en el vientre de un gran pez.
Oración
Señor, como Eliseo, quiero seguirte sin mirar atrás. Multiplica lo poco que tengo y úsalo para bendecir a otros. Límpiame como limpiaste a Naamán, y líbrame del orgullo que impide recibir tu gracia. Abre mis ojos para ver que son más los que están conmigo que los que están contra mí. Amén.