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Episodio 25 de 34

Isaías, el profeta del Mesías

Pasaje
Isaías 1–66
Protagonistas
Isaías, Acaz, Ezequías
Lugar
Jerusalén
Época
Siglo VIII a. C.

Isaías es llamado con frecuencia «el profeta del Mesías» o incluso «el quinto evangelista», porque sus profecías sobre Cristo son tan claras que parecen escritas por un testigo de su vida. Su libro, de sesenta y seis capítulos, es uno de los más citados en el Nuevo Testamento. Isaías profetizó en Jerusalén durante unos cuarenta años, en tiempos de crisis política y espiritual, y anunció tanto el juicio de Dios como una esperanza gloriosa: la venida de un Niño que sería llamado Dios fuerte, y de un Siervo que sufriría por los pecados de su pueblo.

¿Quién era Isaías?

Isaías, hijo de Amoz, vivió en Jerusalén en el siglo VIII a. C. y profetizó durante los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Su nombre, Yeshayahu, significa «Jehová es salvación», de la misma raíz que el nombre de Jesús. Parece haber tenido acceso a la corte real y era un hombre culto, de lenguaje poético extraordinario. Estaba casado con una mujer a la que llama «la profetisa», y sus hijos recibieron nombres simbólicos como mensajes para el pueblo.

El llamado: «Santo, santo, santo»

En el año en que murió el rey Uzías, Isaías tuvo una visión que cambió su vida. Vio al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Serafines con seis alas clamaban el uno al otro:

«Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.»

Isaías 6:3

Los quiciales de las puertas se estremecieron y la casa se llenó de humo. Isaías, abrumado por la santidad de Dios, clamó: «¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos». Entonces un serafín tomó un carbón encendido del altar, tocó sus labios y le dijo: «es quitada tu culpa, y limpio tu pecado». Después, Isaías oyó la voz del Señor: «¿A quién enviaré, y quién nos irá?». Y respondió con palabras que han inspirado a misioneros de todos los tiempos: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8).

La señal de Emanuel

Cuando el rey Acaz estaba aterrado porque Siria e Israel se habían aliado contra Judá, Isaías le dijo que confiara en Dios y le ofreció pedir una señal. Acaz se negó, fingiendo piedad. Entonces Isaías anunció que Dios mismo daría la señal:

«Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.»

Isaías 7:14

Emanuel significa «Dios con nosotros». Mateo cita esta profecía al narrar el nacimiento virginal de Jesús (Mateo 1:22-23), viendo en ella su cumplimiento pleno.

«Un niño nos es nacido»

En medio de tiempos oscuros, Isaías anunció una gran luz: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz». Esa luz sería el nacimiento de un niño con nombres divinos:

«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.»

Isaías 9:6-7

Este niño se sentaría sobre el trono de David y su reino no tendría fin. Mateo recuerda que Jesús comenzó a predicar precisamente en la región de Galilea que Isaías mencionó (Mateo 4:13-16). Isaías también anunció que brotaría «una vara del tronco de Isaí», sobre la cual reposaría el Espíritu de Jehová, y que traería un reino de justicia y paz donde el lobo habitaría con el cordero (Isaías 11:1-9).

El rey Ezequías y la liberación de Jerusalén

En el año 701 a. C., el poderoso rey asirio Senaquerib invadió Judá, conquistó muchas ciudades fortificadas y sitió Jerusalén. Su general se burló del Dios de Israel. El rey Ezequías extendió la carta amenazante delante de Jehová en el templo y oró. Isaías le transmitió la respuesta de Dios: el rey de Asiria no entraría en la ciudad. Esa noche, el ángel de Jehová hirió el campamento asirio, y Senaquerib volvió a Nínive (Isaías 37).

Más tarde, Ezequías enfermó de muerte, e Isaías le anunció que moriría. Ezequías lloró y oró, y Dios le añadió quince años de vida. Como señal, la sombra retrocedió diez grados en el reloj de Acaz (Isaías 38).

«Consolaos, pueblo mío»

A partir del capítulo 40, el tono del libro cambia y anuncia consuelo para un pueblo que sufriría el exilio en Babilonia: «Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios». Una voz clama en el desierto: «Barred camino a Jehová». Estas palabras se cumplirían en Juan el Bautista. Estos capítulos contienen algunas de las páginas más hermosas sobre la grandeza de Dios: «los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas, correrán, y no se cansarán, caminarán, y no se fatigarán» (Isaías 40:31). También anuncian a Ciro, rey de Persia, como el instrumento que Dios usaría para permitir el regreso de los exiliados.

El Siervo sufriente

El corazón del mensaje de Isaías está en los cánticos del Siervo de Jehová, especialmente en Isaías 52:13 al 53:12. Allí se describe a un Siervo que sería despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, que cargaría con los pecados de otros:

«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.»

Isaías 53:5-6

El Siervo sería llevado como cordero al matadero sin abrir su boca, sería cortado de la tierra de los vivientes, pondría su vida en expiación por el pecado, sería contado con los transgresores, y con los ricos sería en su muerte. Pero después vería la luz, prolongaría sus días y justificaría a muchos. Cuando el eunuco etíope leía este pasaje y preguntó de quién hablaba el profeta, Felipe «comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús» (Hechos 8:35).

Esperanza para todas las naciones

Isaías mira más allá de Israel. El Siervo sería «luz de las gentes», para que la salvación de Dios llegara hasta lo postrero de la tierra (Isaías 49:6). El capítulo 55 invita: «A todos los sedientos: Venid a las aguas». Y el capítulo 61 anuncia a alguien ungido por el Espíritu del Señor para dar buenas nuevas a los pobres, vendar a los quebrantados de corazón y publicar libertad a los cautivos. El libro termina con la visión de cielos nuevos y tierra nueva, donde no se oirán más voz de lloro ni voz de clamor (Isaías 65:17-19).

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Jerusalén, Laquis, Nínive, BabiloniaMar MediterráneoNíniveBabiloniaJerusalénLaquis100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Jerusalén: ciudad donde vivió y profetizó Isaías, y donde tuvo su visión en el templo.

El estanque de Siloé y el túnel de Ezequías: Ezequías construyó un túnel de más de 500 metros para llevar agua a la ciudad ante el asedio asirio (2 Reyes 20:20). El túnel todavía puede recorrerse, y en él se encontró en 1880 la inscripción de Siloé, que describe su construcción.

Laquis: ciudad de Judá conquistada por Senaquerib; los relieves de su asedio se exhiben en el Museo Británico.

Datos interesantes

El gran rollo de Isaías: hallado en 1947 entre los manuscritos del mar Muerto en Qumrán, es un manuscrito completo del libro copiado alrededor del siglo II a. C., más de mil años más antiguo que los manuscritos conocidos hasta entonces. Hoy se exhibe en el Santuario del Libro, en Jerusalén.

Una Biblia en miniatura: Isaías tiene 66 capítulos, como la Biblia tiene 66 libros; muchos observan que sus primeros 39 capítulos hablan más de juicio y los últimos 27 de consuelo, como los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo.

Jesús en Nazaret: al comenzar su ministerio, Jesús leyó en la sinagoga Isaías 61:1-2 y dijo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos» (Lucas 4:21).

El sello de Ezequías: en 2015 se halló en Jerusalén una impresión de sello con el nombre del rey Ezequías.

Tradición sobre su muerte: según una antigua tradición judía, Isaías murió aserrado en tiempos del rey Manasés; muchos lo relacionan con Hebreos 11:37.

Lecciones para nuestra vida

La santidad de Dios nos humilla y nos transforma. Dios limpia a quien reconoce su pecado. Dios busca a quienes digan: «Heme aquí». La oración cambia la historia, como la de Ezequías. Esperar en Dios renueva las fuerzas. La salvación es para todas las naciones.

Camino a Jesús

Ningún profeta del Antiguo Testamento describe a Jesucristo con tanto detalle como Isaías: su nacimiento de una virgen (7:14), su naturaleza divina (9:6), su descendencia de David (11:1), su precursor en el desierto (40:3), su ministerio a los pobres y quebrantados (61:1), su silencio ante los acusadores, su muerte por nuestros pecados, su sepultura con los ricos y su resurrección (53). El Siervo sufriente de Isaías es Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. «Por su llaga fuimos nosotros curados».

En el próximo episodio conoceremos a Jeremías, el profeta de las lágrimas, que anunció un nuevo pacto.

Oración

Santo, santo, santo es el Señor. Como Isaías, reconozco que soy de labios inmundos. Gracias porque en Jesucristo mi culpa es quitada. Gracias porque Él fue herido por mis rebeliones y por su llaga soy sanado. Renueva mis fuerzas mientras espero en ti. Y hoy te digo: Heme aquí, envíame a mí. Amén.