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Episodio 29 de 34

Ester, reina para un tiempo como este

Pasaje
Ester 1–10
Protagonistas
Ester, Mardoqueo, Amán, Asuero
Lugar
Susa (Persia)
Época
Siglo V a. C.

El libro de Ester es único en la Biblia: no menciona ni una sola vez el nombre de Dios. No hay milagros visibles, ni profetas, ni visiones. Y sin embargo, es una de las historias donde más claramente se ve la mano de Dios, obrando detrás de cada «coincidencia» para salvar a su pueblo de la destrucción. Es la historia de una joven huérfana judía que llegó a ser reina de Persia y que arriesgó su vida con una valentía extraordinaria. Su frase más famosa, «para esta hora», sigue inspirando a millones de personas.

El contexto: judíos en Persia

Después de que Ciro, rey de Persia, permitiera a los judíos regresar a Jerusalén en el 538 a. C., muchos se quedaron dispersos por el imperio persa, que se extendía desde la India hasta Etiopía, con ciento veintisiete provincias. La historia de Ester ocurre en Susa, una de las capitales del imperio, durante el reinado de Asuero, identificado por la mayoría de los historiadores con Jerjes I, que reinó entre el 486 y el 465 a. C.

La reina Vasti y una nueva reina

El rey Asuero organizó un banquete de ciento ochenta días para mostrar las riquezas de su reino, seguido de un banquete de siete días en Susa. El séptimo día, estando alegre por el vino, mandó llamar a la reina Vasti para mostrar su belleza a los invitados. Vasti se negó. El rey, enojado y aconsejado por sus sabios, la depuso y ordenó buscar una nueva reina entre las jóvenes de todo el imperio.

En Susa vivía un judío llamado Mardoqueo, de la tribu de Benjamín, cuya familia había sido deportada desde Jerusalén. Él había criado a su prima Hadasa, llamada Ester, porque había quedado huérfana de padre y madre. Ester era hermosa y fue llevada al palacio con las demás jóvenes. Por consejo de Mardoqueo, no reveló que era judía. Ester ganó el favor de todos los que la veían, y cuando se presentó ante el rey, él la amó más que a todas y la hizo reina en lugar de Vasti.

Mardoqueo salva al rey

Mardoqueo, que se sentaba a la puerta del rey, descubrió un complot de dos eunucos para matar a Asuero. Se lo contó a Ester, quien avisó al rey en nombre de Mardoqueo. Los conspiradores fueron ejecutados y el hecho quedó escrito en las crónicas del rey. Mardoqueo no recibió ninguna recompensa en ese momento, un detalle que después sería decisivo.

Amán y el decreto de exterminio

El rey engrandeció a Amán, un agagueo, y lo puso por encima de todos los príncipes. Todos los siervos del rey se inclinaban ante él, pero Mardoqueo no se inclinaba. Amán se llenó de ira, y al saber que Mardoqueo era judío, decidió destruir no solo a él, sino a todo su pueblo en el imperio.

Echaron suertes (en persa, pur) para elegir la fecha, y cayó en el mes duodécimo, el mes de Adar. Amán dijo al rey que había un pueblo esparcido cuyas leyes eran diferentes y que no obedecía las leyes del rey, y ofreció diez mil talentos de plata para el tesoro real. El rey le entregó su anillo, y se enviaron cartas a todas las provincias ordenando exterminar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un solo día. «Y el rey y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida» (Ester 3:15).

«Para esta hora»

Cuando Mardoqueo supo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y ceniza, y clamó por la ciudad. En todas las provincias hubo gran luto entre los judíos, con ayuno, llanto y lamentación. Mardoqueo envió a Ester una copia del decreto y le pidió que se presentara ante el rey para suplicar por su pueblo.

Pero Ester le recordó que había una ley: cualquiera que entrara ante el rey sin ser llamado debía morir, a menos que el rey extendiera hacia él su cetro de oro. Y ella no había sido llamada en treinta días. Mardoqueo respondió con palabras que se han convertido en un llamado para los creyentes de todas las épocas:

«Entonces dijo Mardochêo que respondiesen a Esther: No pienses en tu alma, que escaparás en la casa del rey más que todos los Judíos: Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?»

Ester 4:13-14

Ester tomó una decisión valiente. Pidió a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos de Susa para ayunar por ella tres días y tres noches, y ella con sus doncellas haría lo mismo. «Y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca» (Ester 4:16).

Ante el rey

Al tercer día, Ester se vistió con su vestido real y entró en el patio interior del palacio. Cuando el rey la vio, ella obtuvo gracia ante sus ojos, y él extendió el cetro de oro. Le preguntó qué deseaba, ofreciéndole hasta la mitad del reino. Con sabiduría, Ester no presentó su petición de inmediato, sino que invitó al rey y a Amán a un banquete. En el banquete, volvió a invitarlos para el día siguiente.

Amán salió feliz, pero al ver que Mardoqueo seguía sin inclinarse ante él, su esposa y sus amigos le aconsejaron construir una horca de cincuenta codos de alto para colgar a Mardoqueo a la mañana siguiente.

Una noche sin sueño

Esa misma noche, el rey no pudo dormir. Pidió que le leyeran el libro de las memorias y crónicas, y allí se leyó cómo Mardoqueo había descubierto el complot para matarlo. El rey preguntó qué honra se le había dado, y le dijeron que ninguna. En ese momento llegó Amán al patio, precisamente para pedir permiso para colgar a Mardoqueo. El rey le preguntó: «¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?». Amán, pensando que se trataba de él mismo, propuso vestirlo con ropas reales, montarlo en el caballo del rey y pasearlo por la ciudad proclamando su honor. El rey le ordenó hacerlo así con Mardoqueo. Amán tuvo que pasear a su enemigo por la plaza.

Ester revela su identidad

En el segundo banquete, el rey volvió a preguntar a Ester cuál era su petición. Entonces ella habló: «Si he hallado gracia en tus ojos, oh rey… séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque vendidos estamos, yo y mi pueblo, para ser destruidos». El rey, indignado, preguntó quién se había atrevido a hacer esto. Ester respondió: «El enemigo y adversario es este malvado Amán». Amán fue colgado en la misma horca que había preparado para Mardoqueo.

La salvación del pueblo

Como una ley persa no podía revocarse, el rey autorizó a Mardoqueo a escribir un nuevo decreto que permitía a los judíos reunirse y defenderse el día señalado. Mardoqueo salió de la presencia del rey con vestido real, y «los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra». Cuando llegó el día, los judíos se defendieron y fueron librados. Mardoqueo llegó a ser el segundo después del rey, «procurando el bien de su pueblo».

La fiesta de Purim

Para recordar esta liberación, Mardoqueo y Ester establecieron la fiesta de Purim, que se celebra los días 14 y 15 del mes de Adar, como días de banquete y alegría, de enviar regalos unos a otros y ofrendas a los pobres. El nombre viene de pur, las suertes que Amán había echado para destruirlos. Hasta hoy, los judíos de todo el mundo celebran Purim leyendo el rollo de Ester.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Susa, Ecbatana (Hamadán), Babilonia, JerusalénMar MediterráneoGolfo PérsicoEcbatana (Hamadán)BabiloniaSusaJerusalén100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Susa (Shushan): una de las capitales del imperio persa, en el suroeste del actual Irán. Sus ruinas, con el palacio de Darío I, son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Hamadán (antigua Ecbatana): en el actual Irán, donde la tradición sitúa la tumba de Ester y Mardoqueo, un importante lugar de peregrinación para los judíos iraníes.

El imperio persa: se extendía desde la India hasta Etiopía (Ester 1:1).

Datos interesantes

Sin el nombre de Dios: Ester es uno de los dos libros de la Biblia que no mencionan explícitamente a Dios; el otro es el Cantar de los Cantares.

Dos nombres: su nombre hebreo era Hadasa, que significa «mirto»; Ester es probablemente de origen persa, relacionado con «estrella».

El único libro ausente: es el único libro del Antiguo Testamento del que no se ha encontrado ningún fragmento entre los manuscritos del mar Muerto.

Jerjes en la historia: el rey Asuero se identifica con Jerjes I, conocido por su guerra contra Grecia y la batalla de las Termópilas.

Una ironía perfecta: la horca preparada para Mardoqueo sirvió para Amán, y el honor que Amán deseaba fue para Mardoqueo.

Lecciones para nuestra vida

Dios obra aunque no lo veamos. No hay coincidencias para quien confía en Dios. Cada uno tiene un propósito «para esta hora». La valentía a veces implica arriesgarlo todo. El ayuno y la oración preceden a las grandes decisiones. La sabiduría sabe esperar el momento oportuno. El orgullo y el odio terminan destruyendo a quien los alberga.

Camino a Jesús

Ester arriesgó su vida entrando ante el rey para interceder por su pueblo condenado a muerte. Jesucristo hizo algo aún mayor: no solo arriesgó su vida, sino que la entregó para salvarnos de la condenación. Ester dijo: «si perezco, que perezca»; Jesús dijo: «Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo» (Juan 10:18). Gracias a Él, podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia sin temor, porque el cetro de la misericordia ha sido extendido hacia nosotros (Hebreos 4:16). Y así como Dios preservó al pueblo judío del exterminio, preservó la línea de la que nacería el Mesías.

En el próximo episodio conoceremos a Esdras y Nehemías, los líderes de la reconstrucción de Jerusalén.

Oración

Señor, gracias porque obras aun cuando no te veo. Ayúdame a reconocer que estoy donde estoy «para esta hora». Dame la valentía de Ester para defender a los que sufren y la fidelidad de Mardoqueo para no inclinarme ante nada que no seas tú. Gracias por Jesús, que entregó su vida para salvarme. Amén.