Esdras y Nehemías, la reconstrucción
- Pasaje
- Esdras; Nehemías
- Protagonistas
- Zorobabel, Esdras, Nehemías
- Lugar
- Babilonia, Susa, Jerusalén
- Época
- c. 538–430 a. C.
Después de setenta años de exilio en Babilonia, se cumplió la promesa de Dios anunciada por Jeremías: su pueblo volvería a su tierra. Los libros de Esdras y Nehemías, que en la tradición hebrea formaban un solo libro, narran este regreso y la reconstrucción de Jerusalén en tres etapas: primero el templo, luego la vida espiritual del pueblo y finalmente las murallas de la ciudad. Tres líderes fueron clave: Zorobabel, descendiente de David; Esdras, el sacerdote y escriba experto en la ley de Dios; y Nehemías, el copero del rey que se convirtió en gobernador y constructor.
El decreto de Ciro
En el año 539 a. C., Ciro el Grande, rey de Persia, conquistó Babilonia. Al año siguiente publicó un decreto que permitía a los judíos volver a Jerusalén y reconstruir el templo de Dios:
«Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalem, que está en Judá. ¿Quién hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con él, y suba a Jerusalem que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel, (él es el Dios,) la cual está en Jerusalem.»
Esdras 1:2-3
Isaías había mencionado a Ciro por su nombre más de un siglo antes, como el instrumento que Dios usaría para que Jerusalén fuera reconstruida (Isaías 44:28; 45:1). Ciro devolvió incluso los utensilios de oro y plata que Nabucodonosor se había llevado del templo.
Zorobabel y el segundo templo
Cerca de cincuenta mil personas regresaron en el primer grupo, dirigidas por Zorobabel, descendiente del rey David, y el sumo sacerdote Josué. Lo primero que hicieron fue reconstruir el altar y celebrar la fiesta de los Tabernáculos. En el segundo año echaron los cimientos del templo con gran alegría: los sacerdotes tocaban trompetas, los levitas címbalos, y cantaban alabando a Dios: «Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia».
Pero hubo una mezcla de emociones: los ancianos que habían visto el primer templo de Salomón lloraban en alta voz, mientras otros gritaban de alegría, «y no podía discernir el pueblo el clamor de los gritos de alegría de la voz del lloro» (Esdras 3:13).
Luego vino la oposición. Los pueblos vecinos intimidaron a los constructores y escribieron cartas a los reyes persas, y la obra se detuvo durante unos dieciséis años. Entonces Dios levantó a los profetas Hageo y Zacarías, que animaron al pueblo a reanudar la obra. El templo fue terminado en el año sexto del rey Darío, en el 516 a. C., y dedicado con gran gozo.
Esdras: el escriba de la Palabra
Unos sesenta años después, en el 458 a. C., Esdras regresó con un segundo grupo de exiliados, con el permiso y el apoyo del rey Artajerjes. Esdras era sacerdote, descendiente de Aarón, y «escriba diligente en la ley de Moisés». La Biblia resume así su vida:
«Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para hacer y enseñar a Israel mandamientos y juicios.»
Esdras 7:10
Antes del viaje, Esdras proclamó un ayuno junto al río Ahava para pedir a Dios un camino seguro. Tenía vergüenza de pedir al rey una escolta militar, porque le había dicho que la mano de Dios estaba sobre los que lo buscan. Dios los protegió durante los cuatro meses de viaje.
Al llegar a Jerusalén, Esdras descubrió que muchos, incluidos líderes y sacerdotes, se habían casado con mujeres de pueblos que practicaban la idolatría. Esdras rasgó sus vestidos, se sentó angustiado y oró confesando los pecados del pueblo como si fueran suyos. El pueblo se arrepintió y se comprometió a volver a la fidelidad.
Nehemías: el copero que lloró por Jerusalén
Trece años después, en el 445 a. C., Nehemías servía como copero del rey Artajerjes en el palacio de Susa, un cargo de gran confianza. Cuando unos hombres llegados de Judá le contaron que el muro de Jerusalén estaba derribado y sus puertas quemadas, Nehemías se sentó, lloró, ayunó y oró durante días.
Un día, el rey notó su tristeza y le preguntó por qué estaba triste. Nehemías tuvo mucho miedo, pero oró en silencio a Dios en ese instante y luego pidió permiso para ir a reconstruir la ciudad. El rey no solo se lo concedió, sino que le dio cartas para los gobernadores y madera de los bosques reales. Nehemías reconoció: «me lo otorgó el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí» (Nehemías 2:8).
La reconstrucción del muro
En Jerusalén, Nehemías inspeccionó los muros de noche, en secreto. Luego reunió a los líderes y les dijo: «Venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén». El pueblo respondió: «Levantémonos y edifiquemos». El capítulo 3 describe cómo cada familia y cada grupo reconstruyó un tramo del muro, muchos frente a sus propias casas: sacerdotes, orfebres, perfumistas, comerciantes, gobernantes y hasta las hijas de uno de ellos.
Los enemigos, liderados por Sanbalat y Tobías, se burlaron: «si subiere una zorra, derribará su muro de piedra». Luego conspiraron para atacar. Nehemías respondió con oración y vigilancia: la mitad de los hombres trabajaba y la otra mitad montaba guardia, y los que edificaban lo hacían con una mano mientras con la otra sostenían la espada. Nehemías animó al pueblo: «No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos» (Nehemías 4:14).
Los enemigos intentaron también engañar y asustar a Nehemías para que abandonara la obra, pero él respondió: «Yo hago una grande obra, y no puedo ir». El muro fue terminado en solo cincuenta y dos días, y aun los enemigos reconocieron que Dios había hecho esta obra (Nehemías 6:15-16).
Justicia social
Durante la construcción, surgió un grave problema: los pobres habían tenido que hipotecar sus campos y vender a sus hijos como esclavos para pagar deudas y tributos a sus propios hermanos judíos más ricos. Nehemías se enojó mucho, reprendió a los nobles y los hizo devolver las tierras y cancelar los intereses. Él mismo, durante sus doce años como gobernador, no cobró el salario que le correspondía, para no ser una carga para el pueblo.
La lectura de la ley y el avivamiento
Cuando el muro estuvo terminado, todo el pueblo se reunió en la plaza frente a la puerta de las Aguas. Esdras, subido sobre un púlpito de madera, leyó el libro de la ley desde el alba hasta el mediodía, y los levitas explicaban el sentido para que el pueblo entendiera. Al escuchar la Palabra, el pueblo lloraba. Pero Nehemías y Esdras les dijeron:
«Díjoles luego: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen prevenido; porque día santo es a nuestro Señor: y no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza.»
Nehemías 8:10
Después celebraron la fiesta de los Tabernáculos con gran alegría, confesaron sus pecados y firmaron un pacto solemne de obedecer la ley de Dios, guardar el día de reposo y sostener el culto del templo.
Lugares de la historia
Babilonia y Susa: desde donde partieron los exiliados y donde Nehemías servía al rey.
El río Ahava: donde Esdras proclamó el ayuno antes del viaje.
Jerusalén: la ciudad reconstruida. Los arqueólogos han identificado restos de muros atribuidos a la época persa en la Ciudad de David.
La puerta de las Aguas: lugar donde Esdras leyó la ley ante el pueblo.
Datos interesantes
El Cilindro de Ciro: descubierto en 1879 en Babilonia y conservado en el Museo Británico, describe la política de Ciro de permitir a los pueblos deportados volver a sus tierras y restaurar sus santuarios.
Cincuenta y dos días: el tiempo que tomó reconstruir el muro de Jerusalén.
Un solo libro: en la Biblia hebrea, Esdras y Nehemías formaban un solo libro.
Oraciones relámpago: Nehemías es famoso por sus oraciones breves en medio de la acción: «Acuérdate de mí, Dios mío, para bien».
Esdras y las Escrituras: la tradición judía atribuye a Esdras un papel importante en la recopilación y enseñanza de las Escrituras.
Lecciones para nuestra vida
Dios cumple sus promesas en su tiempo. La adoración debe ser lo primero: el altar antes que el muro. La oposición no debe detener la obra de Dios. Estudiar, obedecer y enseñar la Palabra, en ese orden. La oración y la acción van juntas. Cada uno tiene una parte en la obra de Dios. La fe verdadera incluye la justicia con los pobres. El gozo del Señor es nuestra fuerza.
Camino a Jesús
Zorobabel, el líder del regreso, aparece en la genealogía de Jesús tanto en Mateo como en Lucas. El segundo templo, reconstruido en tiempos de Esdras y ampliado siglos después por Herodes, fue el templo que Jesús visitó, donde enseñó y donde fue presentado de niño. Hageo había profetizado que «la gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera» (Hageo 2:9): esa gloria llegó cuando el Hijo de Dios caminó por sus atrios. Y así como Nehemías dejó el palacio del rey para reconstruir una ciudad en ruinas, Jesús dejó la gloria del cielo para restaurar nuestras vidas derribadas.
En el próximo episodio conoceremos a los últimos profetas del Antiguo Testamento: Hageo, Zacarías y Malaquías.
Oración
Señor, gracias porque cumples tus promesas. Reconstruye lo que está derribado en mi vida y en mi familia. Dame un corazón como el de Esdras para estudiar, obedecer y enseñar tu Palabra, y como el de Nehemías para orar y trabajar sin rendirme ante la oposición. El gozo del Señor es mi fuerza. Amén.