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Episodio 31 de 34

Hageo, Zacarías y Malaquías

Pasaje
Hageo; Zacarías; Malaquías
Protagonistas
Hageo, Zacarías, Malaquías
Lugar
Jerusalén
Época
c. 520–430 a. C.

Con Hageo, Zacarías y Malaquías se cierra el Antiguo Testamento. Estos tres profetas hablaron a los judíos que habían regresado del exilio en Babilonia. Hageo y Zacarías animaron al pueblo a terminar la reconstrucción del templo; Malaquías, unas décadas después, confrontó el enfriamiento espiritual de una generación que se había acostumbrado a la religión. Los tres miran hacia el futuro: anuncian la venida del Señor a su templo, un rey humilde montado sobre un asno, y un mensajero que prepararía el camino. Después de Malaquías, la voz profética calló durante unos cuatrocientos años, hasta la aparición de Juan el Bautista.

Hageo: «Meditad sobre vuestros caminos»

En el año 520 a. C., segundo año del rey Darío, la construcción del templo llevaba unos dieciséis años detenida. El pueblo decía: «No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada». Mientras tanto, cada uno se ocupaba de construir y embellecer su propia casa. Entonces Dios habló por medio del profeta Hageo:

«¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y encerráis poco; coméis, y no os hartáis; bebéis, y no os saciáis; os vestís, y no os calentáis; y el que anda a jornal recibe su jornal en trapo horadado.»

Hageo 1:4-6

Hageo explicó que las malas cosechas y la sensación de que nunca alcanzaba el dinero tenían una causa espiritual: habían puesto sus propias prioridades por encima de Dios. El mensaje fue escuchado. Zorobabel, el gobernador, el sumo sacerdote Josué y todo el pueblo obedecieron, y Dios les dio una promesa breve y poderosa: «Yo soy con vosotros, dice Jehová» (Hageo 1:13). Veinticuatro días después, reanudaron la obra.

Un mes más tarde, algunos ancianos se desanimaron al comparar el nuevo templo con la gloria del templo de Salomón. Hageo les transmitió ánimo: «Esfuérzate… y obrad; porque yo soy con vosotros». Y añadió una promesa sorprendente: Dios haría temblar a las naciones, «y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria… La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera… y daré paz en este lugar» (Hageo 2:7-9).

El libro termina con una palabra especial para Zorobabel, descendiente de David: Dios lo tomaría y lo pondría «como anillo de sellar», porque lo había escogido (Hageo 2:23). Era una señal de que la promesa hecha a David seguía en pie.

Zacarías: visiones de esperanza

Zacarías comenzó a profetizar en el mismo año que Hageo. Era de familia sacerdotal y probablemente joven. Su nombre significa «Jehová se acuerda». Su libro, el más largo de los profetas menores, contiene ocho visiones nocturnas llenas de símbolos: jinetes que recorren la tierra, un hombre con un cordel de medir para Jerusalén, el sumo sacerdote Josué vestido con ropas sucias que son cambiadas por vestiduras limpias, un candelabro de oro alimentado por dos olivos, un rollo que vuela y carros que salen entre dos montes de bronce.

En la visión del candelabro, Dios dio a Zorobabel una palabra que se ha convertido en una de las más citadas de la Biblia:

«Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.»

Zacarías 4:6

Y a los que menospreciaban los modestos comienzos de la reconstrucción, Dios les preguntó: «¿quién menospreció el día de las pequeñeces?» (Zacarías 4:10).

Las profecías mesiánicas de Zacarías

La segunda parte de Zacarías contiene algunas de las profecías más claras sobre el Mesías en todo el Antiguo Testamento. Anuncia a un rey que llegaría a Jerusalén de una manera inesperada:

«Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna.»

Zacarías 9:9

Zacarías también habla de un pastor rechazado cuyo salario sería de treinta piezas de plata, arrojadas después en la casa de Jehová al alfarero (Zacarías 11:12-13). Anuncia que el pueblo miraría «a mí, a quien traspasaron», y haría duelo como quien llora por un hijo unigénito (Zacarías 12:10). Profetiza que se abriría un manantial para la purificación del pecado (Zacarías 13:1), y que el pastor sería herido y las ovejas dispersadas (Zacarías 13:7). Y concluye con una visión del día en que Jehová será rey sobre toda la tierra y sus pies se afirmarán sobre el monte de los Olivos (Zacarías 14:4, 9).

Zacarías también transmitió un mensaje de justicia: «Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano: no agraviéis a la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre» (Zacarías 7:9-10).

Malaquías: el mensajero

Malaquías profetizó probablemente alrededor del 430 a. C., en la época de Nehemías. Su nombre significa «mi mensajero». El templo ya estaba reconstruido, pero el fervor inicial se había apagado. Los sacerdotes ofrecían animales ciegos, cojos y enfermos; el pueblo se divorciaba con facilidad, retenía los diezmos y decía: «Por demás es servir a Dios».

El libro está construido como un diálogo. Dios hace una afirmación, el pueblo responde con una pregunta cínica, y Dios responde. Comienza con una declaración de amor: «Yo os he amado, dice Jehová». Y el pueblo responde: «¿En qué nos amaste?». Dios confronta su indiferencia, pero también los invita a volver: «Tornaos a mí, y yo me tornaré a vosotros» (Malaquías 3:7).

Malaquías es conocido por su enseñanza sobre el diezmo y la generosidad: «Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde» (Malaquías 3:10). También recordó que Dios aborrece el divorcio y la traición contra la esposa de la juventud (Malaquías 2:14-16).

Pero su mensaje más importante es el anuncio de un mensajero:

«He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí: y luego vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.»

Malaquías 3:1

Y el Antiguo Testamento termina con estas palabras:

«He aquí, yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra.»

Malaquías 4:5-6

Cuatrocientos años de silencio

Después de Malaquías no hubo más profetas reconocidos en Israel durante unos cuatrocientos años. Fue un período de grandes cambios: el imperio persa cayó ante Alejandro Magno, la cultura griega se extendió por todo el Oriente, los judíos sufrieron la persecución de Antíoco IV Epífanes y lucharon por su libertad en la revuelta de los Macabeos, y finalmente Roma conquistó Jerusalén en el año 63 a. C. En ese tiempo también se tradujo el Antiguo Testamento al griego, la llamada Septuaginta, y surgieron las sinagogas. Parecía que Dios callaba, pero estaba preparando «el cumplimiento del tiempo» (Gálatas 4:4).

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Babilonia, JerusalénBabiloniaJerusalén100 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

Babilonia: desde allí regresaron los exiliados tras el decreto de Ciro, en un viaje de unos 1.400 kilómetros siguiendo el Éufrates.

Jerusalén: donde Hageo y Zacarías animaron a reconstruir el templo, terminado en el 516 a. C., y donde Malaquías confrontó la religiosidad fría de su generación.

Datos interesantes

Fechas precisas: Hageo fecha sus mensajes con exactitud, hasta el día y el mes, lo que permite ubicarlos en el año 520 a. C.

El último libro: en la Biblia cristiana, Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento; en la Biblia hebrea, el último es 2 Crónicas.

Treinta piezas de plata: Mateo 27:9-10 relaciona la profecía de Zacarías con el precio de la traición de Judas.

El «mensajero»: tanto el nombre Malaquías como su profeta anunciado significan «mensajero».

Zacarías, el más citado: es uno de los profetas más citados en los relatos de la pasión de Jesús.

Lecciones para nuestra vida

Poner a Dios primero trae bendición. No menospreciemos los comienzos pequeños. La obra de Dios se hace con su Espíritu, no con nuestra fuerza. La fe incluye la justicia y la misericordia con los débiles. La rutina religiosa puede enfriar el corazón. Dios nos invita siempre a volver a Él. La generosidad es una expresión de confianza.

Camino a Jesús

Estos tres profetas preparan directamente la llegada de Jesús. El Deseado de todas las naciones llenó de gloria el segundo templo cuando Jesús entró en él. La profecía de Zacarías sobre el rey humilde montado en un asno se cumplió el Domingo de Ramos, cuando Jesús entró en Jerusalén (Mateo 21:4-5). El pastor herido fue Jesús en la cruz, y sus discípulos se dispersaron (Mateo 26:31). Las treinta piezas de plata fueron el precio de su traición. El traspasado fue Jesús, cuyo costado fue abierto por una lanza (Juan 19:37). El mensajero anunciado por Malaquías fue Juan el Bautista (Mateo 11:10), y el Señor que vendría súbitamente a su templo fue Jesucristo. El Antiguo Testamento termina con una promesa; el Nuevo Testamento comienza con su cumplimiento.

En el próximo episodio conoceremos a Juan el Bautista, el mensajero que preparó el camino del Señor.

Oración

Señor, perdóname por las veces que he puesto mis cosas antes que las tuyas. Ayúdame a no menospreciar los comienzos pequeños y a confiar no en mi fuerza sino en tu Espíritu. Gracias por Jesús, el Rey humilde, el Pastor herido, el Señor que vino a su templo. Vuélvete a mí, porque yo me vuelvo a ti. Amén.