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Episodio 32 de 34

Juan el Bautista

Pasaje
Lucas 1; Mateo 3; Juan 1
Protagonistas
Juan, Zacarías, Elisabet, Herodes Antipas
Lugar
Judea, desierto, río Jordán, Maqueronte
Época
Siglo I

Juan el Bautista es el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Fue el último de los profetas del antiguo pacto y el primero en señalar a Jesús como el Mesías. Después de cuatrocientos años de silencio profético, su voz resonó en el desierto de Judea llamando al arrepentimiento. Jesús dijo de él que entre los nacidos de mujer no se había levantado otro mayor. Y sin embargo, su grandeza consistió en su humildad: «A él conviene crecer, mas a mí menguar».

Un nacimiento anunciado

En tiempos del rey Herodes el Grande, vivía un sacerdote llamado Zacarías con su esposa Elisabet, descendiente de Aarón. Ambos eran justos delante de Dios, pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril y los dos eran de edad avanzada. Un día, mientras Zacarías ofrecía incienso en el templo, se le apareció el ángel Gabriel y le anunció que Elisabet le daría un hijo, al que llamaría Juan:

«Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre. Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos. Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.»

Lucas 1:15-17

Zacarías dudó: «¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días». Como señal, quedó mudo hasta el nacimiento del niño. Elisabet concibió y se escondió cinco meses, diciendo que Dios había quitado su afrenta.

El encuentro de dos madres

En el sexto mes del embarazo de Elisabet, el mismo ángel Gabriel anunció a María, su parienta, que sería madre del Hijo de Dios. María fue de prisa a visitar a Elisabet en una ciudad de la montaña de Judá. Cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó: «Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre». Antes de nacer, Juan ya se alegraba por Jesús.

«Juan es su nombre»

Cuando nació el niño, los vecinos y parientes se alegraron con Elisabet. Al octavo día, en la circuncisión, querían llamarlo Zacarías como su padre, pero Elisabet dijo: «No; sino Juan será llamado». Preguntaron al padre por señas, y él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». En ese momento recobró el habla y alabó a Dios con un cántico profético, el Benedictus, que celebra la visitación de Dios y describe la misión de su hijo: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos» (Lucas 1:76). El nombre Juan significa «Dios es misericordioso».

La voz en el desierto

El niño creció y se fortaleció en espíritu, y vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel. Alrededor del año quince del emperador Tiberio, es decir, hacia el año 28 o 29 d. C., la palabra de Dios vino a Juan en el desierto. Juan vestía de pelo de camello, con un cinto de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre, como los antiguos profetas. Recordaba a Elías, que también vestía un manto de pelo y un cinto de cuero (2 Reyes 1:8).

Su mensaje era directo: «Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado». Los evangelios lo identifican con la voz anunciada por Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas». Multitudes acudían a él desde Jerusalén, Judea y toda la región del Jordán, confesaban sus pecados y eran bautizadas en el río.

Frutos dignos de arrepentimiento

Juan no buscaba agradar a nadie. A los fariseos y saduceos que venían a su bautismo les dijo: «¡Generación de víboras!… Haced pues frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre». Cuando la gente le preguntó qué debían hacer, respondió con indicaciones muy prácticas: el que tenga dos túnicas, que dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, que haga lo mismo. A los cobradores de impuestos les dijo que no exigieran más de lo establecido; a los soldados, que no hicieran extorsión ni calumniaran, y que se contentaran con su salario (Lucas 3:10-14).

«No soy digno»

Muchos se preguntaban si Juan era el Cristo. Pero él respondió con total humildad:

«Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. Yo a la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.»

Marcos 1:7-8

Desatar las sandalias era la tarea del esclavo más humilde. Juan se consideraba indigno aun de eso.

«He aquí el Cordero de Dios»

Un día, Jesús vino de Nazaret para ser bautizado por Juan en el Jordán. Juan se resistía, pero Jesús insistió en cumplir toda justicia. Al salir del agua, los cielos se abrieron, el Espíritu descendió como paloma y la voz del Padre dijo: «Este es mi Hijo amado». Días después, al ver a Jesús que venía hacia él, Juan pronunció una de las frases más importantes de los evangelios:

«El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.»

Juan 1:29

Dos de los discípulos de Juan, uno de ellos Andrés, oyeron esas palabras y siguieron a Jesús. Juan no se aferró a sus seguidores; los dirigió hacia Cristo. Cuando algunos de sus discípulos se inquietaron porque todos iban a Jesús, Juan respondió que él era como el amigo del novio, que se goza al oír su voz: «A él conviene crecer, mas a mí menguar» (Juan 3:30).

Prisión y dudas

Juan reprendió a Herodes Antipas, gobernador de Galilea y Perea, por haberse casado con Herodías, la mujer de su hermano Felipe, y por otras maldades. Herodes lo encarceló. Desde la prisión, Juan envió a sus discípulos a preguntar a Jesús: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?». Jesús no lo reprendió; les dijo que contaran a Juan lo que veían: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres es anunciado el Evangelio. Luego Jesús alabó a Juan delante de la multitud:

«De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.»

Mateo 11:11

Su muerte

En el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó ante los invitados y agradó tanto al rey que este le prometió con juramento darle lo que pidiera. Instigada por su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista en un plato. Herodes se entristeció, pero por el juramento y por los invitados, mandó decapitar a Juan en la cárcel. Sus discípulos tomaron el cuerpo, lo sepultaron y fueron a contárselo a Jesús. Juan murió como había vivido: fiel a la verdad hasta el final.

Lugares de la historia

Mapa de los lugares mencionados: Ein Karem, Desierto de Judea, Betania del Jordán, Maqueronte, JerusalénBetania del JordánJerusalénEin KaremDesierto de JudeaMaqueronte20 km
Mapa de los lugares de este episodio. Ubicaciones aproximadas; datos cartográficos: Natural Earth (dominio público).

La montaña de Judea: la tradición identifica la ciudad natal de Juan con Ein Karem, al oeste de Jerusalén, donde hay iglesias que recuerdan su nacimiento y la visita de María.

El desierto de Judea: región árida entre Jerusalén y el mar Muerto, donde Juan vivió y predicó.

El río Jordán: donde bautizaba. El sitio de Al-Maghtas, «Betania al otro lado del Jordán», en Jordania, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2015.

Maqueronte: fortaleza de Herodes Antipas al este del mar Muerto, en la actual Jordania, donde según el historiador Josefo Juan fue encarcelado y ejecutado.

Datos interesantes

Mencionado por Josefo: el historiador judío Flavio Josefo, en el siglo I, escribió sobre Juan como un hombre bueno que exhortaba a practicar la virtud y la justicia, y relató su muerte por orden de Herodes.

Parientes: Juan y Jesús eran parientes, y Juan era unos seis meses mayor.

Su fiesta: muchas iglesias celebran su nacimiento el 24 de junio, seis meses antes de Navidad.

El Elías prometido: Jesús dijo que Juan era el Elías que había de venir, anunciado por Malaquías (Mateo 11:14).

Discípulos en Éfeso: veinte años después de su muerte, todavía había discípulos del bautismo de Juan en Éfeso (Hechos 19:1-7).

Lecciones para nuestra vida

Dios cumple sus promesas aun cuando parece tarde. El arrepentimiento verdadero se nota en la vida práctica. La verdadera grandeza es la humildad. Nuestra misión es señalar a Jesús, no a nosotros mismos. La fidelidad a la verdad puede costar caro. Las dudas se pueden llevar a Jesús.

Camino a Jesús

Toda la vida de Juan fue un dedo que apuntaba a Jesús. Con él se cumplieron las profecías de Isaías y Malaquías sobre el mensajero que prepararía el camino. Juan anunció a Jesús como el Cordero de Dios, uniendo en una sola frase todo el Antiguo Testamento: el cordero que Abraham ofreció en Moriah, el cordero de la Pascua en Egipto, los sacrificios del templo y el Siervo de Isaías llevado como cordero al matadero. Juan bautizaba con agua; Jesús bautiza con el Espíritu Santo. Juan fue la voz; Jesús es la Palabra.

En el próximo episodio conoceremos a María y José, los padres terrenales de Jesús.

Oración

Señor, como Juan, quiero preparar el camino para que otros te conozcan. Dame un corazón humilde que diga: a Él conviene crecer, y a mí menguar. Ayúdame a dar frutos de arrepentimiento en mi vida diaria y a ser fiel a la verdad. Gracias por Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Amén.