María y José
- Pasaje
- Mateo 1–2; Lucas 1–2
- Protagonistas
- María, José, Gabriel, los pastores, los magos
- Lugar
- Nazaret, Belén, Egipto, Jerusalén
- Época
- c. 6–4 a. C.
Llegamos al umbral del mayor acontecimiento de la historia: el nacimiento de Jesucristo. Dios eligió para ello a dos personas sencillas de Nazaret, un pueblo pequeño y poco conocido de Galilea: una joven llamada María y un carpintero llamado José, descendiente del rey David. Ninguno de los dos era rico ni poderoso. Pero ambos respondieron a Dios con fe, obediencia y valentía, en medio de circunstancias difíciles. En este episodio conocemos su historia, desde la anunciación hasta la infancia de Jesús.
La anunciación a María
En el sexto mes del embarazo de Elisabet, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. El ángel la saludó: «¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo». María se turbó, pero el ángel continuó:
«Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.»
Lucas 1:30-33
María preguntó con sinceridad: «¿Cómo será esto? porque no conozco varón». El ángel le explicó que el Espíritu Santo vendría sobre ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, «por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios». Le anunció también que su parienta Elisabet, en su vejez, había concebido, «porque ninguna cosa es imposible para Dios».
La respuesta de María es un modelo de fe y entrega: «He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra» (Lucas 1:38). María sabía que su embarazo podía traerle incomprensión, rechazo e incluso peligro, pero confió en Dios.
El Magníficat
María visitó a Elisabet, quien la saludó llena del Espíritu Santo: «Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre… Y bienaventurada la que creyó». Entonces María pronunció un cántico de alabanza conocido como el Magníficat, por su primera palabra en latín:
«Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. Porque ha mirado a la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.»
Lucas 1:46-49
El cántico continúa celebrando a un Dios que esparce a los soberbios, quita a los poderosos de los tronos, exalta a los humildes, llena de bienes a los hambrientos y cumple su promesa a Abraham. Es un eco del cántico de Ana, la madre de Samuel, y muestra que María conocía profundamente las Escrituras.
José, el hombre justo
Mateo narra la historia desde la perspectiva de José. Cuando supo que María estaba embarazada antes de que vivieran juntos, José, «como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente» (Mateo 1:19). En aquel tiempo, el desposorio era un compromiso legal casi tan fuerte como el matrimonio. José podía haberla denunciado públicamente, pero eligió la misericordia.
Mientras pensaba en esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños:
«Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»
Mateo 1:20-21
José despertó e hizo exactamente lo que el ángel le había mandado: recibió a María como esposa. José no pronuncia ni una sola palabra en todos los evangelios, pero sus acciones hablan de un hombre justo, obediente, protector y humilde. Mateo recuerda que así se cumplió la profecía de Isaías: la virgen concebiría y daría a luz un hijo, y su nombre sería Emanuel, «Dios con nosotros».
El viaje a Belén
En aquellos días, el emperador César Augusto ordenó un censo, y cada uno debía inscribirse en su ciudad. José subió de Nazaret a Belén, la ciudad de David, porque era de la casa y familia de David, con María, que estaba encinta. Era un viaje de unos 150 kilómetros. Así se cumplió, sin que ellos lo planearan, la profecía de Miqueas: el Mesías nacería en Belén.
Estando allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, «porque no había lugar para ellos en el mesón» (Lucas 2:7). El Hijo de Dios nació en la humildad de un lugar destinado a los animales.
Pastores y magos
Esa noche, en los campos cercanos, un ángel se apareció a unos pastores que velaban su rebaño y les anunció: «os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor». De repente apareció una multitud de ángeles que alababan a Dios: «Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres». Los pastores fueron apresuradamente, hallaron al niño y contaron lo que habían oído. «Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón» (Lucas 2:19).
Tiempo después, unos magos del Oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde estaba el rey de los judíos que había nacido, porque habían visto su estrella. Guiados hasta Belén, entraron en la casa, vieron al niño con María su madre, se postraron y lo adoraron, y le ofrecieron oro, incienso y mirra.
La presentación en el templo
A los cuarenta días, José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor, según la ley de Moisés. Como eran pobres, ofrecieron un par de tórtolas o dos palominos, la ofrenda permitida a quienes no podían costear un cordero (Levítico 12:8). Allí, el anciano Simeón tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios, y la profetisa Ana hablaba del niño a todos los que esperaban la redención. Simeón le dijo a María unas palabras proféticas: «una espada traspasará tu alma de ti misma» (Lucas 2:35).
Huida a Egipto
El rey Herodes, al saber por los magos del nacimiento de un rey, se turbó y buscó matar al niño. Un ángel advirtió a José en sueños: «Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto». José se levantó de noche y huyó con ellos. Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. La familia de Jesús vivió como refugiada en Egipto hasta la muerte de Herodes. Luego, avisado de nuevo en sueños, José regresó y se estableció en Nazaret.
Jesús a los doce años
Cada año, José y María subían a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años, al regresar, se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Después de tres días de búsqueda angustiosa, lo encontraron en el templo, sentado entre los doctores, escuchándolos y preguntándoles. María le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor». Jesús respondió: «¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?». Luego volvió con ellos a Nazaret y les estaba sujeto. Esta es la última escena en la que aparece José en los evangelios. Muchos piensan que murió antes del comienzo del ministerio público de Jesús.
María en la vida de Jesús
María siguió presente en momentos clave de la vida de Jesús. En las bodas de Caná, pidió a Jesús que ayudara cuando faltó el vino y dijo a los sirvientes: «Haced todo lo que os dijere» (Juan 2:5). Estuvo junto a la cruz, donde Jesús la encomendó al discípulo amado (Juan 19:25-27). Y después de la ascensión, estaba en el aposento alto orando con los discípulos antes de Pentecostés (Hechos 1:14).
Las diferentes tradiciones cristianas honran a María de distintas maneras. Las iglesias católica y ortodoxa le dan una veneración especial como Madre de Dios (Theotokos), título afirmado por el Concilio de Éfeso en el año 431 para subrayar que Jesús es verdaderamente Dios. Las iglesias protestantes y evangélicas la honran como un ejemplo de fe y obediencia, «bienaventurada» como ella misma anunció. Todas coinciden en que su vida señala a su Hijo.
Lugares de la historia
Nazaret: pueblo de Galilea donde vivían María y José. La Basílica de la Anunciación, la más grande de Oriente Medio, se levanta en el lugar tradicional de la anunciación.
Belén: a unos nueve kilómetros de Jerusalén. La Basílica de la Natividad, construida sobre la cueva tradicional del nacimiento, es una de las iglesias más antiguas del mundo y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2012.
El Campo de los Pastores: en Beit Sahur, cerca de Belén.
Egipto: donde la familia vivió como refugiada.
Jerusalén y el templo: donde Jesús fue presentado y donde fue hallado a los doce años.
Datos interesantes
Nombres llenos de historia: María es la forma de Miriam, la hermana de Moisés; José recuerda al hijo de Jacob que también recibía mensajes de Dios en sueños y fue a Egipto.
Carpintero: la palabra griega tekton puede significar carpintero, constructor o artesano; Jesús aprendió ese oficio (Marcos 6:3).
Cuatro sueños: José recibió instrucciones de Dios en sueños cuatro veces.
Refugiados: la familia de Jesús vivió la experiencia de huir de la violencia a otro país.
El año del nacimiento: como Herodes murió hacia el 4 a. C., los historiadores sitúan el nacimiento de Jesús entre el 6 y el 4 a. C.
Lecciones para nuestra vida
Dios escoge a los humildes. La fe dice: «Hágase conforme a tu palabra». La justicia verdadera está llena de misericordia, como la de José. Obedecer a Dios a veces cambia todos nuestros planes. Dios cuida a los que protegen a los vulnerables. Guardar y meditar en el corazón lo que Dios hace. La familia es el primer lugar donde se vive la fe.
Camino a Jesús
Con María y José, el camino de toda esta serie llega a su destino. La promesa hecha a Eva en el Edén, de que su descendencia heriría la cabeza de la serpiente, se cumple en el hijo de una mujer. La promesa a Abraham, de que en su simiente serían benditas todas las naciones, se cumple en el niño adorado por magos extranjeros. La promesa a David, de un reino eterno, se cumple en el hijo de José, descendiente de David, y de María, a quien el ángel anunció que Jesús recibiría el trono de su padre David. Belén, la ciudad de Rut, de Booz y de David, se convierte en la cuna del Salvador. Y el nombre que el ángel ordenó ponerle resume todo: Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
En el próximo y último episodio de la serie conoceremos a Jesucristo, el Mesías prometido.
Oración
Señor, como María, quiero decirte: hágase en mí conforme a tu palabra. Como José, ayúdame a ser justo y misericordioso, y a obedecerte aunque cambies mis planes. Gracias porque escogiste a los humildes para traer al mundo a tu Hijo. Protege a las familias, a los niños y a los refugiados. Y que mi alma engrandezca al Señor. Amén.