Jesucristo, el Mesías prometido
- Pasaje
- Los cuatro Evangelios
- Protagonistas
- Jesús de Nazaret
- Lugar
- Belén, Nazaret, Galilea, Jerusalén
- Época
- c. 4 a. C. – 30/33 d. C.
Hemos recorrido un largo camino. Comenzamos en el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra; vimos la caída de Adán y Eva y la primera promesa de un Salvador; caminamos con patriarcas, jueces, reyes y profetas; atravesamos el diluvio, el éxodo, la tierra prometida, el exilio y el regreso. En cada episodio, todas las historias apuntaban hacia alguien. Ahora llegamos a Él: Jesús de Nazaret, el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Él no es un personaje más de la historia bíblica, sino el centro de toda ella. Jesús mismo dijo a sus discípulos después de resucitar que era necesario que se cumpliese todo lo que estaba escrito de Él «en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos» (Lucas 24:44).
El Verbo se hizo carne
El Evangelio de Juan comienza con palabras que evocan el primer versículo de la Biblia:
«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.»
Juan 1:1-3
El mismo que estuvo presente en la creación se hizo hombre: «Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14). En Jesús, Dios no solo envió un mensaje; vino Él mismo. Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre: nació, creció, trabajó, sintió hambre, cansancio, alegría y tristeza, lloró ante la tumba de un amigo, y al mismo tiempo perdonó pecados, calmó tormentas y resucitó muertos.
Su nacimiento y su infancia
Como vimos en el episodio anterior, Jesús nació en Belén, en tiempos del rey Herodes el Grande, de la virgen María, desposada con José, descendiente de David. Fue adorado por pastores y magos, presentado en el templo, vivió como refugiado en Egipto y creció en Nazaret, donde trabajó como artesano. «Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52).
El comienzo de su ministerio
Alrededor de los treinta años, Jesús fue bautizado por Juan en el río Jordán. Los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió sobre Él como paloma y el Padre declaró: «Este es mi Hijo amado». Luego fue llevado al desierto, donde ayunó cuarenta días y venció las tentaciones del diablo con la Palabra de Dios. Donde Adán había caído en un jardín, Jesús venció en un desierto.
Jesús comenzó a predicar en Galilea: «El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio» (Marcos 1:15). Llamó a doce discípulos, pescadores, un cobrador de impuestos y otros hombres sencillos, para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar. En la sinagoga de Nazaret leyó el pasaje de Isaías sobre el Ungido que traería buenas nuevas a los pobres, libertad a los cautivos y vista a los ciegos, y declaró: «Hoy se ha cumplido esta Escritura».
Sus enseñanzas
Jesús enseñó como nadie había enseñado. En el Sermón del Monte presentó las bienaventuranzas, enseñó a amar a los enemigos, a orar con el Padre Nuestro y a construir la vida sobre la roca. Contó parábolas inolvidables: el sembrador, el buen samaritano, el hijo pródigo, la oveja perdida. Resumió toda la ley en dos mandamientos: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Y reveló quién era Él mediante una serie de declaraciones: «Yo soy el pan de vida», «Yo soy la luz del mundo», «Yo soy el buen pastor», «Yo soy la resurrección y la vida», «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6).
Sus obras
Jesús sanó a ciegos, sordos, paralíticos y leprosos; liberó a los oprimidos; multiplicó panes y peces; caminó sobre el mar; calmó la tempestad; resucitó a la hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naín y a Lázaro. Pero sus milagros no eran espectáculos, sino señales del reino de Dios y expresiones de su compasión. Tocó a los intocables, comió con los pecadores, defendió a las mujeres despreciadas, bendijo a los niños y se acercó a los extranjeros. Pedro lo resumió así: «anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él» (Hechos 10:38).
«Tú eres el Cristo»
En Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16). A partir de entonces, Jesús comenzó a explicarles que debía ir a Jerusalén, padecer mucho, ser muerto y resucitar al tercer día. Pocos días después se transfiguró en un monte delante de Pedro, Jacobo y Juan: su rostro resplandeció como el sol, y aparecieron Moisés y Elías hablando con Él. La Ley y los Profetas daban testimonio de Jesús.
La última semana
Jesús entró en Jerusalén montado en un pollino, cumpliendo la profecía de Zacarías, mientras la multitud gritaba «¡Hosanna al Hijo de David!». Purificó el templo, enseñó en sus atrios y enfrentó a los líderes religiosos. En la última cena con sus discípulos, durante la Pascua, lavó los pies de los doce, tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo», y tomó la copa diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre». Luego oró en el huerto de Getsemaní con gran angustia: «Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú».
La cruz
Traicionado por Judas por treinta piezas de plata, Jesús fue arrestado, abandonado por sus discípulos, negado por Pedro, juzgado ante el sanedrín, ante Pilato y ante Herodes, azotado, coronado de espinas y condenado a morir crucificado. Cargó su cruz hasta el Gólgota, fuera de la ciudad. Fue crucificado entre dos malhechores. Desde la cruz perdonó a sus verdugos, prometió el paraíso a un ladrón arrepentido, encomendó a su madre al discípulo amado y clamó las palabras del Salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». Finalmente dijo: «Consumado es», y entregó el espíritu. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Todo lo que los profetas habían anunciado se cumplió. Él fue el Cordero de Dios, el Siervo sufriente de Isaías, «herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados». En la cruz, el amor de Dios y su justicia se encontraron:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»
Juan 3:16
La resurrección
El cuerpo de Jesús fue sepultado en una tumba nueva, cavada en una peña, y una gran piedra cerró la entrada. Pero el primer día de la semana, muy de mañana, unas mujeres que fueron a ungir su cuerpo encontraron la piedra removida y la tumba vacía. Un ángel les dijo: «No está aquí, porque ha resucitado, como dijo» (Mateo 28:6). Jesús resucitado se apareció a María Magdalena, a las mujeres, a Pedro, a los discípulos de Emaús, a los once reunidos, a Tomás, junto al mar de Galilea y a más de quinientos hermanos a la vez (1 Corintios 15:3-8). Los discípulos, que habían huido llenos de miedo, se transformaron en testigos valientes dispuestos a dar la vida por anunciar que Jesús vive.
La resurrección es el fundamento de la fe cristiana: «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho» (1 Corintios 15:14, 20).
La Gran Comisión y la ascensión
Antes de ascender al cielo, Jesús dio a sus discípulos la misión que da sentido a este sitio y a la Iglesia en todo el mundo:
«Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»
Mateo 28:19-20
Después, en el monte de los Olivos, fue alzado al cielo mientras sus discípulos miraban, y una nube lo ocultó de sus ojos. Dos ángeles les dijeron que este mismo Jesús volvería de la misma manera. Diez días después, en Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, y comenzó la historia de la Iglesia, que llevaría el Evangelio hasta lo último de la tierra.
De la creación a Jesús: todo apunta a Él
Ahora podemos mirar atrás y ver cómo cada episodio de esta serie señalaba a Cristo. Él es el Verbo por quien todo fue creado. Es la simiente de la mujer que vence a la serpiente, el segundo Adán que obedeció donde el primero cayó. Su sangre habla mejor que la de Abel. Es el arca de salvación en el diluvio. Es la simiente de Abraham en quien son benditas todas las naciones, el Hijo amado ofrecido en el monte, el Cordero que Dios proveyó. Es la escalera de Jacob entre el cielo y la tierra. Es el José rechazado por sus hermanos y exaltado para salvar a muchos. Es el Redentor que Job esperaba. Es el Profeta como Moisés y el Cordero pascual. Es el gran Sumo Sacerdote mayor que Aarón. Es el verdadero Josué que nos introduce en el reposo. Es el Libertador definitivo que los jueces no pudieron ser. Es el pariente redentor, como Booz. Es el Ungido que anunció Ana y el Rey según el corazón de Dios. Es el Hijo de David cuyo reino no tiene fin, y alguien mayor que Salomón. Es el profeta mayor que Elías y Eliseo, y mayor que Jonás. Es el Buen Pastor que buscó Ezequiel, el Siervo sufriente de Isaías, el mediador del nuevo pacto de Jeremías, el Hijo del hombre que vio Daniel. Es el que se entregó por su pueblo, como Ester arriesgó su vida. Es el templo verdadero, el Rey humilde de Zacarías y el Señor que vino a su templo, anunciado por Malaquías y señalado por Juan el Bautista. Es el hijo de María, el hijo legal de José, nacido en Belén. Es Jesús, porque salva a su pueblo de sus pecados.
Datos interesantes
Testimonios fuera de la Biblia: historiadores del siglo I y II como Flavio Josefo, Tácito, Plinio el Joven y Suetonio mencionan a Jesús o a sus seguidores. Tácito menciona que Cristo fue ejecutado por orden de Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio.
La inscripción de Pilato: en 1961 se halló en Cesarea Marítima una piedra con el nombre de Poncio Pilato, prefecto de Judea.
La fe más extendida: hoy, más de dos mil millones de personas en todos los continentes se declaran seguidoras de Jesucristo.
Nuestro calendario: la división de la historia en «antes de Cristo» y «después de Cristo» refleja el impacto de su vida en la historia mundial.
Cristo: no es un apellido, sino un título: viene del griego Christós, traducción del hebreo Mashíaj, Mesías, «Ungido».
Lugares de la historia
Belén: donde nació. Nazaret: donde creció. El río Jordán: donde fue bautizado. Capernaúm y el mar de Galilea: centro de su ministerio; en Capernaúm pueden visitarse los restos de la sinagoga y la casa tradicional de Pedro. Jerusalén: donde murió y resucitó; la Iglesia del Santo Sepulcro guarda desde el siglo IV la tradición del lugar de la crucifixión y la tumba. El monte de los Olivos: desde donde ascendió al cielo.
Tu respuesta
Toda la historia bíblica conduce a una pregunta personal, la misma que Jesús hizo a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Jesús no vino solo a ser admirado, sino a ser recibido como Salvador y Señor. «Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Juan 1:12). Si quieres dar ese paso, puedes leer nuestro artículo ¿Ha entregado su vida a Cristo? o escribirnos en Pide tu oración. Oraremos por ti.
Oración
Señor Jesucristo, Verbo eterno hecho carne, Hijo de David y Cordero de Dios: gracias porque toda la historia de la salvación apunta a ti. Gracias por tu vida, tu muerte en la cruz por mis pecados y tu gloriosa resurrección. Te recibo como mi Salvador y mi Señor. Envíame, como enviaste a tus discípulos, a anunciar tu Evangelio a las naciones. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos. Soli Deo Gloria. Amén.