El discernimiento de espíritus: distinguir lo que es de Dios
En la ciudad de Filipos, una muchacha seguía a Pablo y a sus compañeros gritando por las calles: «Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud». Todo lo que decía era verdad. Cualquiera habría pensado que era una ayuda inesperada para la misión. Pablo, en cambio, se entristeció; y al cabo de varios días se volvió y mandó salir al espíritu que la tenía esclavizada (Hechos 16:16-18). ¿Cómo supo que detrás de unas palabras correctas había algo que no venía de Dios? La Escritura lo pide a todos los creyentes:
«Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios: porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.»
1 Juan 4:1
Y habla además de un don particular para ello, que la Reina-Valera antigua llama «discreción de espíritus» (1 Corintios 12:10). Este artículo forma parte de la serie Los nueve dones del Espíritu Santo. Veremos qué es este don, qué pruebas da la Biblia, para qué sirve, qué abusos hay que evitar —que son graves— y cómo crecer en él. Al final hay una oración.
Qué es el discernimiento de espíritus
La palabra griega significa «distinguir, juzgar entre una cosa y otra». El don es la capacidad que da el Espíritu Santo para percibir de dónde procede algo: una enseñanza, una profecía, una manifestación, un impulso, un ambiente. No se queda en lo que se ve o se oye; mira la fuente. En la lista de Pablo aparece justo después de la profecía, y no por casualidad: donde alguien habla de parte de Dios, hace falta quien discierna. «Los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen» (1 Corintios 14:29).
Tres fuentes posibles
El Espíritu de Dios, que lleva a Cristo, a la verdad, al amor.
El espíritu humano. Mucho de lo que se presenta como «de Dios» nace sencillamente de nosotros: deseos, miedos, heridas, ambición. Jeremías lo dijo de ciertos profetas: «hablan visión de su corazón, no de la boca de Jehová» (Jeremías 23:16); y Ezequiel: «andan en pos de su propio espíritu, y nada vieron» (Ezequiel 13:3). No siempre hay mala fe; a veces hay solo confusión.
El enemigo, que no suele presentarse con cuernos. «El mismo Satanás se transfigura en ángel de luz» (2 Corintios 11:14), y Pablo advierte de «espíritus de error» y «doctrinas de demonios» (1 Timoteo 4:1).
Un episodio muestra lo fina que es la línea. Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, y Jesús le dice: «no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos» (Mateo 16:17). Unos versículos después, el mismo Pedro intenta apartarlo de la cruz, y oye: «Quítate de delante de mí, Satanás… porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres» (16:23). El mismo hombre, el mismo día, dos fuentes. Por eso discernir no es clasificar a las personas en buenas y malas, sino examinar de dónde viene cada cosa.
El discernimiento de todos y el don
Todo cristiano está llamado a discernir. Es una señal de madurez: los adultos en la fe son «los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal» (Hebreos 5:14). Pablo lo pedía para todos: «que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que discernáis lo mejor» (Filipenses 1:9-10). Este discernimiento se aprende con la Palabra, la oración y los años.
El don es otra cosa: una percepción particular, a menudo inmediata, que el Espíritu concede a algunos para proteger y orientar a la comunidad. Quien lo tiene «nota» lo que otros no notan; y luego debe someter esa percepción a las mismas pruebas que todos.
En la Biblia
Micaías frente a cuatrocientos. Cuatrocientos profetas decían al rey lo que quería oír. A Micaías le aconsejaron sumarse a la mayoría, y respondió: «Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré» (1 Reyes 22:14). Tenía razón él solo. El número de voces no garantiza la verdad.
Jesús en el desierto. El tentador le citó un salmo: «escrito está…». Jesús reconoció que la Escritura torcida ya no es la voz de Dios, y respondió con la Escritura entera: «Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios» (Mateo 4:7).
Jesús y los «hijos del trueno». Una aldea no quiso recibirlo, y Jacobo y Juan propusieron hacer bajar fuego del cielo, «como hizo Elías». Tenían celo, tenían un precedente bíblico. Jesús los reprendió: «Vosotros no sabéis de qué espíritu sois» (Lucas 9:55). El celo religioso también necesita ser discernido.
Pedro y Simón el mago. Simón había creído y se había bautizado. Cuando ofreció dinero por el poder de dar el Espíritu, Pedro vio lo que había debajo: «en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás» (Hechos 8:23). Y aun así lo llamó a arrepentirse.
Pablo en Filipos, con quien empezamos. Palabras verdaderas, espíritu equivocado. Y nótese un detalle: «esto hacía por muchos días». Pablo no reaccionó a la primera impresión.
Las pruebas que da la Escritura
El don no trabaja en el vacío. La Biblia ofrece criterios claros, y toda percepción debe pasar por ellos.
- ¿Qué dice de Jesús? Es la primera prueba y la decisiva.
«En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios: Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.»
1 Juan 4:2-3
- ¿Concuerda con la Escritura? «¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido» (Isaías 8:20).
- ¿Qué fruto da? «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16). El Espíritu produce amor, gozo, paz, mansedumbre; la sabiduría que no es de lo alto deja «envidia amarga y contención» (Santiago 3:14).
- ¿A quién glorifica? Del Espíritu dijo Jesús: «Él me glorificará» (Juan 16:14). Lo que pone en el centro a un hombre, a un grupo o a una experiencia, no lleva su firma.
- ¿Produce libertad o esclavitud? «Donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17). El miedo, el control y la culpa sin salida no son su obra.
- ¿Acepta ser examinado? Lo que viene de Dios no teme la luz ni la pregunta.
- ¿Trae paz y orden? «Dios no es Dios de disensión, sino de paz» (1 Corintios 14:33).
Conocer la voz del Pastor
«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.»
Juan 10:27
Jesús dice que sus ovejas siguen al pastor «porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños» (Juan 10:4-5). Las ovejas no estudian todas las voces falsas; conocen bien la verdadera. Se cuenta que quienes aprenden a detectar billetes falsos no empiezan por las falsificaciones, sino manejando durante mucho tiempo billetes auténticos, hasta que lo falso «se siente» distinto. Así se forma el discernimiento: con mucho trato con Jesús en su Palabra y en la oración.
Para qué sirve
Para proteger del engaño. Jesús avisó que vendrían falsos profetas con «señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos» (Mateo 24:24). Ni un milagro, ni la elocuencia, ni el éxito bastan como prueba.
Para reconocer la obra de Dios. Este es el lado que más se olvida. El don no existe solo para detectar lo malo, sino sobre todo para reconocer lo que sí es del Espíritu, aunque llegue de una forma que no esperábamos. Cuando en Antioquía empezaron a convertirse gentiles, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a ver qué pasaba. Otro habría visto desorden; él, «como llegó, y vio la gracia de Dios, regocijóse» (Hechos 11:23). Ver la gracia es discernimiento. Y también lo fue el consejo de Gamaliel: «si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios» (Hechos 5:39).
Para acompañar a las personas. Ante alguien que sufre, ayuda a distinguir si lo que necesita es un médico, un amigo, perdón, descanso, instrucción u oración por liberación, y a no confundir una cosa con otra.
Para examinar el propio corazón. El primer lugar donde debo discernir espíritus es dentro de mí: ¿por qué quiero esto?, ¿de dónde viene este impulso?
Peligros y abusos
La sospecha permanente. Hay quien llama «discernimiento» a desconfiar de todo y de todos. Eso no es un don: es una herida. El discernimiento verdadero ve el mal sin dejar de ver la gracia.
Ver demonios en todas partes. La Biblia no ignora al enemigo —«no ignoramos sus maquinaciones» (2 Corintios 2:11)—, pero tampoco vive obsesionada con él. Cuando los setenta volvieron entusiasmados porque los demonios se les sujetaban, Jesús cambió el centro: «no os gocéis de esto… antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20).
Confundir enfermedad con posesión. Es el abuso más dañino. La depresión, la epilepsia, la esquizofrenia, el trastorno bipolar, las adicciones y muchas otras condiciones son enfermedades, y necesitan atención médica y psicológica. Decirle a un enfermo que tiene un demonio, o animarlo a dejar su tratamiento, puede costarle la vida. Los Evangelios mismos distinguen entre enfermos y endemoniados. Ante la duda, siempre se busca primero al médico; la oración acompaña, nunca sustituye.
Juzgar a las personas. «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mateo 7:1). Discernir un espíritu no es condenar a un hermano. «Echa primero la viga de tu ojo» (7:5).
Usarlo como arma. «Tiene un espíritu de rebeldía», «eso es de Jezabel»: frases así se han usado para callar a quien pregunta o para desprestigiar a quien se va. Eso no es discernimiento, es manipulación. Nuestra lucha no es «contra sangre y carne» (Efesios 6:12): las personas nunca son el enemigo.
Una palabra sobre la liberación
Jesús liberó a personas oprimidas, y dio a sus discípulos autoridad para hacerlo en su nombre. Las iglesias han cuidado este ministerio con prudencia: en la tradición católica y en la ortodoxa lo ejercen sacerdotes designados para ello; en muchas iglesias evangélicas, pastores y equipos de oración con experiencia. En todas se considera necesario: descartar primero causas médicas, no actuar solo, no usar jamás violencia ni humillación, y cuidar a la persona después. Para la gran mayoría de las batallas espirituales, la Escritura da un camino sencillo: «Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá» (Santiago 4:7). Y una certeza: «el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4). Lee Cómo resistir los ataques de Satanás con la Biblia.
Cómo crecer en discernimiento
- Vive en la Palabra. Ella «discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).
- Ora antes de concluir. Pide al Espíritu que te muestre lo que no ves.
- No te apresures. Pablo esperó «muchos días». El tiempo revela el fruto.
- Empieza por tu propio corazón.
- Discierne con otros. Comparte tu percepción con hermanos maduros; el don se ejerce en el cuerpo.
- Crece en amor. Pablo une las dos cosas: que el amor abunde «para que discernáis lo mejor». Sin amor, el discernimiento se vuelve crítica.
- Practica. Los sentidos se ejercitan «por la costumbre».
Preguntas frecuentes
¿Este don consiste en ver demonios? No. Consiste en distinguir la fuente de algo. La mayor parte de las veces lo que hay que distinguir es entre lo que viene de Dios y lo que viene de nosotros mismos.
¿Puedo equivocarme? Sí, y por eso toda percepción se examina con la Escritura y con la comunidad, y se dice con humildad.
¿Es lo mismo que la intuición? La intuición es una capacidad natural valiosa, y Dios puede usarla; el don es una gracia del Espíritu. Las dos deben pasar por las mismas pruebas.
¿Cómo sé si una iglesia o un maestro son de fiar? Mira qué lugar ocupa Jesús, cómo se usa la Biblia, cómo se manejan el dinero y el poder, cómo se trata a los que preguntan o se van, y qué fruto hay en las familias. Lee El don de profecía según la Biblia y ¿Qué es la apostasía?.
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Oración
Señor Jesús, Buen Pastor, hay muchas voces, y no siempre sé cuál es la tuya. Algunas me halagan, otras me asustan, otras se parecen tanto a ti que me confunden. Y la voz que más me engaña es la mía. Perdóname por las veces que llamé «tu voluntad» a mi deseo, y «discernimiento» a mi sospecha. Ven, Espíritu Santo, Espíritu de verdad, y afina mi oído. Hazme pasar tanto tiempo contigo que reconozca tu voz entre mil. Dame ojos para ver el engaño sin volverme duro, y ojos, sobre todo, para ver tu gracia donde otros no la ven. Guárdame de juzgar a mis hermanos y de ver al enemigo en las personas. Protege a tu Iglesia de los lobos, y sana a las ovejas que fueron heridas por pastores falsos. Tus ovejas oyen tu voz: que yo la oiga, y te siga. Amén.