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Familia

Cómo elegir pareja conforme a la Biblia

Elegir con quién compartir la vida es una de las decisiones más importantes que una persona puede tomar. De ella dependen en gran medida la felicidad del hogar, la educación de los hijos y hasta el crecimiento espiritual. Sin embargo, muchas veces se toma con prisa, guiados solo por la atracción, la soledad, la presión social o el miedo a quedarse solo. La Biblia no ofrece una fórmula mágica para encontrar a la «persona perfecta», que por cierto no existe, pero sí da principios claros y ejemplos reales que ayudan a elegir con sabiduría. En este artículo veremos qué buscar, qué evitar, qué historias bíblicas nos enseñan y cómo vivir el noviazgo de una manera que honre a Dios.

Primero, tu relación con Dios

Antes de preguntarnos quién es la persona correcta, conviene preguntarnos qué clase de persona estamos llegando a ser. Jesús enseñó: «buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Una persona que encuentra su identidad y su seguridad en Dios elige con más libertad, sin la desesperación de quien espera que otro llene un vacío que solo Dios puede llenar. Ninguna pareja puede ser tu salvador; solo Cristo lo es.

El principio del yugo

El consejo bíblico más directo sobre la elección de pareja es este:

«No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?»

2 Corintios 6:14

El yugo era la pieza de madera que unía a dos animales para arar juntos. Si uno tiraba en una dirección y el otro en otra, el trabajo se volvía imposible y doloroso. El matrimonio es un yugo: dos personas que caminan juntas en la misma dirección. Si la fe en Cristo es el centro de tu vida, unirte a alguien que no la comparte significa que en lo más importante tirarán hacia lados distintos: la educación de los hijos, el uso del dinero, el día del Señor, las decisiones morales. Por eso la Biblia aconseja casarse «en el Señor» (1 Corintios 7:39), con alguien que también sigue a Cristo.

El carácter vale más que la apariencia

Cuando Samuel fue a ungir a un nuevo rey, se impresionó por la estatura de Eliab, el hermano mayor de David. Pero Dios le dijo: «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7). La atracción es parte natural del amor, pero no es suficiente para sostener un matrimonio. Proverbios lo dice de forma inolvidable:

«Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.»

Proverbios 31:30

La belleza cambia con los años; el carácter permanece. Busca a alguien con el fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23).

Isaac y Rebeca: oración y carácter

Cuando Abraham envió a su siervo a buscar esposa para Isaac, el siervo oró pidiendo una señal concreta: que la joven indicada le ofreciera agua no solo a él, sino también a sus camellos (Génesis 24:12-14). Diez camellos sedientos podían beber cientos de litros; la mujer que hiciera eso demostraría generosidad, laboriosidad y amabilidad con un desconocido. Rebeca lo hizo sin que nadie se lo pidiera. El siervo no buscó solo belleza, aunque Rebeca era hermosa, sino un corazón servicial. Y todo el proceso estuvo envuelto en oración y en la búsqueda de la voluntad de Dios. Lee la historia de Isaac.

Rut y Booz: integridad y honra

La historia de Rut es una de las historias de amor más bellas de la Biblia. Booz se fijó en Rut no por su riqueza ni por su posición —era una viuda extranjera y pobre—, sino por su lealtad hacia su suegra Noemí y su trabajo esforzado en el campo. Rut, a su vez, encontró en Booz a un hombre generoso, protector y respetuoso, que la trató con honra y siguió el camino correcto ante la comunidad para casarse con ella. Booz le dijo: «toda la puerta de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa» (Rut 3:11). Su reputación hablaba por ella. De esa unión nacería el abuelo del rey David, y en su descendencia, Jesucristo. Lee la historia de Rut.

Sansón: la advertencia

Sansón tenía una fuerza extraordinaria, pero eligió a sus parejas solo por lo que veían sus ojos. A su padre le dijo de una mujer filistea: «Tómamela por mujer, porque ésta agradó a mis ojos» (Jueces 14:3). Más tarde se enamoró de Dalila, que lo traicionó por dinero, y terminó ciego y prisionero. Su historia es una advertencia: la atracción sin carácter, sin valores compartidos y sin buscar a Dios puede llevar a la ruina. Salomón, el hombre más sabio, también se equivocó: sus muchas esposas extranjeras «inclinaron su corazón tras dioses ajenos» (1 Reyes 11:4). Lee la historia de Sansón.

Qué buscar en una pareja

Una fe viva, no solo de nombre, que se vea en su vida diaria. Buen carácter: honestidad, humildad, paciencia, dominio propio. Cómo trata a los demás: a sus padres, a los meseros, a los niños, a quienes no le pueden dar nada. Así te tratará a ti con el tiempo. Cómo maneja el enojo y los conflictos: ¿pide perdón?, ¿sabe escuchar?, ¿grita, insulta o castiga con el silencio? Responsabilidad: en el trabajo, el dinero y los compromisos. Valores compartidos: sobre la fe, la familia, los hijos, el dinero y el proyecto de vida. Amistad: el mejor matrimonio se construye sobre una amistad profunda, no solo sobre la pasión.

Señales de alerta

Hay señales que no deben ignorarse, por más fuerte que sea la atracción: violencia física, verbal o emocional; control excesivo (revisar tu teléfono, aislarte de tu familia y amigos, decidir por ti); celos enfermizos; mentiras frecuentes; adicciones no tratadas; falta de respeto hacia ti o hacia tu fe; presión sexual o desprecio por tus límites. No te cases pensando que la otra persona cambiará después de la boda. El amor verdadero no humilla ni teme (1 Corintios 13:4-5). Si estás en una relación con violencia, busca ayuda; en Colombia puedes llamar a la línea de emergencias 123.

Escucha el consejo de otros

«Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman» (Proverbios 15:22). El enamoramiento a veces nubla la vista. Escucha a tus padres, a tus amigos maduros y a tu pastor. Si varias personas que te aman ven señales de alerta, tómalas en serio. Muchas iglesias ofrecen además cursos prematrimoniales que ayudan a conocerse mejor y a prepararse para el matrimonio.

Sin prisa y con pureza

El Cantar de los Cantares repite un consejo tres veces: «que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera» (Cantares 2:7). El amor necesita tiempo para madurar. Conocerse en distintas situaciones —en la alegría, en el estrés, con la familia, con los amigos— revela quién es realmente la otra persona. Y vivir el noviazgo en pureza protege el corazón, permite conocerse sin confundir la pasión con el amor y honra a Dios. Lee Qué dice la Biblia sobre el pecado sexual.

Si estás soltero

La soltería no es un fracaso ni una sala de espera. Jesús fue soltero, y Pablo enseñó que la soltería puede ser un don que permite servir a Dios con libertad (1 Corintios 7:7, 32-35). Vive esta etapa con propósito, cultiva tu relación con Dios, sirve a otros y no te conformes con una relación que te aleje de Él por miedo a estar solo. Es mejor estar solo que mal acompañado.

Amar como Cristo ama

Al final, no se trata solo de encontrar a la persona correcta, sino de llegar a ser la persona correcta. Pablo describe el modelo del matrimonio cristiano: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:25), y llama a ambos a someterse «unos a otros en el temor de Dios» (Efesios 5:21). Busca a alguien con quien puedas amar así, y prepárate para amar así. Lee El matrimonio en la Biblia y El amor al prójimo.

Preguntas para conversar antes de comprometerse

Antes de dar el paso del compromiso, vale la pena conversar con calma sobre temas que muchas parejas evitan: ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida y en qué iglesia queremos congregarnos? ¿Queremos tener hijos y cómo los educaremos? ¿Cómo manejaremos el dinero, las deudas y el ahorro? ¿Qué relación tendremos con nuestras familias de origen? ¿Cómo resolveremos los desacuerdos? ¿Qué sueños y proyectos tiene cada uno? Hablar de estas cosas no quita el romanticismo; al contrario, construye una base sólida para el amor.

Oración

Señor, te confieso que a veces tengo miedo de quedarme solo, y que ese miedo me ha hecho mirar hacia donde no debía. Otras veces me he aferrado a alguien pidiéndole lo que solo tú puedes darme. Hoy pongo mi corazón en tus manos, con sus ganas de amar y de ser amado; tú las pusiste ahí. Ven, Espíritu Santo, y sé mi primera compañía, para que no elija desde la carencia sino desde la paz. Dame ojos para ver el carácter antes que la apariencia, y valor para alejarme de lo que me hace daño, aunque duela. Si en tu voluntad hay una persona para mí, prepáranos a los dos y haz que caminemos hacia ti antes de caminar el uno hacia el otro. Y hazme a mí capaz de amar como Cristo ama: dando la vida. Mientras espero, enséñame que contigo ya estoy completo. Amén.