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Evangelio

Cómo nacer de nuevo según la Biblia

«Nacer de nuevo» es una de las expresiones más conocidas del cristianismo, pero también una de las más malentendidas. Algunos la asocian con un grupo religioso concreto, otros con una emoción intensa, y otros piensan que se trata de empezar de cero por su propio esfuerzo. Sin embargo, la expresión viene de los labios de Jesús, y describe algo que ningún ser humano puede producir por sí mismo: una vida nueva que Dios da por medio de su Espíritu. En este artículo veremos qué dijo Jesús a Nicodemo, qué significa nacer de nuevo, por qué lo necesitamos, cómo ocurre según la Biblia, qué señales muestra la nueva vida y cómo crecer en ella. Al final encontrarás una oración para entregar tu vida a Cristo.

Jesús y Nicodemo

Nicodemo era un fariseo, maestro de la ley y miembro del consejo de los judíos. Era un hombre religioso, moral y respetado. Una noche fue a ver a Jesús, quizá por curiosidad o por temor a lo que dirían los demás, y lo reconoció como un maestro venido de Dios. Jesús le respondió con una afirmación que lo desconcertó:

«Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.»

Juan 3:3

Nicodemo preguntó cómo podía un hombre viejo volver a nacer. ¿Entrar otra vez en el vientre de su madre? Jesús le explicó que no hablaba de un nacimiento físico, sino espiritual: «el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:5-6). La expresión griega también puede traducirse «nacer de arriba»: un nacimiento que viene de Dios.

Lo sorprendente es a quién se lo dijo Jesús. No a un criminal, sino a uno de los hombres más religiosos de su tiempo. El nuevo nacimiento no es solo para los «grandes pecadores»; todos lo necesitamos. La religión, la moral y el conocimiento no bastan para entrar en el reino de Dios.

¿Por qué necesitamos nacer de nuevo?

La Biblia enseña que el pecado nos separó de Dios y dejó al ser humano espiritualmente muerto: «estabais muertos en vuestros delitos y pecados» (Efesios 2:1). Un muerto no puede resucitarse a sí mismo. No necesitamos solo mejorar un poco, sino recibir una vida nueva. Por eso Pablo escribe: «Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Lee Soy pecador: ¿seré aceptado por Dios? y Trapos de inmundicia.

Un corazón nuevo

Siglos antes de Jesús, Dios ya había prometido por medio del profeta Ezequiel esta transformación interior:

«Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.»

Ezequiel 36:26-27

Nacer de nuevo es recibir ese corazón nuevo. No es una reforma exterior, sino una obra de Dios en lo más profundo. El Espíritu Santo viene a habitar en nosotros y nos da nuevos deseos, nueva capacidad de amar y de obedecer. Pablo lo resume así: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

Es obra de Dios, no nuestra

Nadie decide nacer físicamente; de la misma manera, el nuevo nacimiento es un regalo de Dios. Juan escribe que a los que recibieron a Cristo, «a los que creen en su nombre», Dios les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, y añade que estos «no son engendrados de sangres, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios» (Juan 1:12-13). Pablo insiste en que la salvación es por gracia:

«Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe.»

Efesios 2:8-9

Y Tito añade que Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo» (Tito 3:5). No podemos ganarnos el nuevo nacimiento con buenas obras, ritos o esfuerzo; lo recibimos por la fe en Jesucristo.

¿Cómo se nace de nuevo?

Aunque es obra de Dios, la Biblia nos muestra cómo responder a su invitación. Jesús le explicó a Nicodemo el camino en el versículo más conocido de la Biblia:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Juan 3:16

Reconocer nuestra necesidad. Admitir con honestidad que somos pecadores y que no podemos salvarnos solos. Arrepentirnos. El arrepentimiento es un cambio de mente y de dirección: «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados» (Hechos 3:19). Creer en Jesucristo. Confiar en que Él murió por nuestros pecados y resucitó. «Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Romanos 10:9). Recibirlo. Abrirle la puerta del corazón como Señor y Salvador (Juan 1:12; Apocalipsis 3:20). Seguirlo. El nuevo nacimiento es el comienzo de una vida de discipulado. Lee ¿Ha entregado su vida a Cristo?.

El bautismo y las distintas tradiciones

Jesús habló de nacer «de agua y del Espíritu», y la Biblia vincula estrechamente el nuevo nacimiento con el bautismo (Hechos 2:38; Tito 3:5). Los cristianos entienden esta relación de maneras distintas. Las iglesias católica, ortodoxa y algunas protestantes, como la luterana, enseñan que en el bautismo Dios obra la regeneración, también en los niños, y que esa gracia debe ser acogida y vivida con fe a lo largo de la vida. Muchas iglesias evangélicas enseñan que el nuevo nacimiento ocurre cuando la persona se arrepiente y cree personalmente en Cristo, y que el bautismo es el testimonio público de esa nueva vida. Más allá de las diferencias, todas coinciden en que el nuevo nacimiento es obra del Espíritu Santo, que se recibe por la fe en Cristo y que debe manifestarse en una vida transformada. Lee El bautismo y Ecumenismo.

Ejemplos de vidas que nacieron de nuevo

Zaqueo, el jefe de los cobradores de impuestos, recibió a Jesús en su casa y su vida cambió de inmediato: devolvió cuatro veces lo que había robado y dio la mitad de sus bienes a los pobres. Jesús dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa» (Lucas 19:9). Saulo de Tarso, perseguidor de la Iglesia, se encontró con Cristo resucitado en el camino a Damasco y se convirtió en el apóstol Pablo (Hechos 9). La mujer samaritana, marcada por un pasado difícil, encontró en Jesús el agua viva y corrió a contarlo a su pueblo (Juan 4). El carcelero de Filipos preguntó: «Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?», y Pablo le respondió: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa» (Hechos 16:30-31). Y también Nicodemo, que al final aparece con valentía junto a José de Arimatea para sepultar el cuerpo de Jesús (Juan 19:39).

Señales de la nueva vida

El nuevo nacimiento no siempre va acompañado de emociones intensas, pero sí produce cambios. La primera carta de Juan describe algunas señales: amor por los hermanos («Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos», 1 Juan 3:14); deseo de obedecer a Dios (1 Juan 2:3); confesar a Jesús como Hijo de Dios (1 Juan 4:15); lucha contra el pecado en lugar de vivir cómodamente en él (1 Juan 3:9); el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, bondad (Gálatas 5:22-23). No se trata de perfección inmediata, sino de una dirección nueva.

Cómo crecer después de nacer de nuevo

Todo recién nacido necesita alimento y cuidado. Pedro escribe: «desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud» (1 Pedro 2:2). Lee la Biblia cada día, comenzando por el Evangelio de Juan o de Marcos. Ora con sencillez. Busca una iglesia donde puedas crecer en comunidad. Bautízate según la enseñanza de tu iglesia, si aún no lo has hecho. Cuéntaselo a otros. Ten paciencia: el crecimiento espiritual lleva tiempo. Lee Crecimiento espiritual.

Oración para nacer de nuevo

Señor Jesús, vengo como Nicodemo, de noche, con más preguntas que certezas. He intentado ser buena persona y por dentro sigo igual: cansado, vacío, cargando cosas de las que no me siento orgulloso. No necesito un arreglo; necesito nacer otra vez. Y eso no puedo hacerlo yo. Reconozco que he pecado y que no puedo salvarme. Creo que tú eres el Hijo de Dios, que me amaste hasta morir en una cruz por mí y que vives. Hoy dejo de huir. Te abro la puerta: entra, quédate, sé mi Señor. Ven, Espíritu Santo, viento de Dios, y sopla sobre mí como soplaste sobre el barro del principio. Quítame el corazón de piedra y dame un corazón de carne. Hazme nacer de arriba. Empiezo de nuevo, pequeño, como un niño, en tus brazos. Gracias por recibirme tal como soy. Soy tuyo desde hoy y para siempre. Amén.

Si hiciste esta oración con sinceridad, nos alegrará mucho saberlo y orar por ti. Escríbenos en Pide tu oración o en Testimonios.