«He aprendido… todo lo puedo en Cristo que me fortalece»
«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13) es probablemente uno de los versículos más conocidos de la Biblia. Aparece en camisetas, tatuajes, carteles deportivos y fondos de pantalla. Pero muchas veces se cita fuera de su contexto, como si fuera una promesa de que podremos conseguir cualquier meta que nos propongamos. Su sentido verdadero es más profundo y más útil para la vida real. Pablo no habla de ganar partidos ni de alcanzar el éxito, sino de algo que aprendió en medio de cárceles y necesidades: el secreto de estar contento en cualquier circunstancia gracias a la fuerza de Cristo. En este artículo veremos el contexto del versículo, qué significa «he aprendido», cómo se aprende el contentamiento y cómo vivir hoy esta verdad.
El contexto: una carta desde la cárcel
Pablo escribió la carta a los Filipenses mientras estaba preso, probablemente en Roma, sin saber si sería liberado o ejecutado (Filipenses 1:20-23). La iglesia de Filipos, a la que amaba mucho, le había enviado una ofrenda para ayudarle en su necesidad. Al final de la carta, Pablo les da las gracias, pero quiere que entiendan algo importante: su alegría no depende de las circunstancias. Por eso escribe:
«No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.»
Filipenses 4:11-12
Y entonces llega la frase famosa: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». En su contexto, ese «todo» se refiere a enfrentar cualquier situación —tener mucho o tener poco, estar saciado o tener hambre— sin perder la paz ni la fe.
«He aprendido»
La palabra más importante del pasaje quizá sea «aprendido». Pablo no nació contento. No se trata de un temperamento natural ni de una fórmula mágica, sino de un aprendizaje. En el versículo 12, la expresión «estoy enseñado» traduce un verbo griego (myeo) que se usaba para la iniciación en un secreto. Pablo dice, en otras palabras: «he descubierto el secreto». Y ese secreto lo aprendió en la escuela más dura: azotes, naufragios, hambre, frío, cárceles y persecuciones (2 Corintios 11:23-28). Lee Las pruebas de Abraham, Moisés, Pablo y los apóstoles.
Esto es una buena noticia: si Pablo tuvo que aprender, nosotros también podemos aprender. El contentamiento no es un don reservado a unos pocos, sino un fruto que crece con el tiempo en quien camina con Cristo.
¿Cuál es el secreto?
El secreto no es tener todo lo que deseamos, ni dejar de desear, ni fingir que no nos importan las cosas. El secreto es una Persona: «en Cristo que me fortalece». La fuerza para estar en paz en la necesidad y humilde en la abundancia no viene de Pablo, sino de su unión con Cristo. Jesús lo había enseñado con la imagen de la vid:
«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.»
Juan 15:5
«Todo lo puedo en Cristo» y «sin mí nada podéis hacer» son dos caras de la misma verdad. Separados de Él no podemos nada; unidos a Él podemos enfrentar todo lo que la vida nos traiga.
Contentos en la escasez
Estar contento cuando falta el dinero, la salud o la compañía es difícil. Pablo no dice que la necesidad sea agradable, sino que aprendió a vivirla con paz. Esa paz viene de confiar en el cuidado de Dios. Pocos versículos después, escribe a los mismos filipenses: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19). Y Jesús enseñó a no afanarse por el mañana, porque el Padre que alimenta a las aves y viste a los lirios cuida mucho más de sus hijos (Mateo 6:25-34).
El contentamiento en la escasez no significa resignación pasiva. Pablo trabajaba con sus manos haciendo tiendas para sostenerse (Hechos 18:3), y aceptaba con gratitud la ayuda de los hermanos. Podemos buscar trabajo, pedir ayuda, administrar con sabiduría y, al mismo tiempo, tener el corazón en paz. Lee El Señor y el dinero.
Contentos en la abundancia
Pablo también dice que sabe «tener abundancia». Esto es menos obvio, pero igual de importante. La abundancia tiene sus propias tentaciones: el orgullo, la autosuficiencia, la avaricia, el olvido de Dios. Moisés advirtió a Israel que cuando prosperara en la tierra prometida no olvidara al Señor ni dijera: «Mi poder y la fortaleza de mi mano me han traído esta riqueza» (Deuteronomio 8:17). Estar contento en la abundancia significa reconocer que todo viene de Dios, ser generoso y no poner el corazón en las riquezas. Pablo aconseja:
«Empero grande granjería es la piedad con contentamiento. Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto.»
1 Timoteo 6:6-8
Los malos usos del versículo
Filipenses 4:13 no promete que ganaremos todas las competencias, que obtendremos cualquier puesto de trabajo, que nos haremos ricos o que nunca fracasaremos. Tampoco es una frase para justificar decisiones imprudentes o metas que no tienen nada que ver con la voluntad de Dios. Usarlo así puede llevar a la frustración cuando las cosas no salen como queremos, y hasta a pensar que Dios nos falló. El versículo es más bien una promesa para los momentos en que no ganamos, no obtenemos lo que deseamos o perdemos lo que teníamos: incluso entonces, Cristo nos da fuerza para seguir con fe y con paz.
Un enemigo del contentamiento: la comparación
En la era de las redes sociales, una de las mayores amenazas al contentamiento es la comparación constante. Vemos la vida editada de otros y sentimos que la nuestra no es suficiente. La Biblia nos invita a mirar en otra dirección: «Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5). El fundamento del contentamiento no es lo que tenemos, sino a Quién tenemos. Si Dios está con nosotros, tenemos lo más importante.
Cómo aprender el contentamiento
Da gracias cada día. Justo antes de este pasaje, Pablo escribió: «sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias» (Filipenses 4:6). La gratitud entrena el corazón para ver lo que Dios ya ha dado. Lleva tus ansiedades a Dios. La paz de Dios guarda el corazón (Filipenses 4:7). Llena tu mente de lo bueno. «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo… en esto pensad» (Filipenses 4:8). Permanece en Cristo. La oración y la Palabra nos mantienen unidos a la vid. Sé generoso. Los filipenses, que no eran ricos, dieron a Pablo, y Dios les prometió suplir sus necesidades. Limita la comparación. Reduce lo que alimenta la envidia y el deseo constante de más. Recuerda lo que Dios ya hizo. Pablo había visto la fidelidad de Dios en cada etapa; tú también puedes hacer memoria.
Fortalecidos para cada circunstancia
Esta verdad tiene aplicación en todas las áreas de la vida. En la enfermedad, Cristo nos fortalece para soportar con esperanza. En la pérdida de un empleo, nos da paz mientras buscamos otro. En la soledad, nos acompaña. En el éxito, nos guarda humildes. En el servicio, nos da energía cuando la nuestra se acaba. En la tentación, nos da la salida. Lee Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza y Qué dice la Biblia sobre las tribulaciones.
Testimonios de contentamiento
A lo largo de la historia, muchos creyentes han vivido este secreto en circunstancias extremas. Fanny Crosby, que quedó ciega siendo bebé, escribió miles de himnos llenos de alegría y decía que no cambiaría su condición si eso significara perder la esperanza de que el primer rostro que vería sería el de su Salvador. Corrie ten Boom y su hermana Betsie daban gracias a Dios aun por las pulgas de su barracón en un campo de concentración, porque gracias a ellas los guardias no entraban y podían leer la Biblia con las demás prisioneras. Y en tantas familias humildes de nuestros países hay hombres y mujeres que, con muy poco, viven agradecidos y generosos. Su testimonio confirma que el contentamiento no depende de lo que tenemos, sino de quién nos sostiene.
Tú también puedes empezar hoy esta escuela del contentamiento, un día a la vez, de la mano de Cristo.
Oración
Señor Jesús, he repetido muchas veces que todo lo puedo en ti, casi siempre para pedirte que las cosas salgan como yo quiero. Hoy entiendo que Pablo lo escribió encadenado, con hambre, sin saber si viviría. Y estaba en paz. Yo no estoy en paz. Me comparo, me quejo, vivo esperando que algo cambie para poder estar contento. Perdóname. Quiero aprender ese secreto, y sé que no se aprende de un día para otro. Ven, Espíritu Santo, Maestro interior, y enséñame despacio: a dar gracias cuando hay poco, a no olvidarte cuando hay mucho, a no medir mi vida por lo que tienen otros. Que mi alegría no esté colgada de las circunstancias, sino clavada en ti. Sin ti no puedo nada; contigo puedo atravesar lo que venga, la abundancia y la escasez, la salud y la enfermedad. Tú eres mi contentamiento. Tú me bastas, Señor. Amén.