Qué dice la Biblia sobre las tribulaciones
Enfermedades, pérdidas, crisis económicas, persecución, conflictos familiares, injusticias. Tarde o temprano, toda persona atraviesa tribulaciones. Algunos creyentes se sorprenden y se preguntan si han hecho algo mal o si Dios los ha abandonado, porque esperaban que la fe los librara de todo problema. Sin embargo, la Biblia nunca prometió una vida sin dificultades. Lo que promete es algo más profundo: la presencia de Dios en medio de la prueba, un propósito en el dolor y una victoria final. En este artículo veremos qué significa la palabra tribulación, por qué Dios permite las pruebas, qué producen en nosotros, cómo las atravesaron los hombres y mujeres de la Biblia y cómo podemos atravesarlas hoy con fe.
¿Qué es una tribulación?
La palabra «tribulación» viene del latín tribulum, un instrumento de madera con piedras o puntas afiladas que se usaba para trillar el trigo y separar el grano de la paja. En el Nuevo Testamento, el término griego es thlipsis, que significa presión, aprieto, angustia, como la de las uvas en el lagar. La imagen es elocuente: la tribulación es una presión que duele, pero que en las manos de Dios puede separar lo valioso de lo que sobra.
Jesús nos lo advirtió
Jesús nunca engañó a sus discípulos con promesas de una vida cómoda. La noche antes de morir les dijo con toda claridad:
«Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.»
Juan 16:33
Las dos partes de la frase son inseparables: «tendréis aflicción» y «yo he vencido al mundo». La tribulación es real, pero no tiene la última palabra. Los apóstoles lo entendieron así; Pablo y Bernabé animaban a las nuevas iglesias diciendo: «es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios» (Hechos 14:22). Y el salmista ya lo sabía: «Muchos son los males del justo; mas de todos ellos lo librará Jehová» (Salmo 34:19).
Por qué Dios permite las tribulaciones
No siempre podemos saber por qué atravesamos una prueba concreta. Job nunca recibió una explicación completa. Pero la Biblia nos muestra algunos propósitos que Dios puede cumplir a través de ellas. Purificar la fe: Pedro compara la fe probada con el oro que se refina en el fuego (1 Pedro 1:6-7). Formar el carácter: la prueba produce paciencia y madurez. Acercarnos a Dios: muchas veces es en la necesidad cuando más lo buscamos. Lee ¿Dónde estaba Dios cuando me pasó esto?. Prepararnos para consolar a otros: quien ha sufrido puede acompañar mejor a quien sufre. Dar testimonio: una fe que resiste en la dificultad habla con fuerza a quienes la observan.
La tribulación produce paciencia
Uno de los textos más citados sobre este tema está en la carta a los Romanos:
«Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.»
Romanos 5:3-5
Pablo no dice que nos gloriamos porque nos gusta sufrir, sino por lo que Dios hace a través del sufrimiento: tribulación, paciencia, prueba, esperanza. Y esa esperanza no avergüenza, porque está sostenida por el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Santiago dice algo parecido: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones; sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa» (Santiago 1:2-4).
En el horno, no estaban solos
Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron a adorar la estatua de oro del rey Nabucodonosor. Fueron arrojados a un horno calentado siete veces más de lo normal. Antes de entrar, dijeron al rey: «nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo… Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos» (Daniel 3:17-18). Confiaban en Dios, lo librara o no. Cuando el rey miró dentro del horno, se asombró: «He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante a hijo de los dioses» (Daniel 3:25). Dios no siempre nos libra del horno, pero siempre entra con nosotros en él. Lo prometió por medio de Isaías:
«Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.»
Isaías 43:2
Pablo: atribulados, pero no angustiados
Pocos conocieron la tribulación como el apóstol Pablo. Fue azotado, apedreado, encarcelado, naufragó tres veces, pasó hambre, frío y peligros de todo tipo (2 Corintios 11:23-28). Sin embargo, escribió:
«Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos; Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos.»
2 Corintios 4:8-9
Y unos versículos después explica su secreto: «Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria; no mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven» (2 Corintios 4:17-18). Pablo no minimizaba su sufrimiento, pero lo comparaba con la eternidad. Lee El aguijón de Pablo.
Nada nos separará del amor de Cristo
En medio de una lista de tribulaciones, Pablo hace una de las preguntas más hermosas de la Biblia: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿tribulación? ¿o angustia? ¿o persecución? ¿o hambre? ¿o desnudez? ¿o peligro? ¿o cuchillo?». Y responde: «Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:35, 37). No dice que evitamos estas cosas, sino que en medio de ellas somos más que vencedores. Lee Dios, no me sueltes nunca.
La Iglesia perseguida hoy
Para muchos cristianos en el mundo, la tribulación no es una metáfora. En diversos países, creyentes son discriminados, encarcelados o asesinados por su fe. Su testimonio nos recuerda las palabras de Jesús: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:10). Orar por la Iglesia perseguida y apoyar a las organizaciones que la sirven es una forma concreta de llevar las cargas los unos de los otros. Lee Iglesias en el mundo.
¿Y la «gran tribulación»?
La Biblia habla también de un tiempo de gran tribulación antes del regreso de Cristo (Mateo 24:21; Apocalipsis 7:14). Los cristianos interpretan estos textos de maneras diversas: algunos los entienden como un periodo futuro concreto, otros ven su cumplimiento parcial en la destrucción de Jerusalén en el año 70 o en las persecuciones de toda la historia de la Iglesia. Más allá de las diferencias, todos coinciden en lo esencial: Cristo volverá, Dios cuida de los suyos en toda circunstancia y la historia terminará en su victoria. El Apocalipsis describe a los que «han venido de grande tribulación» vestidos de blanco delante del trono, y añade: «Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos» (Apocalipsis 7:14-17).
Cómo atravesar la tribulación con fe
Ora con honestidad: dile a Dios lo que sientes; los Salmos están llenos de lamentos sinceros. Lee Oración en momentos de desesperación profunda. Aférrate a sus promesas: escribe y repite versículos como Isaías 43:2 o Romanos 8:28. No te aísles: busca a tu iglesia, a tu familia, a amigos de fe; deja que te acompañen. Vive un día a la vez: «basta al día su afán» (Mateo 6:34). Da gracias por lo que aún tienes: la gratitud ilumina la oscuridad. Busca ayuda práctica y profesional cuando la necesites: médica, económica, legal o psicológica. Si la angustia es extrema o piensas en hacerte daño, llama al 123 en Colombia o al número de emergencias de tu país. Mira más allá: la prueba es temporal; la gloria es eterna.
Consolados para consolar
Pablo escribió que Dios «nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios» (2 Corintios 1:4). Tu tribulación de hoy puede convertirse mañana en el consuelo de otro. Nada de lo que vives con Dios se desperdicia.
La historia de José lo ilustra bien: vendido por sus hermanos y encarcelado injustamente, años después pudo decir: «Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó a bien» (Génesis 50:20). Lo que en su momento parecía solo dolor se convirtió en salvación para muchos.
Oración
Señor Jesús, tú no me engañaste: dijiste que en el mundo tendría aflicción. Pero no pensé que dolería tanto. Estoy en medio del fuego y no veo la salida. Me pregunto cuánto más va a durar y si voy a aguantar. No quiero una fe que solo te alaba cuando todo va bien; pero te confieso que hoy mi fe es pequeña. Tú entraste al horno con aquellos tres jóvenes: entra conmigo al mío. No te pido primero que me saques; te pido que no me dejes solo adentro. Ven, Espíritu Santo, y sé mi aliento cuando me falte el aire. Que este dolor no me amargue: que me haga más compasivo, más tuyo. Derrama tu amor en mi corazón, para que la esperanza no me avergüence. Recuérdame que has vencido al mundo y que nada, ni esto, puede separarme de ti. Y un día, cuando salga, usa mis cicatrices para consolar a otro. Confío en ti. Amén.