El tiempo de Dios según la Biblia: por qué espera y cómo esperar
El tiempo de Dios es el momento que él ha fijado para cumplir sus promesas: ni antes, ni después. La Biblia enseña que Dios no llega tarde, aunque a menudo no llega cuando nosotros queremos. Su reloj no se mide por nuestra impaciencia, sino por su sabiduría y su amor. El Eclesiastés lo resume así:
«Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo.»
Eclesiastés 3:1 (RV 1909)
Este artículo explica qué significa «el tiempo de Dios», por qué Dios a veces parece tardar, qué enseñan Abraham, José, Moisés, David, Lázaro y Simeón, cómo se espera bien y qué cosas no deben esperar. Al final hay una oración.
¿Qué es el tiempo de Dios?
El Nuevo Testamento usa dos palabras griegas para hablar del tiempo. Chronos es el tiempo que corre: horas, días, años. Kairós es el momento oportuno, la hora señalada en que algo debe ocurrir. Cuando Jesús comenzó a predicar dijo: «El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca» (Marcos 1:15). No hablaba de una fecha en el calendario, sino de un momento maduro, preparado por Dios durante siglos.
Lo mismo dice Pablo de la venida de Cristo:
«Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley.»
Gálatas 4:4 (RV 1909)
Dios esperó miles de años para enviar a su Hijo, pero no llegó tarde: llegó en «el cumplimiento del tiempo». Así obra también en nuestras vidas. El tiempo de Dios es su kairós para cada cosa.
Todo tiene su tiempo
El Eclesiastés enumera tiempos opuestos: «Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado… tiempo de llorar, y tiempo de reír» (Eclesiastés 3:2, 4). La vida no es una línea recta de éxitos. Tiene estaciones. Y añade una frase preciosa: «Todo lo hizo hermoso en su tiempo» (3:11). Lo que hoy parece absurdo, en su momento mostrará su belleza.
David lo dijo con confianza en medio de la persecución: «En tu mano están mis tiempos» (Salmo 31:15). No en manos de mis enemigos, ni del azar, ni de mis errores: en la mano de Dios.
Para Dios, mil años son como un día
«Mas, oh amados, no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.»
2 Pedro 3:8-9 (RV 1909)
Pedro escribió a cristianos que se burlaban porque Cristo no volvía. Su respuesta tiene dos partes. Primero, Dios no vive el tiempo como nosotros: lo que para nosotros es eterno, para él es breve. Segundo, lo que llamamos tardanza es, muchas veces, paciencia: Dios espera porque quiere que más personas lleguen al arrepentimiento. Su demora es misericordia.
Por qué Dios no tiene prisa
La Biblia muestra varias razones por las que Dios hace esperar:
- Para formarnos. La espera revela lo que hay en el corazón y lo purifica. «La paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa» (Hebreos 10:36).
- Para prepararlo todo. Dios no solo trabaja en ti; también ordena personas, lugares y circunstancias que tú no ves.
- Para mostrar su gloria. Cuando la respuesta llega «tarde», nadie puede atribuírsela a la fuerza humana.
- Por amor a otros. Como en 2 Pedro 3:9, a veces Dios espera por quienes todavía no han vuelto a él.
«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová» (Isaías 55:8). Jesús se lo dijo a Pedro: «Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13:7).
Historias de la Biblia sobre el tiempo de Dios
Abraham y Sara: no adelantarse
Dios prometió a Abraham una descendencia como las estrellas, «y creyó a Jehová, y contóselo por justicia» (Génesis 15:6). Pero los años pasaban, y Sara propuso una solución humana: que Abraham tuviera un hijo con su sierva Agar (16:2). De esa prisa nacieron conflictos que duraron generaciones. Al final, «concibió y parió Sara a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho» (21:2). La promesa se cumplió a su hora, no a la nuestra.
José: dos años más en la cárcel
José interpretó el sueño del copero y le pidió que se acordara de él. El copero lo olvidó. «Pasados dos años», el faraón tuvo un sueño (Génesis 41:1), y entonces José salió de la cárcel para gobernar Egipto. El salmo dice: «Hasta la hora que llegó su palabra, el dicho de Jehová le probó» (Salmo 105:19). Esos dos años no fueron un olvido de Dios, sino su preparación.
Moisés y David: cuarenta años y una corona tardía
Moisés quiso liberar a su pueblo a su manera y tuvo que huir. Pasó cuarenta años en el desierto cuidando ovejas, y «cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina» (Hechos 7:30). David fue ungido rey siendo un muchacho, pero pasó años huyendo de Saúl. «Era David de treinta años cuando comenzó a reinar» (2 Samuel 5:4).
Lázaro: cuando Jesús llega «tarde»
Cuando avisaron a Jesús que su amigo estaba enfermo, «quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba» (Juan 11:6). Lázaro murió. Marta le dijo con dolor: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto» (11:21). Pero Jesús no había llegado tarde para lo que iba a hacer: «¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?» (11:40). Y lo resucitó.
Simeón: una espera de toda la vida
Simeón, un anciano justo, había recibido del Espíritu Santo la promesa de que no moriría sin ver al Mesías. Esperó años. Cuando tomó al niño Jesús en brazos, dijo: «Ahora despides, Señor, a tu siervo, conforme a tu palabra, en paz; porque han visto mis ojos tu salvación» (Lucas 2:29-30).
Cuando Dios parece tardar
La Biblia no esconde la angustia de la espera. «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿me olvidarás para siempre?» (Salmo 13:1). «¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás?» (Habacuc 1:2). Puedes decirle a Dios lo mismo. Él no se ofende con la oración sincera.
La respuesta que recibió Habacuc sigue siendo para nosotros:
«Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará.»
Habacuc 2:3 (RV 1909)
«Aunque se tardare, espéralo». Lo que Dios ha prometido tiene un tiempo señalado. Puede parecer lento, pero no fallará.
Cómo esperar el tiempo de Dios
Esperar a Dios no es quedarse de brazos cruzados ni resignarse. Es una espera activa:
- Ora con sinceridad. «Resignadamente esperé a Jehová, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor» (Salmo 40:1).
- Sigue haciendo el bien. «No nos cansemos, pues, de hacer bien; que a su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado» (Gálatas 6:9).
- No fuerces la puerta. La prisa de Abraham trajo dolor. Lo que se arranca antes de tiempo no da buen fruto.
- Humíllate. «Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6).
- Calla la queja amarga. «Calla a Jehová, y espera en él» (Salmo 37:7). «Bueno es esperar callando en la salud de Jehová» (Lamentaciones 3:26).
- Prepárate. José se formó en la cárcel; David, en el campo. Usa la espera para crecer.
- Recuerda sus promesas. «Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas» (Isaías 40:31).
Esperar en Dios tampoco significa dejar de buscar ayuda cuando hace falta: un médico, un consejero, la autoridad ante un abuso. Dios obra también por esos medios. Lee Dios, no me sueltes nunca y Qué dice la Biblia sobre las tribulaciones.
Lo que no debe esperar
Hay cosas para las que el tiempo de Dios es hoy. «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud» (2 Corintios 6:2). Volver a Dios, pedir perdón, reconciliarse, dejar un pecado: eso no se pospone. «Mirad, pues, cómo andéis avisadamente… redimiendo el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:15-16). Y Moisés oraba: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmo 90:12).
También el regreso de Cristo está en el tiempo de Dios: «del día y hora nadie sabe» (Mateo 24:36). Por eso vivimos despiertos y en paz. Si te has alejado, lee Volver a Cristo.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «el tiempo de Dios es perfecto»? Que Dios cumple lo que promete en el momento más sabio y amoroso, aunque no coincida con el que nosotros deseamos. No está en la Biblia con esas palabras exactas, pero resume textos como Eclesiastés 3:11, Gálatas 4:4 y Habacuc 2:3.
¿Dónde dice la Biblia que todo tiene su tiempo? En Eclesiastés 3:1-8: «Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo».
¿Qué diferencia hay entre «chronos» y «kairós»? Chronos es el tiempo que pasa; kairós, el momento oportuno señalado por Dios. Marcos 1:15 dice que «el tiempo es cumplido» en este segundo sentido.
¿Por qué Dios tarda en responder mi oración? La Biblia da varias razones: formar nuestro carácter, preparar las circunstancias, mostrar su gloria o tener paciencia con otros (2 Pedro 3:9). A veces la respuesta es «espera», y otras es «no», porque él ve más lejos.
¿Cómo saber si algo es el tiempo de Dios? Busca su voluntad en la Escritura y la oración, pide consejo a creyentes maduros, observa si las puertas se abren sin forzarlas y si hay paz en tu corazón (Colosenses 3:15). Nunca será tiempo de Dios algo que contradiga su Palabra.
Oración
Padre eterno, mis tiempos están en tu mano. Tú conoces lo que espero desde hace tanto, las promesas que todavía no veo cumplidas y las noches en que he preguntado: ¿hasta cuándo? Perdóname por las veces que quise adelantarme y forzar las puertas, y por la desconfianza que se me metió en el alma. Hoy decido creer que no llegas tarde. Ven, Espíritu Santo, y enséñame a esperar: dame paciencia que no sea resignación, fe que no se canse y paz mientras la respuesta tarda. Úsame en la espera, fórmame como formaste a José en la cárcel y a David en el campo. Abre mis ojos para ver lo que estás haciendo aunque no lo entienda todavía. Y que no deje para mañana lo que es para hoy: volver a ti, perdonar, amar. Todo lo haces hermoso en su tiempo; confío en tu reloj y en tu corazón. En el nombre de Jesús. Amén.