Una vida sobrenatural: el llamado de Dios y la guerra espiritual
Dios conoce nuestra naturaleza humana, pero nos llama a vivir una vida sobrenatural, y para eso nos da el Espíritu Santo. No nos pide lo imposible con nuestras fuerzas: nos da su propia vida. Y lo hace también porque tenemos un enemigo que no es de carne y hueso. Satanás es un ser espiritual, con huestes y potestades, y el creyente necesita estar preparado para enfrentarlo con las armas de Dios:
«Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar firmes, habiendo acabado todo.»
Efesios 6:10-13 (RV 1909)
Este artículo explica qué significa vivir una vida sobrenatural, por qué Dios nos da su Espíritu, quién es el enemigo y cómo actúa, cuál es la armadura de Dios y cómo mantenerse firmes sin caer en errores. Al final hay una oración.
Dios conoce nuestra naturaleza
Dios no se sorprende de nuestra debilidad. «Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo» (Salmo 103:14). Jesús mismo vivió nuestra naturaleza humana: tuvo hambre, cansancio y tristeza, y fue «tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Por eso se compadece de nosotros. Él mismo dijo en Getsemaní: «el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma» (Mateo 26:41).
Pero comprender nuestra debilidad no es lo mismo que conformarse con ella. Dios no nos llama a una vida simplemente «buena» o «correcta», que cualquiera podría alcanzar con disciplina. Nos llama a algo que solo él puede producir.
El llamado a una vida sobrenatural
«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia.»
2 Pedro 1:3-4 (RV 1909)
«Participantes de la naturaleza divina». Esta es una de las frases más asombrosas de la Biblia. No significa que nos volvamos dioses, sino que Dios pone su vida en nosotros. Jesús lo explicó a Nicodemo: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:6). El cristiano ha nacido de nuevo; tiene una vida que viene de arriba.
Una vida sobrenatural es la que no se explica por las capacidades humanas: amar a quien te ha herido, perdonar lo imperdonable, tener paz en la tormenta, vencer un vicio que te dominaba, servir sin buscar reconocimiento, orar por los enfermos y verlos sanar, hablar de Cristo con una valentía que no tenías. Pablo dice que Dios «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia que obra en nosotros» (Efesios 3:20). Lee Cómo nacer de nuevo según la Biblia.
Para eso nos da el Espíritu Santo
Dios no nos manda vivir así y nos deja solos. Jesús prometió: «yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad… está con vosotros, y será en vosotros» (Juan 14:16-17). Y Pablo añade que ese Espíritu es el mismo poder que resucitó a Jesús: «si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros… vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros» (Romanos 8:11).
Por eso la vida cristiana no se vive apretando los dientes, sino andando en el Espíritu: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne» (Gálatas 5:16). «Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu» (5:25). El tesoro está en vasos de barro, «para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4:7). Lee No vivimos según la carne y El Espíritu Santo hoy.
Nuestro enemigo es sobrenatural
La Biblia es clara: hay una batalla espiritual. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires» (Efesios 6:12). Pablo llama a Satanás «el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia» (Efesios 2:2).
La Escritura describe cómo actúa:
- Miente. Jesús lo llamó «mentiroso, y padre de mentira» y «homicida… desde el principio» (Juan 8:44).
- Destruye. «El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir» (Juan 10:10).
- Engaña. «El mismo Satanás se transfigura en ángel de luz» (2 Corintios 11:14).
- Acecha. «Vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore» (1 Pedro 5:8).
- Tiene maquinaciones. Pablo dice: «no ignoramos sus maquinaciones» (2 Corintios 2:11).
Daniel 10 incluso deja ver una lucha en lo invisible: un mensajero de Dios fue resistido por «el príncipe del reino de Persia» durante veintiún días mientras Daniel oraba (Daniel 10:12-13). La oración tiene efectos en un mundo que no vemos.
Pero Cristo ya venció
Lo más importante de la guerra espiritual es que no es una lucha entre iguales. «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8). En la cruz, Cristo despojó «los principados y las potestades, sacólos a la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo» (Colosenses 2:15). El príncipe de este mundo «es juzgado» (Juan 16:11).
«Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.»
1 Juan 4:4 (RV 1909)
No peleamos para conseguir la victoria, sino desde la victoria de Cristo. «El Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies» (Romanos 16:20), y nada, «ni principados, ni potestades», nos podrá apartar del amor de Dios (Romanos 8:38-39).
Preparados para la batalla: la armadura de Dios
Pablo describe la armadura con la que el creyente se mantiene firme (Efesios 6:14-18):
- El cinto de la verdad: vivir en la verdad de Dios y sin mentiras propias.
- La cota de justicia: la justicia de Cristo que nos cubre y una vida recta que no da lugar al enemigo.
- El calzado del evangelio de paz: estar listos para anunciar a Cristo.
- El escudo de la fe: «con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno».
- El yelmo de la salvación: la certeza de pertenecer a Dios, que protege la mente.
- La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios: el arma que Jesús usó en el desierto.
- La oración en el Espíritu: «orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello».
Cuando Jesús, «lleno del Espíritu Santo», fue tentado en el desierto (Lucas 4:1-2), no discutió con el diablo con argumentos propios. Respondió con la Escritura: «Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4).
«Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;) Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo.»
2 Corintios 10:3-5 (RV 1909)
Muchas batallas se libran en los pensamientos. Las «fortalezas» son mentiras arraigadas: «no vales nada», «Dios no te perdona», «nunca cambiarás». Se derriban llevando cada pensamiento a la obediencia de Cristo. Lee Cómo resistir los ataques de Satanás con la Biblia.
Cómo enfrentar al enemigo
- Sométete a Dios y resiste. «Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá» (Santiago 4:7). El orden importa: primero someterse, luego resistir.
- Vela y sé sobrio. «Sed templados, y velad» (1 Pedro 5:8). No abras puertas: ocultismo, odio guardado, pecado consentido.
- Usa la autoridad de Jesús, no la tuya. Jesús dijo: «os doy potestad… sobre toda fuerza del enemigo» (Lucas 10:19). Pero esa autoridad nace de la relación con él. Los hijos de Esceva usaron el nombre de Jesús como una fórmula y fueron vencidos: «A Jesús conozco, y sé quién es Pablo: mas vosotros ¿quiénes sois?» (Hechos 19:15).
- Ora y ayuna. Sobre cierta liberación, Jesús dijo: «Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno» (Marcos 9:29).
- Llénate de la Palabra. No se puede usar una espada que no se conoce.
- No luches solo. La armadura de Efesios se escribió a una iglesia. Ora con otros y deja que otros oren por ti.
Dos errores que debemos evitar
Ante el diablo se puede caer en dos errores opuestos, como advirtió el escritor C. S. Lewis: no creer que existe, o interesarse por él de forma excesiva y malsana. Ambos le sirven.
El primer error vuelve al creyente ingenuo: no vela, no ora y no entiende por qué ciertas batallas son tan duras. El segundo lo vuelve temeroso o supersticioso: ve demonios en todo, culpa al diablo de sus propias decisiones y olvida que Cristo ya venció. La Biblia nos pide estar alerta, pero con los ojos puestos en Jesús, no en el enemigo.
Una palabra de responsabilidad: no todo sufrimiento es demoníaco. La depresión, la ansiedad y otros trastornos son problemas reales de salud que necesitan atención médica y psicológica, junto con la oración. Cualquier ministerio de liberación debe hacerse con humildad, dentro de una iglesia responsable, sin violencia, sin cobrar y sin humillar a nadie.
Lo sobrenatural también es cotidiano
La vida sobrenatural no se mide solo por milagros espectaculares. También es sobrenatural el fruto del Espíritu: «caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23). Una madre que ama con paciencia, un hombre que deja la violencia, una joven que guarda su pureza, un anciano que perdona: todo eso es obra del Espíritu y una derrota para el enemigo. «Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37).
Preguntas frecuentes
¿Qué es una vida sobrenatural según la Biblia? Una vida que no se explica por las fuerzas humanas, sino por la obra del Espíritu Santo en el creyente: carácter transformado, amor, santidad, valentía para testificar y la acción de Dios en respuesta a la oración (2 Pedro 1:3-4; Efesios 3:20).
¿Qué significa «no tenemos lucha contra sangre y carne»? Que detrás de muchos conflictos hay una dimensión espiritual. Nuestros verdaderos enemigos no son las personas, sino «principados» y «potestades» espirituales (Efesios 6:12). Por eso no se pelea con odio contra la gente, sino con oración y verdad.
¿Cuáles son las piezas de la armadura de Dios? El cinto de la verdad, la cota de justicia, el calzado del evangelio de paz, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, y la oración en el Espíritu (Efesios 6:14-18).
¿Puede el diablo dañar a un cristiano? Puede tentarlo, acusarlo y atacarlo, pero no puede separarlo del amor de Dios (Romanos 8:38-39). «Mayor es el que en vosotros está, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4).
¿Cómo se resiste al diablo? Sometiéndose primero a Dios, resistiendo firmes en la fe con la Palabra, velando en oración y apartándose de lo que le abre puertas (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8-9).
Oración
Padre santo, tú conoces mi barro: sabes de qué estoy hecho y no te escandalizas de mi debilidad. Pero no quieres dejarme ahí. Gracias por llamarme a una vida que viene de ti. Ven, Espíritu Santo, y haz en mí lo que yo no puedo hacer: ama a través de mí, perdona a través de mí, vence a través de mí. Hazme participante de tu naturaleza y líbrame de vivir una fe solo humana. Señor Jesús, tú venciste al enemigo en el desierto y en la cruz; me pongo bajo tu victoria. Hoy me visto con tu armadura: ciño la verdad, me cubro con tu justicia, tomo el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada de tu Palabra. Me someto a ti y resisto al diablo en tu nombre. Derriba en mi mente toda mentira que se levanta contra ti. Guarda mi casa, mi familia y mi iglesia de toda obra de las tinieblas. Que no viva con miedo, sino con los ojos puestos en ti, porque mayor es el que está en mí que el que está en el mundo. En el nombre de Jesús. Amén.