Apartados por el Espíritu Santo: la llenura de nuestras vidas
La vida cristiana no es solo un esfuerzo humano por ser buenas personas. Es una vida transformada desde dentro por la presencia de Dios mismo: el Espíritu Santo. La Biblia enseña que Dios aparta a sus hijos para sí, los santifica y los llena de su Espíritu para que vivan con poder, amor y propósito. Pero muchas personas, aun después de años en la iglesia, sienten que su vida espiritual está seca, rutinaria o sin fuerza. En este artículo veremos qué significa ser apartados por Dios, qué es la llenura del Espíritu Santo, cómo la vivió la Iglesia primitiva, qué la impide y cómo podemos buscarla cada día. Las distintas tradiciones cristianas explican estos temas con matices diferentes, pero todas coinciden en que necesitamos al Espíritu Santo para vivir la fe.
¿Qué significa ser «apartados»?
En la Biblia, la palabra «santo» (en hebreo kadosh, en griego hagios) significa precisamente «apartado», «separado para Dios». Los utensilios del templo eran santos porque estaban reservados para el servicio de Dios. De la misma manera, Dios aparta a las personas para sí. A Jeremías le dijo: «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes» (Jeremías 1:5). Pablo se presentaba como «apartado para el evangelio de Dios» (Romanos 1:1). Y Pedro dice a todos los creyentes:
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.»
1 Pedro 2:9
Ser apartado no significa aislarse del mundo, sino pertenecer a Dios en medio del mundo, con una vida distinta y una misión clara.
«Apartadme a Bernabé y a Saulo»
En la iglesia de Antioquía, mientras los líderes ministraban al Señor y ayunaban, sucedió algo decisivo para la historia del cristianismo:
«Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado. Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos.»
Hechos 13:2-3
Fue el Espíritu Santo quien apartó a Bernabé y a Saulo para la obra misionera que llevaría el Evangelio a Asia Menor y Europa. Fíjate en el contexto: la iglesia estaba adorando, ayunando y orando. Allí escucharon la voz del Espíritu. Dios sigue apartando hoy a hombres y mujeres para tareas concretas: el ministerio, la misión, el servicio a los pobres, la familia, el trabajo como testimonio. Pero todos los creyentes son apartados para Dios. Lee Evangelizar.
Santificados por el Espíritu
El Espíritu Santo es quien realiza esa obra de apartarnos y transformarnos. Pablo escribe que Dios nos escogió «para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad» (2 Tesalonicenses 2:13). Y a los corintios les recordó: «ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6:11). La santificación tiene dos dimensiones: es un regalo recibido al creer en Cristo, por el cual pertenecemos a Dios, y es también un proceso de toda la vida, en el que el Espíritu nos va haciendo cada vez más semejantes a Jesús (2 Corintios 3:18).
La promesa del Espíritu
Jesús prometió a sus discípulos que no los dejaría solos. Les enviaría «otro Consolador», el Espíritu de verdad, que estaría con ellos para siempre (Juan 14:16-17). En una fiesta en Jerusalén, Jesús se puso en pie y clamó:
«Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. (Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.)»
Juan 7:37-39
La imagen es de abundancia: no un vaso de agua, sino ríos que corren y desbordan. Así quiere Dios que sea la vida del creyente lleno del Espíritu: no un pozo estancado, sino una fuente que bendice a otros. Lee Las palabras de Jesús a sus apóstoles antes de partir.
Pentecostés: llenos del Espíritu Santo
Cincuenta días después de la resurrección, los discípulos estaban reunidos en Jerusalén, orando unánimes, cuando vino del cielo un estruendo como de un viento recio, aparecieron lenguas como de fuego, «Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen» (Hechos 2:4). Pedro, que semanas antes había negado a Jesús por miedo, predicó con valentía, y unas tres mil personas creyeron. La llenura del Espíritu transformó a hombres temerosos en testigos valientes. Lee El Espíritu Santo.
Y no fue una experiencia única. Poco después, cuando fueron amenazados, los discípulos oraron pidiendo denuedo, «y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza» (Hechos 4:31). La llenura del Espíritu se puede y se debe renovar.
«Sed llenos del Espíritu»
Pablo da a todos los creyentes un mandato claro:
«Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu; Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.»
Efesios 5:18-20
El contraste es interesante: así como el vino controla a quien se embriaga, el Espíritu Santo debe guiar la vida del creyente. En el griego original, el verbo está en presente continuo: «seguid siendo llenos». No es una experiencia de una sola vez, sino una relación diaria. Y Pablo describe sus señales: alabanza, gratitud y sumisión mutua por amor (Efesios 5:19-21).
Cómo se ve una vida llena del Espíritu
El fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23). El carácter de Cristo formándose en nosotros es la señal más clara de la llenura. Valentía para testificar: «recibiréis la virtud del Espíritu Santo… y me seréis testigos» (Hechos 1:8). Los dones espirituales puestos al servicio de los demás: enseñanza, servicio, misericordia, sabiduría, fe, sanidades y muchos otros (1 Corintios 12:4-11). Lee Los dones del Espíritu Santo. Una vida de oración en la que el Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26). Amor por la Palabra de Dios, porque el Espíritu nos guía a toda verdad (Juan 16:13). Unidad con los hermanos (Efesios 4:3).
Lo que impide la llenura
La Biblia advierte de dos actitudes que obstaculizan la obra del Espíritu. La primera: «no contristéis al Espíritu Santo de Dios» (Efesios 4:30). En el contexto, Pablo menciona la mentira, el enojo descontrolado, el robo, las palabras corrompidas, la amargura, la gritería y la maledicencia (Efesios 4:25-31). El Espíritu es una Persona que se entristece cuando vivimos en pecado. La segunda: «No apaguéis el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5:19). Como se apaga un fuego, podemos apagar su obra con la indiferencia, la incredulidad, la desobediencia o el rechazo a su guía. Lee Cómo superar las tentaciones de la carne.
Cómo buscar la llenura del Espíritu
1. Entrega tu vida a Cristo. El Espíritu Santo glorifica a Jesús; la llenura comienza con rendirle el control de nuestra vida. Lee ¿Ha entregado su vida a Cristo?. 2. Confiesa tus pecados. Un corazón limpio es un vaso dispuesto (1 Juan 1:9). 3. Pide con fe. Jesús prometió: «¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él?» (Lucas 11:13). 4. Permanece en la Palabra. El Espíritu habla a través de las Escrituras que Él mismo inspiró. 5. Obedece. Dios da su Espíritu «a los que le obedecen» (Hechos 5:32). 6. Adora y da gracias. Como en Antioquía y en Efesios 5, la alabanza abre espacio a la presencia de Dios. 7. Busca la comunión. Pentecostés ocurrió cuando estaban «todos unánimes juntos». 8. Sirve. El Espíritu nos llena para que fluyamos hacia otros.
Distintas tradiciones, un mismo Espíritu
Los cristianos entienden de maneras diversas algunos aspectos de la obra del Espíritu. Las iglesias pentecostales y carismáticas hablan de un «bautismo en el Espíritu Santo» como experiencia posterior a la conversión, a menudo acompañada del don de lenguas. Las tradiciones católica y ortodoxa vinculan el don del Espíritu al bautismo y a la confirmación o crismación. Muchas iglesias evangélicas y reformadas enseñan que todo creyente recibe el Espíritu al creer, y que debe buscar ser lleno de Él continuamente. Más allá de estas diferencias, todas reconocen que sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana auténtica. Lee Ecumenismo.
Oración
Espíritu Santo, hoy te hablo a ti. Perdóname, porque tantas veces he vivido como si no estuvieras, como si la fe dependiera de mi esfuerzo. Te he entristecido con mi pecado y te he apagado con mi prisa y mi indiferencia. Y aun así no te has ido. Ven. Ven como viento, y llévate lo que está muerto en mí. Ven como fuego, y quema lo que no es de Dios. Ven como agua, porque estoy seco. Ven como paloma, y posa sobre mí la paz. Te entrego el timón que tanto me cuesta soltar. Lléname, no para sentir algo, sino para parecerme a Jesús. Que de mi interior corran ríos de agua viva hacia quienes tienen sed a mi alrededor. Dame tus dones para servir, y tu fruto para amar. Apártame para Dios, entero, sin reservas. Y enséñame a escuchar tu voz suave en medio de tanto ruido. Ven, Espíritu Santo. Aquí tienes tu casa. Amén.