«Mi Dios suplirá todo lo que os falta»
«Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19). Esta promesa ha sostenido a millones de creyentes en momentos de escasez: cuando el dinero no alcanza para el arriendo, cuando falta trabajo, cuando la salud se quiebra o cuando el corazón está vacío. Pero ¿qué significa exactamente? ¿Promete Dios darnos todo lo que queremos? ¿Por qué hay creyentes que pasan necesidad? En este artículo veremos el contexto de la promesa, la diferencia entre necesidades y deseos, cómo Dios ha provisto a su pueblo a lo largo de la Biblia, qué papel tenemos nosotros y cómo confiar en su provisión cuando la necesidad aprieta.
El contexto de la promesa
Pablo escribió esta frase desde la cárcel a la iglesia de Filipos, una comunidad que no era rica. Aun así, los filipenses le habían enviado una ofrenda para sostenerlo en su necesidad, y no era la primera vez. Pablo describe su donativo como «olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios» (Filipenses 4:18). Inmediatamente después viene la promesa: «Mi Dios, pues, suplirá…». Es decir, el Dios que vio la generosidad de los filipenses se encargaría de suplir sus propias necesidades. La promesa nace en un contexto de generosidad, de confianza y de comunión.
Fíjate también en la expresión «mi Dios». Pablo no habla de un Dios lejano o teórico, sino del Dios que él mismo había experimentado como fiel en cárceles, naufragios y hambre. Y la medida de la provisión no es nuestra pobreza, sino «sus riquezas en gloria». Dios no da conforme a lo poco que tenemos, sino conforme a lo mucho que Él es.
Necesidades, no caprichos
La promesa habla de «todo lo que os falta», es decir, de nuestras necesidades, no de todos nuestros deseos. Dios sabe mejor que nosotros lo que realmente necesitamos. A veces pedimos cosas que no nos convienen, y su «no» es también una forma de amor. Santiago advierte: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Santiago 4:3). Por eso hay que tener cuidado con los mensajes que prometen riqueza material segura a cambio de fe o de ofrendas. La Biblia promete provisión, no lujo; contentamiento, no acumulación. El mismo Pablo que escribió Filipenses 4:19 había escrito poco antes que sabía «tener hambre» y «padecer necesidad» (Filipenses 4:12). Lee «He aprendido… todo lo puedo en Cristo».
Jehová proveerá
Uno de los primeros nombres de Dios en la Biblia está ligado a la provisión. Cuando Abraham subió al monte Moriah a ofrecer a Isaac, y Dios le proveyó un carnero en lugar de su hijo, Abraham llamó a aquel lugar «Jehová proveerá» (en hebreo, Jehová-jireh):
«Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.»
Génesis 22:14
Ese mismo monte, siglos después, sería el lugar donde Dios proveería el Cordero definitivo: su Hijo Jesucristo. La mayor provisión de Dios no es material, sino espiritual: la salvación. Pablo razona: «El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32). Lee la historia de Abraham.
El maná de cada día
Durante cuarenta años en el desierto, Dios alimentó a Israel con maná, un pan que caía del cielo cada mañana (Éxodo 16). Había una regla: cada uno debía recoger lo necesario para ese día, y no guardar para el siguiente, salvo antes del sábado. Los que intentaban acumular encontraban el maná podrido. Dios quería enseñarles a confiar en Él día a día. Por eso Jesús nos enseñó a orar: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6:11). La provisión de Dios suele llegar así: no todo de una vez, sino a tiempo y en la medida justa.
Elías, los cuervos y la viuda
En tiempos de sequía y hambre, Dios envió a Elías junto al arroyo de Querit, y le mandó cuervos que le llevaban pan y carne mañana y tarde (1 Reyes 17:4-6). Cuando el arroyo se secó, Dios lo envió a Sarepta, a casa de una viuda que solo tenía un puñado de harina y un poco de aceite, y que se preparaba para comerlo con su hijo y luego morir. Elías le pidió que primero le diera de comer a él, con una promesa de Dios. Ella obedeció, y «la tinaja de la harina no escaseó, ni se disminuyó la botija del aceite» durante todo el tiempo de la sequía (1 Reyes 17:16). Dios proveyó de maneras inesperadas, a través de aves y de una viuda pobre, y bendijo la generosidad de quien dio de lo poco que tenía. Lee la historia de Elías.
Buscad primeramente el reino
Jesús dedicó una parte importante del Sermón del Monte a la ansiedad por las necesidades materiales. Habló de las aves que no siembran y el Padre las alimenta, de los lirios que no trabajan y están mejor vestidos que Salomón. Y concluyó:
«No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.»
Mateo 6:31-33
El orden es importante: primero el reino de Dios, después «todas estas cosas». Cuando Dios ocupa el primer lugar, nuestras prioridades se ordenan, nuestra ansiedad disminuye y aprendemos a confiar en un Padre que sabe lo que necesitamos.
No solo pan
Nuestras necesidades no son solo materiales. Necesitamos perdón, paz, fuerza, sabiduría, compañía, esperanza, sanidad del corazón. Dios también suple esas necesidades. «Jehová es mi pastor; nada me faltará» (Salmo 23:1): el pastor da pastos y aguas, pero también descanso, dirección, consuelo en el valle de sombra de muerte y una mesa en presencia de los enemigos. A la mujer samaritana, Jesús le ofreció un agua que saciaría su sed más profunda (Juan 4:14). A Pablo, en su debilidad, Dios le suplió gracia: «Bástate mi gracia» (2 Corintios 12:9). Lee Cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Nuestra parte: trabajo, sabiduría y generosidad
Confiar en la provisión de Dios no significa quedarse de brazos cruzados. La Biblia valora el trabajo honrado: Pablo trabajaba con sus manos y enseñaba que «si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). Proverbios elogia la diligencia y la previsión de la hormiga (Proverbios 6:6-8). También es sabio administrar bien, evitar deudas innecesarias y planificar. Lee El Señor y el dinero.
Y muchas veces Dios suple las necesidades de unos a través de la generosidad de otros. Así lo hizo con Pablo por medio de los filipenses. En la Iglesia primitiva, «no había entre ellos ningún necesitado», porque compartían lo que tenían (Hechos 4:34). Pablo promete a los generosos: «poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8). Pedir ayuda cuando la necesitamos no es falta de fe, y dar cuando podemos es ser instrumento de la provisión de Dios.
Cuando la necesidad persiste
¿Y si oramos y la necesidad sigue? Es una pregunta honesta. La Biblia no esconde que los creyentes pasan por escasez: Pablo tuvo hambre y frío. Dios no siempre responde en el momento ni de la forma que esperamos, pero nunca abandona. David escribió en su vejez: «Mozo fuí, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan» (Salmo 37:25). Mientras esperas, sigue orando, busca ayuda práctica en tu iglesia y en tu comunidad, toca puertas, y recuerda que tu valor no depende de tu situación económica. Si la angustia por las deudas o la falta de recursos te supera, habla con alguien de confianza; y si llegas a pensar en hacerte daño, llama al 123 en Colombia o al número de emergencias de tu país. Lee Qué dice la Biblia sobre las tribulaciones.
«Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien.»
Salmo 34:10
Muchas familias pueden contar historias de provisión: un trabajo que llegó en el momento justo, una ayuda inesperada de un vecino, una deuda que se resolvió, una puerta que se abrió. Anota las tuyas: recordarlas fortalece la fe para la próxima necesidad.
Dios no ha cambiado: el que proveyó ayer, proveerá también mañana.
Oración
Padre, tú sabes lo que me falta antes de que yo abra la boca. Aun así quiero decírtelo, porque decírtelo me descansa: no me alcanza, tengo miedo, no sé cómo voy a resolver esto. Tú ves la cuenta, la mesa, la preocupación que disimulo delante de los míos. No vengo a pedirte lujos; vengo a pedirte el pan de hoy y un corazón tranquilo. Tú mandaste cuervos a Elías y no dejaste vacía la tinaja de una viuda. Ven, Espíritu Santo, y líbrame de la ansiedad que me roba el sueño y de la desconfianza que me hace dudar de tu bondad. Enséñame a buscar primero tu reino. Abre puertas de trabajo honrado, dame sabiduría con lo poco y un corazón que todavía sepa compartir. Y recuérdame que ya me diste lo más grande: a tu Hijo. Quien me dio a Jesús no me va a abandonar ahora. Jehová proveerá. Confío en ti, Padre. Amén.